Llevo un manto encima mío,
Que me aplasta
Me sofoca
Que me ciega
Y me enmudece.
Este manto está impregnado
Cosido a mí con los hilos más fuertes
Quiero romperlo,
Librarme de él.
A nadie le gusta mi manto
Todos lo miran
Todos lo tocan
Todos intentan arreglarlo.
Mi manto no sirve, ni es bonito,
Pero no me puedo deshacer de él,
Porque no tengo nada más,
Porque tengo la esperanza
De que pueda cambiar.
Yo corto mi manto,
Lo cepillo y lo plancho,
Mas se vuelve más pesado,
No me permite ver mi reflejo
O levantarme para ir al colegio.
Es parte de mí,
No lo puedo cambiar,
Pero igual me lo quiero arrancar,
No me importa sangrar,
Solo me quiero liberar.
Mi manto me consume
Cada día más y más
Creo que comienzo a desaparecer
Parece que ya nadie me puede ver.
Mi manto no causa gracia
No importa su color
Tamaño u olor
Todos solo ven
Ese hilo que se escapó
Que trata de huir como yo
Pero está amarrado
No hay salida
No hay escape.
Mi manto es un bucle sin fin
Que drena mi alma
La asfixia y la aprieta.
Mi manto me cierra toda puerta
Me arrastra al espejo
Pero no me veo
Solo veo el manto,
Gigante y deshilachado,
Imperfecto y negro.
Ya no soy yo, soy un manto,
Defectuoso e inservible.
Eso es lo único que ven,
No el maquillaje
que tarde horas en hacer.
Eso es lo único que ven,
No la ropa que cambié diez veces.
Eso es lo único que ven,
No los aretes que escogí con cuidado.
Eso es lo único que ven,
No las horas que pasé frente al tocador.
Si solo ven mi manto,
¿De qué sirve esforzarme?
¿De qué sirve ser yo?
¿De qué sirve salir?
Al final, mi manto me cubre,
Me hace diminuto,
Me hace invisible,
Se apropia de mí.
Ya no me sirve luchar
Me encojo
Dejo que me absorba
Dejo que me abrigue
Y se fusione con mi piel
Hasta desaparecer.