Lo de encintarles el hocico es lo que más pesa del texto: quien hace eso sabe que el grito molesta y prefiere no oírlo. Se nota que todo lo que escribiste va en sentido contrario, para que ese grito sí se oiga, el de ellos y el tuyo también. Gracias por ponerlo aquí, con el título que tiene.
El día que el miedo tuvo mi rostro
Pensamiento
Lo de encintarles el hocico es lo que más pesa del texto: quien hace eso sabe que el grito molesta y prefiere no oírlo. Se nota que todo lo que escribiste va en sentido contrario, para que ese grito sí se oiga, el de ellos y el tuyo también. Gracias por p
Contenido de la publicación
No poder hacer nada.
Solo mirar, con el cuerpo paralizado y el corazón suplicando huir. Tenía miedo de convertirme en aquel animal, de sentir la soga apretándose alrededor de mi cuello mientras mi cuerpo era arrastrado sobre el suelo duro y frío, sin que nadie se apiadara de mí. Tenía miedo de terminar bajo la furia de aquel HOMBRE, de descubrir cuánto dolor podía soportar un cuerpo antes de rendirse.
Yo quería que el animal muriera, pero no así. No en sus manos. Quería que se fuera en paz, sin golpes, sin miedo, sin tener que luchar por una vida que alguien había convertido en un infierno. Quería que, al menos en sus últimos instantes, dejara de sufrir.
Pero aquel HOMBRE les encintaba el hocico para ahogar sus gritos, como si también quisiera arrebatarles el derecho a pedir ayuda. Y cuando vi aquello, algo dentro de mí se rompió.
Lloré. Grité. Supliqué tantas veces que perdí la cuenta. Le pedí por favor que se detuviera, que no les hiciera más daño, que tuviera un poco de piedad. Mi voz se deshacía entre los sollozos, pero a nadie le importó. Para ellos, mi dolor era una molestia.
Me llamaron estúpida por llorar. Me empujaron. Me golpearon.
Y mientras sentía el dolor extenderse por mi cuerpo, comprendí que ya no estaba mirando únicamente el sufrimiento de aquel animal. Ahora también estaba viviendo el mío. Yo, que tanto había temido acabar como él, no pude escapar de aquello que me perseguía incluso cuando cerraba los ojos.
Al final, no pude hacer nada.
No pude salvarlo. No pude detenerlos. Ni siquiera pude protegerme a mí misma.
Y quizá eso fue lo que más me dolió: descubrir que podía gritar hasta quedarme sin voz, suplicar hasta quedarme sin fuerzas y llorar hasta no tener más lágrimas, y aun así, el mundo podía seguir destruyéndolo todo frente a mí.
Aquel día no solo vi sufrir a un animal.
Vi cómo el miedo que llevaba dentro se hacía realidad. Y, por primera vez, entendí que hay dolores que no terminan cuando cesan los golpes, porque algunos se quedan viviendo en ti, recordándote todo aquello que quisiste salvar y no pudiste.
Thoughts
-
PermalinkQuerer que se muera, pero en paz, lo entiende cualquiera que ha criado animales. Burlarse de eso es de quien nunca les dio de comer.
-
PermalinkLo de encintarles el hocico es lo que más pesa del texto: quien hace eso sabe que el grito molesta y prefiere no oírlo. Se nota que todo lo que escribiste va en sentido contrario, para que ese grito sí se oiga, el de ellos y el tuyo también. Gracias por ponerlo aquí, con el título que tiene.
-
PermalinkQue se burlaran de tu llanto me pareció lo más duro, porque llorar era lo único que se podía hacer ahí, y hasta eso te lo cobraron con empujones.
Publicaciones relacionadas
-
El becerro de oro, la infidelidad.
Moisés subió al monte Sinaí para recibir la Ley de Dios. Estuvo allí cuarenta días y cuarenta noches. En su ausencia, el pueblo se impacientó. Le pidieron a Aarón, el hermano de Moisés, que les…
-
El bien y el mal: ¿inventos humanos o algo más?
Creo que, de todo el ensayo, este ha sido el capítulo que se me ha hecho más difícil redactar.
-
UNA DEL TARADO
Nada quise, nada amé.
-
Un amor queremos buscar
Alexander se va, para su destino también encontrar.
-
El infinito YO
El «infinito yo » no es más que una mentira bien armada que suena bonita en la cabeza pero se deshace cuando la vives de verdad.
-
La raíz del dolor.— Parte 3.
¡Me duele!, ¡Me duele mucho!
-
Versos malintencionados
Sé lo que dirás, que yo no te cuidé, por culpa del trabajo el romance descuidé.
-
Seguir criando a hijos adultos. ¿Nuevo mandato?
Cuando el "nido vacío" no llega, o cuando se llena de nuevo debido a la precariedad del sistema actual, el hogar deja de ser un espacio de descanso para convertirse en un territorio de negociación…
No poder hacer nada.