Acá voy hora veinte en el transporte y esto no dejó de crecer. No típico. Sigue.
El lugar donde todavía te espero
Todos preguntan qué se siente
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Pensamiento
Acá voy hora veinte en el transporte y esto no dejó de crecer. No típico. Sigue.
Contenido de la publicación
Todos preguntan qué se siente
después de que te fuiste.
Y yo, cobarde ante la verdad,
respondo que estoy bien.
Qué palabra tan pequeña
para esconder un naufragio.
Digo que estoy bien
mientras algo dentro de mí se asfixia,
mientras camino por las calles
con la extraña sensación
de haber perdido el norte
y también la brújula.
Desde que te fuiste,
el mundo continúa con su indiferencia:
amanece, la gente ríe,
los días se suceden unos a otros,
pero yo permanezco suspendido
en el instante exacto
en que dejaste de estar.
A veces tengo que salir de casa,
huir de esas paredes
que conocen demasiado de nosotros,
buscar en el aire una tregua
cuando mi propia mente
se convierte en un lugar inhabitable.
Camino.
Respiro.
Y entonces sucede…
unas gotas descienden por mi rostro,
silenciosas,
como si hasta mis lágrimas
tuvieran miedo de pronunciar tu nombre.
No sé si es tristeza,
nostalgia,
o simplemente el amor
negándose a aceptar su derrota.
Sé que esto también pasará.
Eso dicen.
Que el tiempo acomoda las ruinas,
que la distancia cicatriza las heridas,
que un día uno aprende
a pronunciar el nombre de quien amó
sin sentir que el corazón
se parte nuevamente.
Pero hay algo que todavía no comprendo:
¿cómo se despide uno
de aquello que todavía ama?
¿En qué momento
se convierte un “para siempre”
en un “fue hermoso mientras duró”?
No lo sé.
Y quizá esa sea mi tragedia:
que todavía no he aprendido
a despedirme de ti.
Porque si la vida me hubiese concedido
todo aquello que alguna vez soñé,
no te habría dejado marchar.
Te habría dicho:
quédate.
Habríamos construido un hogar
en algún rincón del mundo,
viajado sin mapas,
despertado en ciudades desconocidas,
coleccionado amaneceres
y envejecido lentamente
con la certeza de habernos elegido.
Si hubiese tenido el mundo entre mis manos,
te lo habría entregado entero.
Pero hoy solo tengo pensamientos,
esos fragmentos de futuro
que mi imaginación se empeña en construir
aunque la realidad los haya condenado
a permanecer suspendidos en el vacío.
Y no sé si algún día sucederán.
Tal vez la vida nos vuelva a encontrar.
Tal vez nos convierta en dos extraños
que alguna vez supieron amarse.
Tal vez tú encuentres otro horizonte
y yo tenga que aprender
a contemplar el mío sin ti.
No lo sé.
Lo único que sé
es que todavía existes
en lugares de mí
donde nadie más ha conseguido entrar.
En mis silencios.
En mis noches.
En las canciones que evito escuchar.
En los lugares que ya no visito.
En cada futuro que alguna vez imaginé contigo.
Porque fuimos eso:
dos almas incomprendidas,
intentando comprenderse
sin habernos comprendido primero a nosotros mismos.
Dos seres que, en algún punto del camino,
perdieron el rumbo de sus sentimientos
y confundieron el norte de sus propias vidas.
Quizá por eso llegó tan pronto el adiós.
Quizá no fue falta de amor,
sino exceso de heridas
que ninguno de los dos supo nombrar.
Quizá lo quimérico que imaginamos
tenía que ser distinto;
quizá el destino escribió
con una tinta que nosotros
todavía no sabíamos leer.
Pero cuando la nostalgia te visite,
cuando una canción, un lugar
o una noche cualquiera
te devuelva el eco de nuestros días,
espero que encuentres en nosotros
una sonrisa y no una herida.
Que recuerdes lo hermoso
antes que lo doloroso.
