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Diseñados para estar arriba

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Pensamiento

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jsuarez902

No conocía ese del Salmo 139, lo de las alas del alba. ¿Juan Cruz es alguien de verdad o lo armaste para el texto?

No conocía ese del Salmo 139, lo de las alas del alba. ¿Juan Cruz es alguien de verdad o lo armaste para el texto?

Contenido de la publicación

Diseñados para estar arriba

El amor y la confianza de una pareja, en conjunto con la fe en Dios, pueden ser el ancla y el impulso necesarios para salir adelante.

Depresión, un mal momento, sentirse nada... Así escuchaba el eco de sus propios miedos. Juan Cruz estaba paralizado en su casa, convencido de que su historia había terminado tras perder su empleo y, con él, sus sueños. Miraba a sus hijos, a su mujer, para terminar viendo el suelo, con la mirada fija, olvidando por completo el talento y el potencial que llevaba dentro.

A su lado, su esposa leía un libro. Pocas eran las palabras en medio de la lucha, en medio del silencio. Ella notó su mirada más perdida que nunca, guardó el libro y miró fijamente a su marido.

—Debes levantar esa mirada, ese ánimo —le dijo una vez más—. Dios proveerá, solo debes confiar. Él siempre nos sostuvo en los peores momentos y en las crisis de familia.

Él la miró, buscando en sus ojos la paz que a él le faltaba.

—¿De verdad crees que puedo salir de esto? —preguntó.

Ella asintió, abrazándolo un poco más fuerte, y al oído le susurró:

—No lo creo, lo sé. Dios ya extendió Su mano. Ahora te toca a ti extender las alas.

La mujer le sonrió con ternura y lo abrazó con mucho amor. En ese hermoso momento, abrió la Biblia y leyó un fragmento del Salmo 139, esperando que la promesa sagrada apagara el ruido de esa mente sin paz:

«Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra».

—Tienes alas, no puedes quedarte ahí, puedes alcanzar el cielo —sentenció con voz firme, señalando el versículo.

Las palabras envolvieron el frío de ese momento gris. Su casa lo contuvo como un refugio cálido. Qué importante fue la actitud de la mujer al tomar a su marido y darle esa palabra, ese aliento y ese abrazo de Dios.

Juan Cruz entendió en ese instante que no estaba solo para luchar. Esa palabra en boca de su mujer lo movilizó; ese corazón revivió para confiar en un propósito mayor. Supo que nunca caería al vacío, porque dos pares de manos lo sostenían: la de su mujer, incansable a su lado, y la de Dios, que nunca nos abandona.

Desde ese momento, su depresión empezó a transformarse. Con fe se levantó, sabiendo que estaba sostenido. Su familia también debía salir adelante. Caminó con la frente en alto, listo para conquistar su futuro y clamando a Cristo Jesús para que restaurara su vida. Esto no tardó en llegar. ¡Qué importante es confiar y qué importante es el sostén de una familia que camina en Cristo!

Una promesa bíblica te está diciendo hoy que te fueron dadas alas para volar. Sal de ahí, de ese lugar donde te estás quedando estancado en este momento. Dios te dice: "Sal y camina". Él nos impulsa a salir de los pozos. Te da esa esencia para elevarte. Dios nos ha dado "alas" —la capacidad, la fe y su Espíritu—. Renueva tus fuerzas, las mismas fuerzas que le dio a esa mujer para elevar a su esposo por encima de las circunstancias, alcanzando lo que Dios tiene preparado para ti. Su mano nos guía y nos sostiene con un amor inquebrantable: las de tu apoyo en la tierra y las de Dios desde el cielo.

Colosenses 3:2
«Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra».

Cuando el enfoque en lo alto se pierde, las alas se sienten pesadas. Por eso, la voluntad divina es que miremos hacia donde queremos volar, y eso es hacia Dios.

Levanta la mirada, extiende las alas de la fe y confía en que la fuerza para salir de ese lugar incómodo y llegar a un nuevo nivel ya te ha sido dada. Tenemos el equipo (las alas) y el respaldo (Su mano). No te quedes contemplando tu caída: fuiste diseñado para estar siempre arriba.

Las alas funcionan si te atreves; fe te sobra. No vuelas para escapar, vuelas para alcanzar el propósito que lleva tu nombre.

¡¡Es tiempo de volar!!


Thoughts

  • Aurorita

    Lo de las alas del alba así rezaba mi abuela de madrugada, sin saber que era del salmo. Ahora recién sé de dónde venía nomás.

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  • EvaMontero

    Qué bonito que la que sostiene sea ella, y que al final el texto la ponga al lado de Dios: dos pares de manos. Casi siempre el que se levanta queda en el centro y el que acompaña de fondo. Aquí ella decide cuándo cerrar el libro, qué salmo abrir y qué decirle al oído. Me hizo pensar en mi mamá leyéndole a mi papá en voz alta cuando él no quería hablar; no era un salmo, era el periódico, pero era lo mismo.

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  • rgomez1404

    A Juan Cruz le cambia todo en una tarde, y ahí me cuesta seguirlo. Lo que hace la esposa, guardar el libro y quedarse, lo he visto durar meses sin que nada se mueva, y ella igual ahí. Apuesto a que la mujer real detrás de esta historia tuvo más de una tarde así.

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  • nochedevela

    Ay, Juan Cruz :')

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  • jsuarez902

    No conocía ese del Salmo 139, lo de las alas del alba. ¿Juan Cruz es alguien de verdad o lo armaste para el texto?

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  • Ovid

    Ella guarda el libro antes de hablarle, y para mi ahi esta la clave del texto: primero deja lo suyo, despues lo mira, y recien entonces abre la Biblia. Apuesto a que mucha gente que lea esto va a reconocer a alguien en esa mujer, la que se queda sentada al lado aunque no haya nada que decir. Gracias por subirlo!

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  • Tono

    Ella se lo dice una vez más, y eso me gustó mucho, pues. Que ya se lo había dicho antes y ahí seguía, sin cansarse.

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