El Diario de Vica Morlon
Por: Anita Torres
—Todos sabían que el mundo iba a acabar tal y como lo conocíamos, pero nadie pensaba qué ocurriría en aquella catástrofe.—
Año 5,000,002,020 (6 años antes del fin del sol) - Alguna parte del mundo.
En el pasado, los países del mundo eran regidos por ideologías políticas; ahora, ya no existen, y tampoco los países. Todo se derrumbó…. El “planeta Tierra” y sus habitantes, después de vivir años bajo el mando opresor de los líderes supremos, comenzaron la revolución, la guerra más larga que había presenciado la historia. Lo que inició como un liderazgo hacia la libertad, terminó estallando en lo que todo humano teme y ha oído en historias ficticias, pero en la realidad, preferirían morir que vivir en tal miseria. Si tienen la oportunidad de marcharse, háganlo, pues no querrán escuchar los acontecimientos que contaré en este diario. Mi nombre es Vica Morlon y, antes de continuar, sepan algo… No son bienvenidos, son presas en este mundo… y buena suerte intentando escapar de él.
Todo inició en el año 5,000,001,582, con una persona, 006, la mente desquiciada que implantó la idea a los moranios (humanos) de acabar con los líderes supremos. Los engañó con falsas promesas de una anarquía que nos llevaría a la gloria, pero lo que él llamaba gloria era el infierno en la tierra. Lo que empezó hace cuatro siglos se le conoce como “La Falsa Anarquía”, aquella chispa de esperanza, hoy convertida en el fuego yacente que nos consume mientras el cielo se torna rojo y la sangre corre por las ruinas de lo que antes era nuestro hogar.
Mi abuela solía decir que el verdadero ser de una persona se revela ante las circunstancias de la vida, pero si la circunstancia es el poder, es preferible quitarse la vida con honor antes que sucumbir y acabar en desgracia. Ojalá 006 hubiese decidido la primera, así no estaríamos muriendo en vida.
He pasado toda mi vida lidiando con los monstruos que acechan este mundo, demonios con cuerpo humano, pero desalmados hasta los huesos; aunque, en un mundo distópico, es difícil descubrir un mínimo indicio de humanidad. Los que habitan aquí ya no pueden ser llamados humanos, no recuerdan su pasado, nadie lo ha hecho, fue un lavado de cerebro sin precedente. Uno pensaría que, a pesar de las dificultades, la raza humana seguiría teniendo empatía, pero cada día me doy cuenta de que no importa quién seas ni qué relación interpersonal compartas, los humanos somos egoístas e inmisericordiosos.
Y es por eso que nadie tiene familia, y si la tenían, no la recuerdan, porque, claro: “¿Por qué preocuparse por los demás, si puedes tenerlo todo para ti solo?”. Y es evidente que en un mundo donde la comida y el agua se han vuelto tan escasos, se infunde la idea de acabar con los que entorpecen el camino que lleva a ellos. Y 006 se encargó de dejar esto muy claro.
En el año 5,000,001,582, 006 no usó armas para acabar con nosotros el primer año que subió al poder; usó un papel, uno que significaba el inicio del fin de nuestras vidas: el Decreto del Orden Anárquico. Nos manipuló, nos dijo que por fin éramos libres, pero no era más que la mentira de una víbora escupiendo veneno. Nos permitió liquidarnos unos a otros por una deuda o una hogaza de pan; las casas se convirtieron en mataderos.
Aún recuerdo a aquellos ancianos que relataban cómo el hambre y la necesidad se volvían las únicas leyes. En este lugar, no importaba si eras un niño o un hombre con fuerza descomunal; según el decreto, si poseían algo que otro quería, tu vida valía menos que ese mero objeto. Ese fue el año en que el libre albedrío se convirtió en nuestra soga al cuello, matándonos a todos, lentamente.
A.T.L.A.S