Neta lo de la pulsera en la muñeca zurda me dejó pensando. ¿Todavía la traes puesta?
El Árbol que Floreció
Un diciembre más, un día más, una fecha más que celebrar. Parece difícil asimilar el hecho de que ya ninguno de nosotros es el mismo: ya no disfrutamos igual, ya no hallamos un objetivo que nos haga…
En series
In groups
Pensamiento
Neta lo de la pulsera en la muñeca zurda me dejó pensando. ¿Todavía la traes puesta?
Contenido de la publicación
Un diciembre más, un día más, una fecha más que celebrar. Parece difícil asimilar el hecho de que ya ninguno de nosotros es el mismo: ya no disfrutamos igual, ya no hallamos un objetivo que nos haga reír como críos, no hay algo que nos genere tal expectativa que nos deje soñando y, sobre todo, imaginando realidades que son poco compatibles con el entorno. La magia se ha perdido... ¿es acaso la modernidad la culpable de este suceso? ¿O tal vez la transición que sufrimos por cambiar nuestros parámetros naturales? A pesar de esa triste insinuación, existía una belleza que hacía que mis sentidos se agudizaran inconscientemente; era algo realmente aversivo, pero para nada molesto, al contrario: era algo nuevo que llenaba mi cerebro de conexiones e ideas.
Tonto, pero realmente puro: era la belleza de una mujer. Era una joven chica de aspecto amigable, rostro amable y lleno de luz, respingada y sonriente, bella hasta las muelas. Tenía unos ojos saltones almendrados que eran una puerta hacia una nueva experiencia; era tan brillante que me acomplejaba, creaba en mí la famosa silueta que persigue algo más. Era sofocante su habilidad para ponerme en tela de juicio: no solo su belleza aparente marcaba y remarcaba, también lo lograban su mentalidad e ideales, los cuales mantenían una cordura y conciencia admirables. Era su análisis perspicaz el que determinaba la próxima acción, para mí predecible, pero para un mundo lleno de ciegos, indescifrable. Qué cautivante resultaba ser mi diciembre, el cual me dejó más pensativo que contento. Al fin y al cabo crecer tiene sus contras y pensar sus debilidades, porque la obsesión humana de crear escenarios poco realistas nace de la tristeza que carcome a esa mente que se ridiculiza (eso me pasó).
Qué intrigante era esa mujer que me provocó amor y no injurias; yo, un tipo tan patético y poco seguro, por fin se sentía querido de una manera u otra. Qué confuso es ese sentir, la naturaleza del apreciar algo irreal bajo unas pupilas iluminadas y unas retinas cansadas hasta más no poder. Era algo más que un sueño, era un choque de perspectivas, porque al final de todo éramos tan diferentes que nos atraíamos, o eso creo. Qué historia tan poco práctica pero totalmente conveniente: quise empezar con algo tan superficial y real que busqué y bosquejé hasta más no poder para lograr hablar de aquella rareza humana que incomodó a mi ausencia, a mi soledad, y sobre todo la desafió. Debido a una sencilla razón: su voz dulce y sensible acariciaba mi retorno auditivo con su fragante habla, pero no solo eso, ya que su risa era un retumbar de colores y flores amarillas que con el pasar del tiempo se desprendían en el aire con tranquilidad y serenidad, llegando a incomodar a la libertad con que lo hacían. Se tornaban de un iris rosa o violeta pastel; era bellísimo.
Qué incómodo es narrar una situación de esta manera, pero qué paz trae recordar. A pesar de eso, en las facetas que pasé para ser sincero con mi alma, recordé de manera oportuna el hambre que provoca un llanto, la intriga que genera una pregunta, el azar de un juego y, sobre todo, la inocencia del amar. De manera sutil se volvió un placer recordarla en mis intimidades que, por más tonto que suene, no eran sexuales, sino más bien con mi ser, con lo que soy: un melómano deslucido, pero allegado a la música más divertida y sentimental. Tal vez mis intimidades me pedían a gritos naufragar en ese mar que no estaba lleno de olas, que estaba plano, pero tan plano que pareciera esperar un barco, o en este caso una barca que, en vez de comida y suministros, almacenaba recuerdos. Y de una manera u otra entraba en ese bucle discreto de recordar.
"A pesar de eso, en las facetas que pasé para ser sincero con mi alma, recordé de manera oportuna el hambre que provoca un llanto". Es patético y totalmente confuso, pero el joven conductor de la barca empezaba a volver a la misma situación. Qué irónico: al parecer lo nuevo y seguro asusta, tan así que ni el mar inofensivo podía llamarlo y atraerlo. Lo mismo pasa con los sentires: qué triste es ver cómo una inseguridad puede apoderarse de los mejores momentos, qué doloroso es ver cómo la tristeza sobrepasa las intenciones más lindas, pero aún más triste es ver cómo las melodías que un día generaban risas y microfacciones de felicidad, al día de hoy crean una amargura equivalente a un error, o como lo diría en este momento, la mala costumbre de acostumbrarse...
