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¿Destino o casualidad?: Parte V.

El_Ilusionista
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El disfrutar de su presencia virtual se volvió una necesidad que ella sabía corresponder sin verse obligada.

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dojobarato

De aquel principio al beso de los buenos días por mensaje, esto avanzó rapidísimo. ¿La primera vez que se vieron en persona cayó en tus días de bajada o tuviste que pedir permiso?

De aquel principio al beso de los buenos días por mensaje, esto avanzó rapidísimo. ¿La primera vez que se vieron en persona cayó en tus días de bajada o tuviste que pedir permiso?

Contenido de la publicación

El disfrutar de su presencia virtual se volvió una necesidad que ella sabía corresponder sin verse obligada.

A pesar de todo el apocalipsis y génesis que se vivía en mi interior cuando conversábamos, moría por hablarle y sentirla a través de sus palabras. ¿Sobre qué charlábamos? No eran pláticas típicas. Empezamos conociendo a fondo la vida de cada uno, y de pronto pasamos a imaginar sobre la primera vez que nos íbamos a conocer en persona. Entonces comenzó a enviarme fotos de su niñez, de su adolescencia y algunas fotos actuales… Me fui perdiendo a mí mismo porque sentía que ya la había conocido antes, estaba seguro de ello y un día se lo comenté. A ella también le sucedía lo mismo.

-  ¿Cómo crees que sea la primera vez que nos veamos?- Ella me lo preguntó.

Qué extraño, la pandemia nos había obligado a acostumbrarnos a cosas inimaginables, a acoplar actitudes que en situaciones normales no se daban. Es el caso nuestro, que esperábamos que el otro conteste para continuar la conversación, como si estuviéramos el uno al lado del otro. En las mañanas sentía su presencia en mi cama y yo le daba el beso de los buenos días, en las tardes comía en frente de ella, reíamos en las noches y soñábamos despiertos antes de dormir… Todo ello plasmado en mensajes de textos, que viajaban por la red a cada segundo.

- Será sublime. En realidad muero para que ese día se dé - Le respondí.

Y sí que se dio. Ambos estuvimos muy al pendiente de aquel viaje en la que nos conocimos por primera vez. Ella me pedía que no me haga ilusiones, que no me imagine nada y que solamente las cosas se den por sí solas. Pero en realidad, no pude dormir en las noches anteriores a ese encuentro. Soñé con cada situación, como recordando la vida en la que fuimos felices en algunos de los universos en paralelo existentes.

Yo trabajaba en una empresa minera, en la sierra piurana. La ubicación de la mina y el requerimiento de nuestros servicios me obligaba a permanecer 25 días lejos de la civilización y salir a casa un aproximado de 10 días para descansar y disfrutar de lo que quisiéramos.

Ya llevaba un año laborando y a pesar de la costumbre, era un fastidio permanecer tanto tiempo en la labor. Cada día que pasaba era un clavo sobre mi espalda y aunque se dice que debemos estar en donde nos sintamos cómodos, yo estaba allí por necesidad. Cuando llegó Hana a mí, mi mundo se transformó. Cambió las tristezas en alegrías, los malestares en bienestar. Siempre estuve agradecido con ella por muchas razones. Ella no me entendía. Siempre preguntaba: ¿Qué he hecho por ti? Yo no he hecho nada, me replicaba. Ella no lo tenía claro, pero lo hizo todo.

Yo pregunto: ¿Cómo transformar una vida?

Ella empezó robándome el tiempo en las cuales pensaba en muchos momentos del pasado, cosas dolorosas que no necesariamente tenían que ver con temas de desamores. Después, reemplazó esos recuerdos por los suyos, dibujando una sonrisa en mi rostro con plumón indeleble. De pronto fui una persona feliz y de ello se percató mi jefe en uno de los almuerzos en donde los supervisores asistíamos.

Lo demás cayó por su propia cuenta. Trabajaba más feliz.

Estaba convenciéndome que era mi otra mitad, la dupla perfecta. ¿Por qué? Les explicaré en el segundo motivo.

