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El Conocimiento Debe Ser Patrimonio De La Humanidad Sin Excepciones

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Pensamiento

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De acuerdo con lo de las patentes, pero tus cuatro casos traen algo incómodo: el trigo de Borlaug lo pagó en buena parte la Fundación Rockefeller. Riqueza acumulada financiando conocimiento libre, cachái.

De acuerdo con lo de las patentes, pero tus cuatro casos traen algo incómodo: el trigo de Borlaug lo pagó en buena parte la Fundación Rockefeller. Riqueza acumulada financiando conocimiento libre, cachái.

Contenido de la publicación

El Conocimiento Debe Ser Patrimonio De La Humanidad Sin Excepciones.

Cuando esto ocurre se prioriza el beneficio común sobre el beneficio privado fortaleciendo la justicia y la equidad sobre la acumulación desmedida de riqueza principal factor de los problemas que aquejan a la humanidad.

Jonás Salk y la vacuna contra la poliomielitis (1955)

A mediados del siglo XX, la polio paralizaba o mataba a miles de niños cada año. El virólogo estadounidense Jonas Salk lideró el desarrollo de la primera vacuna eficaz, financiada en gran parte por donaciones públicas de millones de ciudadanos comunes a través de la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil.

Cuando la vacuna demostró ser un éxito rotundo el 12 de abril de 1955, un periodista le preguntó a Salk quién era el dueño de la patente. Su respuesta pasó a la historia: "Se podría decir que pertenece a la gente. No hay patente. ¿Se podría patentar el sol?".

El Proyecto Genoma Humano frente a la privatización de la vida (1990-2003)

En la década de 1990 comenzó una de las carreras científicas más tensas de la historia moderna: la secuenciación del mapa genético de la humanidad. Por un lado, estaba el consorcio público internacional Proyecto Genoma Humano (PGH), financiado por gobiernos y organizaciones benéficas. Por el otro, la empresa privada Celera Genomics, liderada por Craig Venter, cuyo objetivo era patentar los genes humanos para cobrar regalías a cualquiera que investigara enfermedades genéticas.

Para frenar la privatización del genoma, los científicos del consorcio público firmaron un acuerdo institucional radical, se comprometieron por ley a que cada secuencia genética descubierta debía publicarse en bases de datos abiertas en internet antes de 24 horas.

Al hacer los datos públicos de forma inmediata, legalmente se convertían en "estado del arte", lo que impedía que la empresa privada pudiera reclamar la "originalidad" necesaria para patentarlos. Esto salvó a la medicina moderna: hoy cualquier laboratorio del mundo puede analizar el ADN humano para buscar curas sin pagar rentas a una corporación.

Tim Berners-Lee y la World Wide Web (1993)

A principios de los años 90, el científico británico Tim Berners-Lee inventó el sistema de navegación por enlaces, las direcciones URL y el lenguaje HTML mientras trabajaba en el CERN (un laboratorio de investigación pública europeo). Él no inventó el internet físico, pero inventó la interfaz que nos permite usarlo hoy: la World Wide Web (WWW).

Otras empresas de la época (como Gopher) intentaron cobrar tarifas por el uso de protocolos de red similares. Berners-Lee presionó al CERN para que tomara una decisión institucional histórica: el 30 de abril de 1993, el CERN declaró que la tecnología de la Web se entregaba al dominio público, de forma completamente gratuita y libre de patentes para siempre.

Si Berners-Lee o el CERN hubieran decidido cobrar licencias por cada página web creada o por cada clic en un enlace, el internet se habría fragmentado en redes corporativas cerradas e incompatibles. La renuncia a la propiedad intelectual permitió la explosión global de la información y la democratización del conocimiento digital.

Norman Borlaug y la "Revolución Verde" pública (Décadas de 1940 a 1960)

Antes de que el mercado de las semillas agrícolas fuera monopolizado por transnacionales de la agroquímica, la mayor transformación agrícola de la historia se hizo desde instituciones públicas y sin fines de lucro. El genetista Norman Borlaug desarrolló variedades de trigo enano de alto rendimiento, resistentes a enfermedades, en laboratorios de investigación pública en México (que luego darían origen al CIMMYT).

Las semillas modificadas y las técnicas de cultivo se transfirieron de forma gratuita a los ministerios de agricultura de países en desarrollo como la India y Pakistán, que en ese momento enfrentaban hambrunas inminentes. Las semillas no estaban sujetas a contratos de propiedad intelectual que obligaran a los campesinos a pagar regalías anuales.

Se calcula que esta transferencia de conocimiento científico público salvó la vida de más de 1,000 millones de personas de morir por inanición estructural, un logro que le valió a Borlaug el Premio Nobel de la Paz en 1970

Estos hitos demuestran que cuando el conocimiento científico se libera de las trabas institucionales de las patentes:

1. La innovación se acelera: Cientos de laboratorios pueden construir sobre el descubrimiento original simultáneamente, en lugar de esperar 20 años a que caduque una patente.

2. Los costos se desploman: La tecnología se vuelve accesible para las poblaciones más vulnerables del planeta, cumpliendo verdaderamente su función de progreso y bienestar general.

Lo cual demuestra que cuando el conocimiento se socializa en lugar de acapararse para el lucro de unos pocos se gana en salud y bienestar para toda la sociedad y para que esto sea posible debe haber un Estado fuerte que regule la acumulación desmedida de riqueza.

Thoughts

  • preguntaAbierta

    Lo del genoma subido en menos de 24 horas para que nadie lo pudiera patentar me convenció. Me quedo pensando qué caso te haría dudar a ti, uno donde la patente sí hizo que algo existiera?

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  • lucha_de_clases_o

    De acuerdo con lo de las patentes, pero tus cuatro casos traen algo incómodo: el trigo de Borlaug lo pagó en buena parte la Fundación Rockefeller. Riqueza acumulada financiando conocimiento libre, cachái.

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