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elisabet
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Al día siguiente, cuando llegué a la escuela, todavía pensaba en lo que había pasado durante el recreo.

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La manera en que describis el grupo aceptandolo tan natural, sin hacer un drama. Eso es lo bueno.

La manera en que describis el grupo aceptandolo tan natural, sin hacer un drama. Eso es lo bueno.

Contenido de la publicación

🌸 Capítulo 3 — Apodos y nuevas amistades

Al día siguiente, cuando llegué a la escuela, todavía pensaba en lo que había pasado durante el recreo.

Pensaba en mi nuevo amigo.

Alaric.

No sabía por qué, pero desde que habíamos hablado por primera vez, tenía curiosidad por conocerlo más. Era extraño. Apenas llevaba unos días en nuestra escuela y ya se había convertido en alguien de quien quería saber más.

Entré al salón y dejé mis cosas en mi lugar.

—Hola, Eli.

Levanté la cabeza.

Era Milagros.

—¡Holiwis, Mili! —respondí con una sonrisa.

Milagros se sentó cerca de mí y empezamos a hablar de cualquier cosa. Al principio no tenía nada que ver con Alaric, pero, como suele pasar cuando uno está hablando con sus amigos, terminamos cambiando de tema sin darnos cuenta.

Y, de alguna manera, llegamos a hablar de él.

—Y hablando del rey de Roma…

Milagros dejó la frase a medias.

Yo miré hacia el frente.

Y ahí estaba.

Alaric.

Estaba sentado tranquilamente, como si no estuviera escuchando nuestra conversación.

Lo observé durante unos segundos.

Entonces me levanté.

—¿Adónde vas? —preguntó Milagros.

—A hablar con él.

Caminé lentamente hacia donde estaba Alaric.

Mientras me acercaba, pensé en qué podía decirle.

Finalmente llegué frente a él.

—Hola, Alaric.

Levantó la mirada.

—Hola.

—¿Cómo estás?

—Bien… supongo.

Sonreí un poco.

—¿Te puedo preguntar algo?

—Sí, supongo.

Parecía que esa palabra era su favorita.

“Supongo.”

Me dio un poco de risa.

—¿Te puedo poner un apodo?

Alaric me miró.

—Sí, supongo.

—Bueno, en ese caso… te vas a llamar Ari.

Apenas pronuncié ese nombre, algo cambió en su expresión.

Su rostro, que hasta ese momento había estado tranquilo, cambió ligeramente.

Fue apenas un instante.

Pero yo lo noté.

—¿Ari? —preguntó.

—Sí. ¿No te gusta?

Alaric tardó unos segundos en responder.

—Está bien.

Lo miré con curiosidad.

Había algo raro.

Parecía que aquel apodo significaba algo para él.

—¿Estás seguro?

—Sí.

—¿Te pasa algo?

—No.

No parecía querer hablar del tema.

Y aunque tuve ganas de preguntarle otra vez, decidí no insistir.

Después de todo, recién nos estábamos conociendo.

Entonces sonreí.

—Bueno, ahora te toca a vos ponerme un apodo.

Alaric me miró.

Parecía estar pensando en qué decir.

Pero justo cuando estaba a punto de hablar…

¡Se abrió la puerta!

El profesor entró al salón.

Otra vez.

No pude evitar suspirar.

—No puede ser…

Regresé rápidamente a mi lugar y me senté delante de Milagros.

Ella empezó a reírse.

—Jajaja. El profe siempre llega en el momento justo.

—¡Ay, ni lo menciones! —respondí—. Siempre aparece en los momentos importantes.

Mis amigos escucharon la conversación y comenzaron a reírse.

Yo también terminé riéndome.

No era una persona amargada.

Aunque, para ser sincera, sí estaba un poquito enojada porque otra vez me habían interrumpido.

El profesor dejó unos papeles sobre su escritorio y miró al salón.

—Bueno, chicos. Silencio.

Poco a poco todos dejaron de hablar.

