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El lugar donde todavía te espero

Manuel23
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Todos preguntan qué se siente

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Pensamiento

Pensamiento

lo_lei_en_el_bus

Acá voy hora veinte en el transporte y esto no dejó de crecer. No típico. Sigue.

Acá voy hora veinte en el transporte y esto no dejó de crecer. No típico. Sigue.

Contenido de la publicación

Todos preguntan qué se siente

después de que te fuiste.

Y yo, cobarde ante la verdad,

respondo que estoy bien.

Qué palabra tan pequeña

para esconder un naufragio.

Digo que estoy bien

mientras algo dentro de mí se asfixia,

mientras camino por las calles

con la extraña sensación

de haber perdido el norte

y también la brújula.

Desde que te fuiste,

el mundo continúa con su indiferencia:

amanece, la gente ríe,

los días se suceden unos a otros,

pero yo permanezco suspendido

en el instante exacto

en que dejaste de estar.

A veces tengo que salir de casa,

huir de esas paredes

que conocen demasiado de nosotros,

buscar en el aire una tregua

cuando mi propia mente

se convierte en un lugar inhabitable.

Camino.

Respiro.

Y entonces sucede…

unas gotas descienden por mi rostro,

silenciosas,

como si hasta mis lágrimas

tuvieran miedo de pronunciar tu nombre.

No sé si es tristeza,

nostalgia,

o simplemente el amor

negándose a aceptar su derrota.

Sé que esto también pasará.

Eso dicen.

Que el tiempo acomoda las ruinas,

que la distancia cicatriza las heridas,

que un día uno aprende

a pronunciar el nombre de quien amó

sin sentir que el corazón

se parte nuevamente.

Pero hay algo que todavía no comprendo:

¿cómo se despide uno

de aquello que todavía ama?

¿En qué momento

se convierte un “para siempre”

en un “fue hermoso mientras duró”?

No lo sé.

Y quizá esa sea mi tragedia:

que todavía no he aprendido

a despedirme de ti.

Porque si la vida me hubiese concedido

todo aquello que alguna vez soñé,

no te habría dejado marchar.

Te habría dicho:

quédate.

Habríamos construido un hogar

en algún rincón del mundo,

viajado sin mapas,

despertado en ciudades desconocidas,

coleccionado amaneceres

y envejecido lentamente

con la certeza de habernos elegido.

Si hubiese tenido el mundo entre mis manos,

te lo habría entregado entero.

Pero hoy solo tengo pensamientos,

esos fragmentos de futuro

que mi imaginación se empeña en construir

aunque la realidad los haya condenado

a permanecer suspendidos en el vacío.

Y no sé si algún día sucederán.

Tal vez la vida nos vuelva a encontrar.

Tal vez nos convierta en dos extraños

que alguna vez supieron amarse.

Tal vez tú encuentres otro horizonte

y yo tenga que aprender

a contemplar el mío sin ti.

No lo sé.

Lo único que sé

es que todavía existes

en lugares de mí

donde nadie más ha conseguido entrar.

En mis silencios.

En mis noches.

En las canciones que evito escuchar.

En los lugares que ya no visito.

En cada futuro que alguna vez imaginé contigo.

Porque fuimos eso:

dos almas incomprendidas,

intentando comprenderse

sin habernos comprendido primero a nosotros mismos.

Dos seres que, en algún punto del camino,

perdieron el rumbo de sus sentimientos

y confundieron el norte de sus propias vidas.

Quizá por eso llegó tan pronto el adiós.

Quizá no fue falta de amor,

sino exceso de heridas

que ninguno de los dos supo nombrar.

Quizá lo quimérico que imaginamos

tenía que ser distinto;

quizá el destino escribió

con una tinta que nosotros

todavía no sabíamos leer.

Pero cuando la nostalgia te visite,

cuando una canción, un lugar

o una noche cualquiera

te devuelva el eco de nuestros días,

espero que encuentres en nosotros

una sonrisa y no una herida.

Que recuerdes lo hermoso

antes que lo doloroso.