Que en las lagunas que alguna vez existieron en ti
no permanezca el vacío,
sino un océano de recuerdos asombrosos:
los instantes que nos hicieron reír,
las conversaciones que parecían eternas,
los abrazos que detuvieron el tiempo,
las miradas que dijeron
lo que jamás alcanzamos a pronunciar.
Que aquellos momentos inolvidables
permanezcan como pequeñas constelaciones
en la memoria de nuestras vidas,
nacidas de las prosas imperfectas
que escribimos juntos
sin saber que algún día
serían nuestra historia.
Dicen que las musas inspiran al poeta.
La mía, en cambio,
se convirtió en herida.
Y mientras intento escribirte
para arrancarte de mi pecho,
termino haciendo exactamente lo contrario:
te vuelvo inmortal
en cada palabra.
Quizá por eso mi mente
se ha convertido en mi peor enemigo.
Porque mi corazón sabe que debo soltarte,
pero mi memoria insiste en devolverte.
Y entre ambos
me encuentro yo:
perdido,
desorientado,
caminando sin horizonte,
aprendiendo lentamente
que algunas personas no se olvidan…
solo se aprende
a vivir con el vacío
que dejaron cuando se fueron.
Pero escucha bien esto,
porque quizá sea lo único
que todavía quiero decirte:
esto no es un adiós.
No quiero llamarlo despedida.
Porque despedirse sería aceptar
que todo cuanto fuimos
terminó en este instante.
Y yo me niego a reducir
nuestra historia
a una última página.
Quizá este sea solamente
el capítulo que la vida necesitaba escribir
para enseñarnos a encontrarnos
primero con nosotros mismos.
Quizá tengamos que perdernos
para comprender hacia dónde volver.
Quizá debamos caminar
por universos distintos,
vivir otras vidas,
conocer otras almas,
aprender de otras heridas
y descubrir quiénes somos
cuando ya no nos tenemos.
Y entonces, algún día,
cuando el tiempo haya hecho su trabajo
y nuestras almas hayan aprendido
aquello que hoy todavía ignoran…
tal vez el universo,
caprichoso y eterno,
vuelva a cruzar nuestros caminos.
Tal vez no.
Pero si ocurre,
espero encontrarte distinta,
y que tú me encuentres diferente.
No para repetir nuestra historia,
sino para escribirla de nuevo
con las manos que antes nos faltaron.
Y si el destino decide
que nuestros caminos jamás vuelvan a tocarse,
entonces que al menos nos quede
la certeza de haber sido reales.
De habernos amado
con todas nuestras imperfecciones.
De habernos encontrado
en medio de millones de vidas.
Porque algunas historias
no terminan cuando las personas se separan.
Algunas simplemente
dejan de escribirse por un tiempo.
Y la nuestra…
la nuestra todavía no sé cómo termina.
Así que no, amor:
esto no es un adiós.
Es solo una pausa.
Una página en blanco.
Un silencio entre dos versos.
Hasta que, en algún lugar,
en algún tiempo,
en algún universo distinto,
nuestras almas vuelvan a cruzarse.
Thoughts
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Permalink¿Cuánto tiempo tarda en escribirse algo así? Pregunto porque esto se mide en cosas que ya pasaron, no en fila.
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PermalinkLlegué dos capítulos tarde a esta historia pero entiendo todo de todas formas. Eso dice mucho.
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PermalinkAcá voy hora veinte en el transporte y esto no dejó de crecer. No típico. Sigue.
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Permalink¿Alguien que conoces está viviendo esto ahora, o lo escribiste desde hace tiempo? Pregunto porque mi abuela dijo que suena a algo que se carga años.
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PermalinkEn mis silencios. En mis noches. Voy a guardar este también, doblado en el bolsillo junto a los otros.
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PermalinkLlegué al final y no pude dejarlo. Eso para mí es todo lo que necesito saber.
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PermalinkA qué hora escribiste esto? Parece algo que se escribe en la madrugada, cuando todo se siente eterno y al mismo tiempo frágil.
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PermalinkLa parte de 'es solo una pausa' es donde tendrías que haber parado. Es el final que necesitaba leer.
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