—Hoy voy a entregar las notas del examen.

Al escuchar eso, varios comenzaron a ponerse nerviosos.

Yo también.

Había intentado no pensar demasiado en mi examen, pero ahora que el profesor estaba a punto de entregar las notas, sentí un pequeño nudo en el estómago.

El profesor tomó unas hojas.

—Antes de comenzar, quiero felicitar a los dos mejores alumnos.

Todos guardaron silencio.

—Los dos obtuvieron la nota máxima.

Sentí que mi corazón comenzó a latir un poco más rápido.

El profesor sonrió.

—Felicitaciones, Alaric y Elizabet.

Abrí los ojos sorprendida.

¿La nota máxima?

Miré hacia Alaric.

Él parecía tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Como si ya supiera que iba a sacar esa nota.

Milagros me miró y me hizo una seña de celebración.

Yo sonreí.

Después el profesor comenzó a entregar las demás notas.

Una por una.

Cuando terminó, seguimos con la clase.

Pasaron aproximadamente treinta y cinco minutos.

Finalmente sonó el timbre.

Todos comenzamos a guardar nuestras cosas.

Milagros se acercó a mí.

—¡Eli! Mirá, te sacaste la nota máxima y tenías miedo de reprobar.

—Bueno… siempre hay dudas.

—¡Pero vos siempre te preocupás de más!

—Puede ser.

Guardé mis cosas y miré a los demás.

—Bueno, pero dejando eso de lado… ¿cuánto sacaron ustedes?

Ian fue el primero en responder.

—Yo, 92.

—Muy bien —dije.

Yulia levantó la mano.

—Yo saqué 95.

—¡Muy bien también!

Entonces miramos a Milagro.

—Yo saqué 83.

Juana suspiró.

—Yo… 56.

Todos nos quedamos en silencio durante un segundo.

Milagros la miró sorprendida.

—¡Ay, amiga! ¡Por seis puntos casi reprobás!

Juana puso cara de indignación.

—¡No es gracioso!

Pero nosotros ya estábamos riéndonos.

Incluso Juana terminó sonriendo.

—Bueno, bueno. Ya entendí.

Yo me reí con ellos.

Pero en medio de todas esas risas, volví a mirar hacia Alaric.

Estaba un poco apartado del grupo.

Y entonces recordé algo.

El apodo.

Me levanté.

Caminé hacia él.

—Ari.

Alaric levantó la mirada.

—¿Sí?

—Te quedó algo pendiente.

Él pareció entender inmediatamente.

—Ah…

Se quedó pensando.

—Estuve pensando en eso durante la clase.

—¿Y?

Alaric me miró unos segundos.

Entonces dijo:

—Tu apodo va a ser… Pecas.

Me quedé sorprendida.

—¿Pecas?

Él asintió.

Miré a Milagros.

Ella estaba intentando no reírse.

Volví a mirar a Alaric.

—Me encanta.

Le sonreí.

Él también sonrió.

Y por alguna razón, me gustó mucho que hubiera elegido ese apodo para mí.

—Bueno, Ari…

Lo miré.

—¿Qué?

—Vení. Únete a nosotros.

Alaric miró al grupo.

Parecía un poco cansado.

—Bueno… dale.

Se levantó y caminó con nosotros.

Cuando mis amigos lo vieron acercarse, todos comenzaron a gritar:

—¡Felicidades!

Alaric se quedó sorprendido.

—¿Qué?

Ian se rio.

—¡Sos uno de los que tuvo la mejor nota, además de Eli!

Alaric sonrió.

—Gracias. No es nada. Es solo una nota. Eso no define a nadie como persona.

Todos nos quedamos mirándolo por un segundo.

Juana fue la primera en responder, riéndose:

—¡Claro! Vos lo decís porque no te sacaste 56.

Todos comenzamos a reírnos.

Incluso Alaric.

Y mientras los escuchaba reír, me di cuenta de algo.

Ya no éramos solamente un grupo de amigos al que él observaba desde lejos.