Pensaba que estaba enloqueciendo. De manera automática, cada vez que revisaba mi celular para ver la hora, un mensaje de Hana llegaba a mi bandeja.

- ¿Estaremos interconectados? No creo.

Entonces empezamos a pensar lo mismo en el mismo momento, a escribir las mismas palabras, como si ambos leyéramos nuestras mentes. Era muy extraño.

Pero, de todo lo extraño que podía suceder entre nosotros, empezó a darme una fuerza de manera indirecta para continuar a pesar que el espacio que rodeaba a mi universo se desboronaba a pedazos.

Mientras mi familia pasaba por su día D, ella me daba palabras de aliento en el preciso instante en que las necesitaba y ello sucedía sin contarle lo que estaba pasando. Se anticipaba a las malas noticias. Diluía las penas en su cariño sincero. Tal vez en este momento estén confundidos dado a que ya les presento ello como su hubiese habido algo entre nosotros y es que sí, sin darnos cuenta empezamos a compartir lo mismo, aquello que no tenía un título específico se traducía en un sentimiento mutuo, algo que era muy nuestro. Éramos lo que éramos, dos personas condenadas.

Nunca le pregunté: ¿Qué estarías haciendo en este preciso instante si no nos hubiésemos hablado? Es ahí donde se abre un abanico de posibles respuestas que no están a nuestro alcance. Pero todas esas posibilidades y probabilidades desembocan en una sola palabra: tiempo.

El tiempo, una palabra que todavía no está muy bien definida en la ciencia, pero que todos la manoseamos a nuestro antojo.

El tiempo es oro, se oye decir a muchas personas mayores de edad. Y en realidad, aunque nos duela, nos moleste o seamos indiferentes a ello, es verdad.

Cierto día mi jefe me dijo: si yo pudiese comprar tiempo en una tienda, iría en este preciso instante y gastaría todo lo que tengo y compraría todo lo que pueda. Esto me marcó, me llevó a la reflexión: nunca recuperaremos el tiempo que se le brinda a una persona. Y Hana me había dado su tiempo, su espacio, en el cual nadé como delfín vagabundo. Ella jamás iba a recuperar ese tiempo que me dio, el cual lo aproveché al máximo y esto es lo que más valoré en todo el tiempo que estuvimos juntos.

Thoughts

  • dojobarato

    De aquel principio al beso de los buenos días por mensaje, esto avanzó rapidísimo. ¿La primera vez que se vieron en persona cayó en tus días de bajada o tuviste que pedir permiso?

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  • bichinho_

    Mirar la hora en el celular y que justo entrara un mensaje suyo, eso se siente. Hay épocas en que uno anda pendiente del aparato todo el día.

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  • barrasyparalelas

    Mandarse fotos de la niñez antes de conocerse en persona es armar a alguien desde atrás, de volada tienes toda su vida y todavía ni la cara en vivo.

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  • RicardoNaves

    Lo del jefe que compraría tiempo en una tienda se queda dando vueltas, diay. A mí me pasa que a esta edad uno empieza a contar el tiempo que le dio otra persona y ya no el que le dieron de arriba. Ella te dio un año de mensajes mientras vos estabas encerrado allá en la sierra, y eso no se devuelve nunca. Me suena que esa cuenta la vas a seguir haciendo mucho tiempo después del final de esta historia.

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  • PabloEcheverria

    Veinticinco días adentro y diez afuera, con el teléfono cargando todo lo demás. Apuesto a que esos diez de bajada se te iban en nada, mani.

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  • Ovid

    Lo del jefe diciendo que compraría tiempo en una tienda si existiera me hizo pensar en la gente que solo cae en eso cuando ya lleva meses lejos de su casa. Y con lo de mirar la hora y que justo entrara el mensaje, apuesto a que los dos revisaban el celular mucho más seguido de lo que admitían. Gracias por seguir contándolo acá!

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  • tinchof

    Uf, esa del jefe.

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