Caballete, un pincel arrancado de tu lengua, colores inversos y grises, lienzo de lija, lienzo donde plasmas tu deshonra de palabras.
Quejas tras quejas, deja de mirarme, no soy tu pasado, carrete de fotos bajo el almacén guardando polvo guardando recuerdos de gemelos que odian las penitencias.
Cobertura de polvo adornando el almacén, lentes rotos el cristal esparcido en el suelo de linóleo, tan nacido.
Palabras, escritas en libros de páginas amarillas, donde mi pena es escrita, donde mi vergüenza es plasmada en tinta de sangre.
Comparar a los gemelos que nacieron de las cuatro veces humillación gritada a todo pulmón hasta que el aire arde dentro de tu cuerpo , vosotros no sabéis lo que es mi infierno propio.
Te he visto pero no me devuelves la mirada, por qué te crees abismo pero tienes fondo donde el moho crece en miedo y hambre.
Hambre de algo que no sabes, color piel arrancada y puesta en una escultura grotesca, de piel y adornos de tela rasgada llena de lágrimas.
Tumba de nombre desconocido, habla de codo a codo, dime... ¿Me has escuchado? O simplemente tus tímpanos chorrean alquitrán, tan espeso tan candente.
Escribo esto mientras ojos comparativos me miran y hoy plasmó mi dolor en lienzo de lija, donde duele y el relieve de mi alma raja mi piel y sin grito.
Acepto la agonía del milagro doloroso, donde mis lagrimas mezclan la pintura sacadas de insectos.
Me vez, me lees, te veo tras estas palabras, solo falta algo, algo que es en vano buscar.