Ahora Alaric estaba ahí, con nosotros.

Y quizás aquel pequeño grupo de seis personas acababa de comenzar una nueva etapa.

Cuatro chicas. Dos chicos.

Y una amistad que apenas estaba comenzando.

Lo que ninguno de nosotros sabía era que, con el tiempo, muchas cosas cambiarían.

Pero ese día…

solo éramos seis chicos riéndonos en un salón de clases.

Y para mí, eso era suficiente. 🌸

Después de todas las risas, nos quedamos juntos conversando.

Alaric estaba sentado un poco apartado al principio, como si todavía no estuviera acostumbrado a estar con tantas personas.

Milagros fue la primera en intentar incluirlo en la conversación.

—Bueno, Ari, ahora que sos oficialmente parte del grupo, tenemos que saber algunas cosas sobre vos.

Alaric la miró.

—¿Como qué?

—No sé… ¿qué te gusta hacer?

Alaric se quedó pensando.

—Me gusta dibujar.

—¿Dibujar? —preguntó Yulia.

Él asintió.

—Sí.

Juana sonrió.

—¿Y dibujás bien?

Alaric se encogió de hombros.

—Supongo.

Todos nos reímos.

—¡Otra vez “supongo”! —dijo Ian—. ¿No sabés decir otra cosa?

Alaric sonrió un poco.

—Puede ser.

Ian se llevó una mano a la cabeza.

—No, definitivamente ese va a ser tu segundo apodo.

—¿“Supongo”? —preguntó Alaric.

—Sí.

—No me gusta.

Todos nos reímos otra vez.

Yo miré a Alaric y también sonreí.

Me gustaba verlo así.

El día anterior parecía una persona completamente diferente. Había sido muy callado y casi no había hablado con nadie.

Pero ahora estaba ahí, riéndose con nosotros.

Quizás solo necesitaba un poco de tiempo.

Quizás necesitaba que alguien se acercara primero.

Y, de alguna manera, me alegraba haber sido yo.

—Ari —dije.

Él levantó la mirada.

—¿Sí?

—¿Por qué te cambió la cara cuando te puse ese apodo?

Alaric dejó de sonreír durante un instante.

Mis amigos también se quedaron callados.

—No sé —respondió.

Pero esta vez su voz sonó diferente.

—¿Seguro?

Alaric asintió.

—Sí.

Lo miré unos segundos.

Sabía que no me estaba contando todo.

Había algo detrás de aquella reacción.

Algo que todavía no quería contar.

Pero no quise insistir.

—Bueno —dije finalmente—. Cuando quieras contármelo, me lo contás.

Alaric me miró y sonrió.

—Gracias, Pecas.

Sonreí.

—De nada, Ari.

Y por primera vez pensé que quizás aquella amistad podía durar mucho tiempo.

Aunque todavía no sabía cuánto iba a cambiar nuestras vidas.

Thoughts

  • Amaranta

    Ari diciendo supongo 50 veces es perfecto jajaja

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  • versoAjeno

    Me queda en la cabeza esa frase tuya al final sobre no saber cuanto iba a cambiar. Sentiste eso en ese momento o es algo que entendiste despues?

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  • subrayoTodo

    Supongo que es un personaje que va a ser importante despues. El misterio del apodo se ve a venir.

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  • quintopiso

    La manera en que describis el grupo aceptandolo tan natural, sin hacer un drama. Eso es lo bueno.

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  • pnavarro64

    Ari te conto despues que pasaba con ese apodo, o se quedo con la incognita?

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  • paginaDoblada

    que el profe siempre llegue en el momento justo es de ley universal. nunca fallan.

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  • melisaenlacola

    el momento de los apodos es lo mejor, esa sensacion de que alguien te vea y te ponga un nombre que te queda. Pecas es perfecto.

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  • mediocapitulo

    Que se le cambio la cara cuando le dijiste Ari me tiene re curiosa. Despues te conto por que?

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