A veces esos fragmentos llenos de emociones y transferencias románticas acostumbran a la mente a detalles simples pero bellos dentro de la subjetividad de una relación que ciertamente no es relación: un lazo de unión, único entre dos que, a pesar del parentesco con otros, son diferentes; o mejor dicho, pulseras que se donan con amor, pulseras que se conservarán hasta más no poder, porque a pesar de que no se comparta una mínima palabra, en mi muñeca zurda reposa aquel gesto superficial que la rodea y la mantiene como si se abrazasen.
Bajo mi pobre nardo, coincidí con mi mente: es posible que careciera de empatía y amor, careciera de tranquilidad y, de forma contraria, poseyera malestares por mis acciones y sentires. Porque a pesar de la vuelta en el aire de las flores, mi raíz no quería frutos que fueran recogidos o, más bien, no quería volar; quería plantarse de una manera tan friolenta como la tenacidad de un árbol. Al fin y al cabo, nuestra ventaja como humanos no existe cuando analizamos nuestra contemporaneidad, y es que la pureza de un árbol es tan similar a un humano como un mismo humano.
Bajo mi propia estima desafié a mi naturalidad negativa; al fin y al cabo no quería peder bajo mi ignorancia de no poder arriesgarme a escribir algo para ti. Somos tan frívolos cada uno en sus cuestiones y trivialidades, somos erróneos para tantas cosas, tal vez nada compatibles porque este mundo no da oportunidades. De la misma manera, esa flor violeta pastel no volverá a donde una vez hizo parte de un árbol inerte e inmóvil, porque la tranquilidad y la paz se hallan explorando y viviendo. Al parecer esa flor ha conocido frondosos campos de césped y frescura, pero ese tronco lleno de inestabilidad (qué cuestión tan irónica), por alguna razón, anhelaba verla, apreciarla. Lastimosamente el tronco quiso cambiar y transformarse, pero la impureza de su ser no se lo permitió. Al final de todo no se pueden juntar las flores libres con los serios y longevos árboles.
Sin pensarlo concluyó posiblemente una historia llena de poemas, palabras, frases, lágrimas, amoríos, pensamientos, conexiones, sutilezas y, sobre todo, confianza, estima y respeto. Respeto a dos seres que se encontraron en un bucle de consanguinidad que irrumpía todo extremo de maldad. A fin de cuentas, a la postre éramos dos náufragos de la naturaleza, dos seres con diferentes objetivos, pero juntos por una misma razón: el amor.
El retomar la breve pero sustanciosa historia de la flor que quiso libertad y el árbol que finge demencia... Es evidente el hecho de entender la sustancia de su continuación, porque estas dos personas no se volvieron a ver en su corta y longeva vida. Uno vivió más que el otro, porque la tristeza y las malas decisiones no le permitieron ver brillar algo de nuevo, mientras que la otra consiguió vivir su etapa al máximo y, aunque no lo creyera, su brillo aumentó tanto que ese color violeta pastel se volvió único e inigualable. Ambos murieron en su recuerdo, pero por cosas de la vida, la bella flor encontró no un árbol ni un sendero fresco, sino un cuerpo humano donde la confusión y anomalía de la existencia le dio esas cualidades tan puras, y así se dio el retorno de la flor que ahora era la mujer más pura de todas. Por otra parte, el árbol voló después de su muerte buscando a su amada, volviéndose un humano con tonalidades grises, fascinado con la música. Así, estos dos vivieron nuevamente una historia de amor hasta la eternidad de sus reencarnaciones: ellos se querían, pero la vida no los quería a ellos.
Thoughts
-
PermalinkSimon, la flor que vuelve como mujer y el arbol que vuela despues de muerto buscandola, con esa parte me quede el resto del dia. Me dio por pensar que la historia entera es una carta que nunca se mando, y que subirla aqui fue la manera de mandarla igual. Gracias por publicarla, me gusto mucho leerte!
-
PermalinkNeta lo de la pulsera en la muñeca zurda me dejó pensando. ¿Todavía la traes puesta?
Related posts
-
Cosmogénesis: El edén y la madre tierra. (Parte 2)
El edén y la madre tierra. Entre los manglares salió un hombre desnudo, se acercó al claro del agua del río y le clavó su mirada como flechas, pero pronto las flechas se volvieron ballestas,…
-
Las Marionetas del Capi Oviedo.
En Celaya existe una historia que casi todos conocen.
-
Mil noches de soledad
"No estas sola"
-
Servicio al cliente (cursi)
1
-
Descarada.........
Luna mía, eres una descarada, pues hay que tener un descaro monumental para llegar así, sin avisar, y secuestrarme la cordura. ¿Con qué derecho te metes en mis pensamientos un martes cualquiera?…
-
Fotos
Abro la cámara frontal, miro mi cara. Una arruga surca la zona del bozo. Cambio el ángulo, hago caras, sonrio, me quedo seria y saco un par de fotos. El único ojo que me ve no es un ojo sino que es…
-
____
Quisiera que mi libertad superara a mi timidez, quizás así podría besar tan constantemente como quiero. Creo que el acto de besar tiene una dulzura adictiva. Quizás porque solo he besado labios que…
-
La Niña de La Alameda.
En Celaya hay historias que los taxistas cuentan en voz baja cuando la madrugada se vuelve demasiado silenciosa.