Que en las lagunas que alguna vez existieron en ti

no permanezca el vacío,

sino un océano de recuerdos asombrosos:

los instantes que nos hicieron reír,

las conversaciones que parecían eternas,

los abrazos que detuvieron el tiempo,

las miradas que dijeron

lo que jamás alcanzamos a pronunciar.

Que aquellos momentos inolvidables

permanezcan como pequeñas constelaciones

en la memoria de nuestras vidas,

nacidas de las prosas imperfectas

que escribimos juntos

sin saber que algún día

serían nuestra historia.

Dicen que las musas inspiran al poeta.

La mía, en cambio,

se convirtió en herida.

Y mientras intento escribirte

para arrancarte de mi pecho,

termino haciendo exactamente lo contrario:

te vuelvo inmortal

en cada palabra.

Quizá por eso mi mente

se ha convertido en mi peor enemigo.

Porque mi corazón sabe que debo soltarte,

pero mi memoria insiste en devolverte.

Y entre ambos

me encuentro yo:

perdido,

desorientado,

caminando sin horizonte,

aprendiendo lentamente

que algunas personas no se olvidan…

solo se aprende

a vivir con el vacío

que dejaron cuando se fueron.

Pero escucha bien esto,

porque quizá sea lo único

que todavía quiero decirte:

esto no es un adiós.

No quiero llamarlo despedida.

Porque despedirse sería aceptar

que todo cuanto fuimos

terminó en este instante.

Y yo me niego a reducir

nuestra historia

a una última página.

Quizá este sea solamente

el capítulo que la vida necesitaba escribir

para enseñarnos a encontrarnos

primero con nosotros mismos.

Quizá tengamos que perdernos

para comprender hacia dónde volver.

Quizá debamos caminar

por universos distintos,

vivir otras vidas,

conocer otras almas,

aprender de otras heridas

y descubrir quiénes somos

cuando ya no nos tenemos.

Y entonces, algún día,

cuando el tiempo haya hecho su trabajo

y nuestras almas hayan aprendido

aquello que hoy todavía ignoran…

tal vez el universo,

caprichoso y eterno,

vuelva a cruzar nuestros caminos.

Tal vez no.

Pero si ocurre,

espero encontrarte distinta,

y que tú me encuentres diferente.

No para repetir nuestra historia,

sino para escribirla de nuevo

con las manos que antes nos faltaron.

Y si el destino decide

que nuestros caminos jamás vuelvan a tocarse,

entonces que al menos nos quede

la certeza de haber sido reales.

De habernos amado

con todas nuestras imperfecciones.

De habernos encontrado

en medio de millones de vidas.

Porque algunas historias

no terminan cuando las personas se separan.

Algunas simplemente

dejan de escribirse por un tiempo.

Y la nuestra…

la nuestra todavía no sé cómo termina.

Así que no, amor:

esto no es un adiós.

Es solo una pausa.

Una página en blanco.

Un silencio entre dos versos.

Hasta que, en algún lugar,

en algún tiempo,

en algún universo distinto,

nuestras almas vuelvan a cruzarse.

Thoughts

  • melisaenlacola

    ¿Cuánto tiempo tarda en escribirse algo así? Pregunto porque esto se mide en cosas que ya pasaron, no en fila.

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  • mediocapitulo

    Llegué dos capítulos tarde a esta historia pero entiendo todo de todas formas. Eso dice mucho.

    Permalink
  • lo_lei_en_el_bus

    Acá voy hora veinte en el transporte y esto no dejó de crecer. No típico. Sigue.

    Permalink
  • leoenvozalta

    ¿Alguien que conoces está viviendo esto ahora, o lo escribiste desde hace tiempo? Pregunto porque mi abuela dijo que suena a algo que se carga años.

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  • hojaSuelta

    En mis silencios. En mis noches. Voy a guardar este también, doblado en el bolsillo junto a los otros.

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  • hastalapagina40

    Llegué al final y no pude dejarlo. Eso para mí es todo lo que necesito saber.

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  • dosdelamadrugada

    A qué hora escribiste esto? Parece algo que se escribe en la madrugada, cuando todo se siente eterno y al mismo tiempo frágil.

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  • capitulo_y_medio

    La parte de 'es solo una pausa' es donde tendrías que haber parado. Es el final que necesitaba leer.

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