El pollo con su traje impecable dando la vuelta en redondo para volver al mismo sitio, causa, ese soy yo cualquier lunes.
El bar de la hora sin quejas.
Pensamiento
El pollo con su traje impecable dando la vuelta en redondo para volver al mismo sitio, causa, ese soy yo cualquier lunes.
Contenido de la publicación
—Lo importante es mantenerse con calma.
Dijo el pollo mientras que la camarera le repetía
que a esa hora ya no eran válidas las quejas.
En el bar más temprano
hubo una disputa por la cintura de dos víboras,
y el mesero se metió a un rincón
presa de los ataques de nervios
que siempre le inspiraban ese aire religioso.
Al final de todo, si es o no un espacio libre de humo de tabaco
a los géiseres que llevan gastando desde temprano,
no les importó.
y por el momento todo ha transcurrido ameno
a pesar del lamento que cada espécimen consigo trajo.
Por ejemplo, se ven cazadores acongojados
por no haberse procurado ni siquiera un conejo,
y están los que se entristecen por todo,
hasta por lo ajeno, absorbiéndolo.
—Lo importante es mantenerse calmado—
reitera el pollo, que por cierto
está elegantemente vestido
y te preguntas para qué vestirse tan bien
si no tienes que estar en ningún lado,
si a lo sumo saldrás por ahí a dar una vuelta en redondo
y volverás exactamente al punto
desde donde has arrancado.
Igual, cada quien se gasta como quiere su dinero,
y según dicen el pollo es bastante trabajador
no como esos gansos presumidos,
ni como los cisnes riquillos.
En el bar hace un poco de frío
y el dragón al fondo, un taciturno delgado,
encargándose de eso
no por nadie más que por él mismo,
exhala un aire cálido que de inmediato
les devuelve el control de su sangre a todos,
incluso a los cubiertos recién lavados.
Y preguntan en voz alta a la camarera qué día es hoy,
ella no sabe porque ayer estuvo igual de ocupada
que todos los días desde el momento inicial
en el que se asuma trabajadora del lugar.
Eso le arruina la sopa
a una pareja tan delgada
que parecen líneas con cara,
y esas caras se levantan de las sillas disgustadas,
y se van a ir sin pagar;
pero antes de salir los aguijonean las avispas de la vergüenza
y se devuelven girando sobre los talones,
teniendo la billetera al alcance ya.
Suena por allá
una canción que no le suena igual
a ninguna de las almas que hay
resguardándose de lo que sea
que hayan dejado por fuera,
mientras que comen o beben alguna cosa
y la lluvia arrecia.
El pollo y el perro se admiran los trajes mutuamente,
y por allá resulta un indigente pidiéndose un café;
tiene con qué pagarlo sorprendentemente,
pero nadie se sorprende:
ahí adentro las sorpresas de esa clase no valen.
La canción...
algunos la escuchan hermosa,
a otros les parece desastrosa,
a otros les encanta sin que puedan precisar por qué en verdad,
a algunos les parece profundísima,
otros la toman por tontería,
unos la aprecian y la tienen por valiosa,
a otros simplemente les da igual ese ruido inextinguible que los rodea...
Pero sin duda, esa canción no pasa por la absoluta indiferencia.
El ambiente se siente tranquilo
y de eso se aprovechan todos a su modo
y también de buen modo;
el más expandido y ruidoso
es ese profeta quebrado
que jura haber reconocido
el monstruoso rostro del vacío
en todo lo que existe en este mundo,
y en todos
y en cada uno de los rostros
que durante toda su vida lo rodearon,
incluso en los que lo rodean ahora mismo,
aún si los rostros que lo rodean
buscan ante todo ignorarlo;
él parece, por el bien de lo que «es», ignorarlo.
Hay una tortuga puntiaguda
hablándole muy cerca de la cara
a un troglodita vestido de ropa cara
muy ridículamente ceñida,
del significado y valor supremo verdadero de las mujeres;
mejor dicho,
de lo superiores que eran esas expresiones
de Ser sinceras y de auténtica Verdad,
que solo se producían
de forma tan libre y espontánea
en las poseedoras innatas
de la naturaleza femenina y su fuerza.
Ciertamente esta tortuga no necesita cambiar de argumento,
ni se permitirá variar ni un ápice su opinión
acerca de las mujeres, acerca de todo lo femenino,
y cada sandez que le lanzan como contraargumento
lo desanima demasiado,
y en el secreto tras de su sobriedad y paciencia
es el absoluto desagrado.
Se ve cómo alguien
con frialdad y paciencia
se saca una larva de la oreja
y al tirarla al suelo se convierte en un escorpión
de carne anaranjada,
con dobleces por todo su gran cuerpo,
como si fuera una hoja de papel arcoíris naranja...
Transcurre la mañana, la tarde, la noche, la vida.
Y al final, el bar solo es un dibujo de tiza
en la pizarra que toca la luz del atardecer.
Thoughts
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PermalinkEl pollo con su traje impecable dando la vuelta en redondo para volver al mismo sitio, causa, ese soy yo cualquier lunes.
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PermalinkEl profeta quebrado que ve el rostro del vacío en todos, y al que todos buscan ignorar, me parece el único del bar que no vino a descansar. Los demás se resguardan de lo que dejaron afuera y él se trajo eso adentro. Lo leo como el único que no acepta la regla de la hora sin quejas.
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—Lo importante es mantenerse con calma.