Hay días en que no quiero levantarme,
hay momentos en que me pregunto:
¿qué estoy haciendo?
Hay meses en que no hago nada que me guste,
dejo mis hobbies de lado
y no hago nada más que vivir.
¿Vivir?
¿Esto es la vida?
¿Acaso la vida que me prometieron es esto?
¿Una rutina hasta que me levante más,
hasta que el cansancio me haga olvidar
qué era lo que quería?
Yo sé que ahora
todo parece obligado.
Estoy obligado a cumplir,
a seguir,
a caminar aunque no quiera.
Pero dejarlo todo y partir
es un sueño dulce.
Un postre siempre viene después
de la entrada y del plato principal,
y cada uno decide
cuánto demorarse en cada plato.
Quizás la vida sea eso:
una mesa llena de sabores,
algunos amargos,
otros difíciles de tragar.
Pero sé que llegará mi postre.
Y cuando llegue,
no pienso apurarme.
Disfrutaré mi postre
todo lo que pueda.