Vaya, las escaleras.
¿Destino o casualidad?: Parte IX.
Mi reflejo en la ventana del asiento 51 del bus que me llevaba a Trujillo a conocer a Hana desnudaba la esencia que brotaba de mi piel en ese instante: era un niño con miedo y empecé a comportarme…
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Vaya, las escaleras.
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Mi reflejo en la ventana del asiento 51 del bus que me llevaba a Trujillo a conocer a Hana desnudaba la esencia que brotaba de mi piel en ese instante: era un niño con miedo y empecé a comportarme como tal, mirando las estrellas como un bebé cuando se abre la compuerta que lo separa de un estado de letargo de una realidad absoluta.
Trataba de no imaginar el momento y así, el sueño invadió mi cuerpo y dormí.
- ¿Destino o casualidad, Brayyan? ¿Qué carajos es? - me replicaba.
No estaba seguro de eso, pero de lo que sí, fue que tenía que correr al hotel que había reservado para vernos por primera vez.
A pesar que llegué a tiempo, estaba furioso. Quería comprar rosas, chocolates, globos, pero no tuve tiempo de nada. Probablemente iba a ser la única oportunidad que tenía para convencerla de que, era la mejor opción que tenía.
Entonces, cuando me disponía a correr a la tienda, el amor me llamó.
- Estoy abajo - Me dijo.
Diablos, había llegado a tan lejos, que no podía creerlo.
¿Y ahora? Había planeado todo, menos cómo iba a ser mi reacción al verla por primera vez.
- ¿Cómo crees que será cuando nos veamos por primera vez? – Me preguntó dos madrugadas antes de verla.
Y la verdad era que no lo sabía. De lo que sí estaba seguro era que la iba a besar. Y se lo dije:
- Lo primero que haré es robarte un beso. Así te molestes y me dejes de hablar, lo haré.
Fue muy atrevido de mi parte decirle eso, y la verdad es que fue una prueba de las tantas que le puse. Pero, ¿Y quién soy yo para probar a los demás? Es fácil de responder ello, pero lo explicaré más adelante.
- ¿Por qué piensas eso?
- No lo sé, tal vez verías mi rostro feo y me rechazarías
- Hazlo y descubrirás cuál es mi reacción.
Empecé a alucinar. De manera indirecta me dijo que lo haga y hasta ese entonces yo era consciente que estaba haciendo efecto todo lo que estaba haciendo por ella.
Bueno, el amor llamaba mi puerta, y me daba miedo abrir e invitarlo a que pase a morar en mi vida.
Salí del cuarto 301 en donde estaba y a medida que iba bajando las escaleras, me preguntaba si valía la pena haber llegado hasta ahí, si fue correcto haberme auto-inducido a un coma por más de un mes para finalmente despertar y verla tan brillante, tal cual me la imaginaba.
Entonces llegué a la puerta de ingreso al hotel y como asechando a la muerte para que no me sorprenda, saqué mi cabeza cuidadosamente para ver si Hana estaba afuera.
¡Era ella! Me apena no poder explicar realmente cómo es que mi corazón se comportó cuando mis ojos la vieron. Era como ver un fantasma, a un ser amado que murió y se vuelve a ver. Ella era Hana, la mujer más hermosa que había visto hasta ahora.
- ¿Y cómo crees que soy? – Me lo preguntaba siempre.
Y siempre le respondía de manera vaga y general. No porque no quería hacerlo, sino porque me reprimía a mí mismo, porque cada vez que lo pensaba, me iba perdiendo más y más.
- Eres lo mejor de este maldito mundo, quisiera robarte, llevarte conmigo muy lejos de aquí, darte todo, ser uno solo y compartir nuestra felicidad. Quiero ser carne de tu carne, hueso de tu hueso, que seas la única mujer con la que pueda caminar de la mano sin tener miedo al futuro, construir lo más grande que no se ha logrado hasta ahora por ningún ser humano. Quiero amarte, besarte, sentirte, hacerte el amor a lo loco. Eres una excelente persona, inteligente, empática, sentimental… Quisiera todo ello reflejado en mis hijos…
Sólo lo pensé… Y lo que realmente le respondí fue:
- Sólo sé que me muero por conocerte en persona.
Todo lo que imaginé iba acercándose a mí de a pocos. Juro decirles que sentí que mi corazón se paralizó por un momento, me agarré fuerte del marco de la puerta y traté de reponerme. ¿Así se habrán sentido los profetas bíblicos cuando los ángeles se le presentaban? Hana era mi ángel y me di cuenta de ello cuando me abrazó. Una carga pesada fue liberada de mí. No se imaginan cómo me sentí. En ese primer instante, traté de no mirarla a los ojos, sólo miré al suelo y le dije que entremos.
Empezamos a subir las escaleras y yo deseaba que el camino sea eterno. Temía bastante de lo que vaya a pasar en ese momento con nosotros.
- Te protegería hasta de mí mismo, Hana. Te quiero tanto que no permitiría que ni mi misma persona te haga daño.
Se lo dije y estaba seguro de ello. No sabía pero ya estaba enamorado de ella.
- ¿Y ahora, qué va a pasar? – Pensé.
Thoughts
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PermalinkVaya, las escaleras.
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PermalinkLo tuve que dejar justo cuando sacas la cabeza por la puerta del hotel para ver si ya estaba Hana. Qué manera de cortarme la tarde.
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PermalinkEl beso que prometiste robarle dos madrugadas antes, y que al final se queda en un abrazo y la mirada en el suelo, me recuerda a como uno ensaya la primera frase y nunca lo que va a hacer con las manos. Apuesto a que la parte X arranca en ese cuarto 301 con el beso todavia pendiente.
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PermalinkTodo ese párrafo que pensaste y no dijiste, lo de caminar de la mano sin miedo y los hijos, contra la frase cortita que al final le mandaste. Ta, de repente ahí está lo más cierto del capítulo. Me da la impresión de que la promesa en la escalera, protegerla hasta de vos mismo, va a pesar más adelante, porque promete justo lo que no se controla. ¿Hana supo alguna vez lo que pensabas decirle esa madrugada?
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