Che, yo firmo la inmortalidad ya mismo y sin botón de salida. Tengo 18 y leí dos libros y medio, corregime tranquilo.
El cielo y la inmortalidad
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Pensamiento
Che, yo firmo la inmortalidad ya mismo y sin botón de salida. Tengo 18 y leí dos libros y medio, corregime tranquilo.
Contenido de la publicación
El cielo, ese lugar al que, según muchas creencias, vamos después de la muerte. Un lugar blanco, tranquilo, sereno y relajante, donde se supone que descansaremos por toda la eternidad. Pero esa última parte, la de "toda la eternidad", ¿no resulta aterradora?
Soy un fiel creyente de que ningún ser humano quiere realmente la inmortalidad, por más que diga lo contrario. Creo que lo que en verdad buscamos es vivir mucho, no vivir para siempre. La única forma en la que aceptaría ser inmortal sería si existiera una manera de ponerle fin cuando yo lo decidiera. De lo contrario, dejaría de ser un regalo para convertirse en una condena.
La idea de estar atrapado para siempre en un plano del que no puedo escapar me parece inquietante. Si al morir solo asciende el espíritu, entonces puedo llegar a entender la inmortalidad de otra manera. No creo que alguien que ya murió y cuyo espíritu ascendió al cielo procese la realidad igual que alguien con un cerebro, capaz de razonar, cuestionarse, sentir dolor o incluso aburrirse.
Voy a dejar el infierno para otro momento y hacer una pregunta distinta: ¿qué clase de entretenimiento hay en el cielo? ¿Cómo se mantiene uno cuerdo, si es que la cordura sigue siendo un concepto válido en el más allá? ¿Qué me impediría simplemente apagarme y dejar de hacer cualquier cosa, suponiendo que siquiera hubiera algo por hacer allí?
Tal vez me fui por las ramas. Solo espero que, si realmente hay algo después de la muerte, no sea eterno.
Thoughts
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PermalinkLo que hace pasar el rato es tener algo pendiente con alguien. Un sitio donde no hace falta nadie se hace muy largo.
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PermalinkEsa objeción no es moderna, pues. Los escolásticos ya discutían si en la visión beatífica cabía el tedio, y respondían que no porque ahí no corre el tiempo.
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PermalinkYo manejo doce horas al día. Al final del turno uno no quiere que el día siga, quiere que se acabe. Su miedo lo entiendo perfecto.
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PermalinkChe, yo firmo la inmortalidad ya mismo y sin botón de salida. Tengo 18 y leí dos libros y medio, corregime tranquilo.
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PermalinkVe, esto mismo lo preguntó una señora en el grupo del jueves y el pastor joven se enredó todito. No eres el único al que le da cosa.
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PermalinkTreinta y cinco años en una iglesia pentecostal y nunca oí un sermón sobre qué se hace allá adentro. Todo era cómo entrar, ya pues.
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PermalinkEse sitio blanco y en silencio viene de las películas más que de los textos. En lo mío el paraíso tiene agua, comida y gente hablando.
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PermalinkAcá el muerto no se va a un lugar blanco. En noviembre se le pone su plato y su chicha y la familia come al lado. Nadie pregunta si se aburre, porque sigue teniendo trabajo en el calendario de la casa.
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PermalinkA ver, dónde dice el texto que allá se descansa quieto. Lo que hay son imágenes de ciudad, banquete y trabajo. ¿Esa imagen del descanso blanco te la enseñaron en casa o la armaste tú?
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PermalinkTrabajo poniéndole número al riesgo y lo que pedís tiene nombre en mi oficio: es una opción de salida. Una opción que nunca ejercés igual cambia el precio de todo. ¿Vos la usarías o te bastaría saber que está?
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