Cuando el "nido vacío" no llega, o cuando se llena de nuevo debido a la precariedad del sistema actual, el hogar deja de ser un espacio de descanso para convertirse en un territorio de negociación constante, tensión y pérdida de privacidad. Sostener la estructura familiar con un hijo que ya tiene la madurez biológica de un adulto, pero que sigue habitando el rol de dependiente dentro de casa, genera una disonancia profunda. No estás lidiando con las pataletas de un niño; estás conviviendo con las frustraciones, los silencios pesados, los humores y las demandas de otra persona adulta.
Esta sobrecarga mental es el resultado de un sistema que asume que el bienestar emocional y material de las nuevas generaciones debe ser financiado por el desgaste y el sacrificio de sus madres.
Como madre de un hijo de 24 años que estudia pero se resiste a crecer y asumir las responsabilidades que implica la convivencia. Ya que su actitud permante de enojo y reclamo es hacia mi. En vez reconocer la frustracion de que sus proyectos no funcionaron como el esperaba y que el trabajo en estos tiempos requiere de gran cretividad. Pero no todo es cuestion de dinero, es muy doloroso verlo tan prepotente conmigo y no reconocer el afecto y el respeto que nuestra historia de vida merecen.