Ante el cosmos del universo observable, contemplo las estrellas y el infinito. Ahora, vuelvo mi mirada hacia mí mismo y reescribo mi propia historia.
En medio de la noche de la sociedad, como una hormiga ante un hormiguero, escalo una muralla que jamás podía ser vista. Borro líneas de mi historia —líneas que nunca pude escribir, trazadas en mi mente sin el consentimiento de mi propio ser.
Por primera vez, el lápiz que dicta mi vida y mis pensamientos se encuentra, por fin, en mis manos, curtidas por el conocimiento. No como una invitación a hacerlo todo; al contrario. Aún me veo limitado por las leyes que sostienen los pilares del mundo. Pero, por primera vez, puedo cultivar un pensamiento verdaderamente mío.
Soy consciente de que jamás encontraré la Verdad Absoluta en vida. Estoy destinado a buscar comprender el infinito con mi propia finitud.
Nacido del polvo cósmico, y al cosmos regresaré como polvo.