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El cansancio de necesitar certezas

sofia_2011

Contenido de la publicación

Hay días en los que mi cabeza

parece una habitación llena de puertas,

todas abiertas,

todas golpeándose con el viento,

y yo en el medio

sin saber cuál cerrar primero.

Pienso demasiado.

En lo que dije,

en lo que no dije,

en ese mensaje que tardó más de lo normal,

en una palabra que cambió de tono,

en una mirada que quizá no significaba nada

pero que mi cabeza convirtió en una despedida.

A veces quisiera tener

la tranquilidad de quien simplemente deja ir,

pero yo me aferro.

Me aferro a las personas,

a los recuerdos,

a las conversaciones,

a los pequeños gestos,

a cualquier señal que me haga pensar

que todavía estoy a salvo.

Porque hay una parte de mí

que siempre está esperando que alguien se vaya.

Y entonces quiero querer más fuerte,

estar más cerca,

ser suficiente,

no molestar,

no pedir demasiado,

no sentir demasiado.

Como si pudiera hacerme indispensable

antes de que alguien descubra

que también soy difícil de entender.

Y qué cansancio

tener que preguntarme constantemente

si todavía me quieren.

Qué cansancio necesitar certezas

para poder respirar tranquila.

Qué cansancio sentir que una pequeña distancia

puede convertirse en un abismo

antes siquiera de saber si existe.

La ansiedad no siempre grita.

A veces solamente

se sienta conmigo a las tres de la mañana

y empieza a contarme todas las cosas

que podrían salir mal.

Me roba el sueño,

me acelera el corazón,

me hace revisar pensamientos

que ya había revisado cien veces.

Y mientras todos duermen,

yo sigo intentando convencerme

de que mañana será más fácil.

Pero también existe esa otra parte de mí

que no quiere pensar,

que no quiere sentir,

que simplemente está cansada.

Cansada de intentar estar bien.

Cansada de fingir que algo no dolió.

Cansada de esconder las lágrimas

hasta encontrar un lugar donde nadie pueda verlas.

A veces las cosas que antes me hacían feliz

se sienten lejanas.

No porque haya dejado de quererlas,

sino porque hay días

en los que hasta disfrutar

parece requerir una energía

que ya no tengo.

Y entonces me pregunto

qué me pasó.

Dónde quedó esa versión de mí

que podía emocionarse por cualquier cosa,

que podía reírse sin pensar demasiado,

que encontraba refugio en una canción,

en un libro,

en una tarde cualquiera.

Quizás sigue ahí.

Quizás solamente está agotada.

Y hay algo que todavía no sé explicar:

puedo querer muchísimo a los demás

y aun así sentirme completamente sola.

Puedo estar rodeada de personas

y seguir sintiendo

que nadie escucha todo lo que ocurre

dentro de mi cabeza.

Porque no siempre necesito consejos.

A veces solo quisiera que alguien notara

que estoy haciendo un esfuerzo enorme

por parecer tranquila.

Que me mirara y dijera:

“No tenés que explicarlo todo.

Podés quedarte acá.

No tenés que ganarte mi cariño.”

Tal vez eso es lo que más me cuesta creer:

que alguien pueda quedarse

sin que yo tenga que convertirme

en una versión más fácil de querer.

Más divertida.

Más sociable.

Menos sensible.

Menos complicada.

Menos yo.

Porque durante mucho tiempo

confundí ser querida

con ser suficiente para que no me abandonaran.

Y estoy aprendiendo, despacio,

que quizá el amor no debería sentirse

como una prueba que tengo que aprobar todos los días.

Que sentir mucho

no me convierte en una carga.

Que tener miedo

no significa que el miedo tenga razón.

Que puedo necesitar a alguien

sin desaparecer dentro de esa necesidad.

Y que quizá sanar

no sea convertirme en una persona

que nunca tiembla.

Quizá sea aprender

que incluso cuando tiemblo,

sigo siendo yo.

La chica que siente demasiado,

la que piensa demasiado,

la que ama los pequeños refugios,

la que guarda palabras en poemas

porque a veces escribirlas

es la única forma de decirlas.

La chica que todavía está aprendiendo

a quedarse consigo misma

cuando tiene miedo de que los demás se vayan.

Y aunque hoy no sepa hacerlo perfectamente,

quizá algún día pueda mirarme

sin preguntarme qué me falta.

Solo pensar:

“Estoy acá.

Sigo siendo yo.

Y por primera vez,

eso también puede ser suficiente.”

Thoughts

  • hojaSuelta

    Una habitación llena de puertas golpeando y una sin saber cuál cerrar primero. Me suena a esos días con diez pendientes en que una no empieza ninguno.

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  • TintaYMadrugada

    Arriba pides que alguien te mire y te diga que puedes quedarte, y lo pones entre comillas como si fuera la voz de otra persona. Al final las comillas regresan, pero ahora quien habla es ella, para sí misma. Es casi la misma frase cambiada de boca, órale. Apuesto a que esa parte llegó otra noche, cuando ya no estabas esperando que te la dijera nadie más.

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  • pau_2vueltas

    El mensaje que tardó más de lo normal tiene pinta de ser el que arrancó todo esto, y lo demás fue saliendo después, de a poquito, en la misma noche.

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