Fecha: 8 de agosto de 2026
A veces la vida te da un vuelco tan violento que te deja sin aire, y de repente estás ahí, parada frente a alguien que parece sacado de otro mundo. Conocí a alguien. Él es simplemente asombroso, una especie de luz rara en medio de tanto desastre.
Desde el primer instante supimos leernos sin filtros. Hay algo tan liberador en encontrar a una persona con la que no tienes que esconder nada: compartimos ese mismo universo donde la atracción no tiene etiquetas, donde ambos entendemos lo que es mirar tanto a hombres como a mujeres con la misma libertad y sin culpa. Ser bisexuales, ser libres, ser exactamente quienes somos sin dar explicaciones a nadie. Él lo sabe absolutamente todo de mí. Le he mostrado cada una de mis grietas, mis fantasmas, las partes más oscuras de mi historia, y en vez de asustarse, se quedó. Le estoy entregando mi corazón a pedazos, sin escudos. No sé si será lo correcto, tengo un miedo aterrador a volver a hacerme pedazos, pero tampoco puedo dejar que él vuelva a caer en sus sombras. Quiero sostenerlo tanto como él me sostiene a mí.
No soy una persona necesitada de afecto, jamás anduve buscando a nadie para rellenar vacíos. Llevamos menos de un mes, lo sé, suena una locura y la gente no tarda en juzgar, pero siento en lo más profundo que es el hombre de mi vida. Es una conexión hermosísima, algo casi místico entre dos almas que vienen rotas de batallas pasadas, que se están conociendo despacio, remendándose la piel mientras aprenden a entregarse otra vez.
Obviamente, todo el mundo ya empezó con el coro de advertencias. Cuchichean a mis espaldas, dicen que "te va a romper el corazón", que voy demasiado rápido, que me voy a estrellar contra el suelo, que es demasiado pronto para sentir así. Y quizás tengan razón, tal vez sea un riesgo gigante. Pero ¿saben qué? Me da igual. Si me voy a romper, que sea intentándolo. Elijo conocerlo. Elijo amarlo. Elijo creer sin miedo, porque así debería ser el amor siempre: sin especular, sin guardarse nada por simple cobardía.
Me siento completamente identificada con Perséfone. Soy ella, bajando al inframundo con los ojos abiertos, consciente de que afuera todas las flores se pueden marchitar, de que el mundo verde puede morirse de frío mientras yo decido quedarme en las sombras con él. Soy consciente de que en sus manos puedo florecer o puedo morir, pero elijo florecer. Porque él... en el fondo no es tan malo.
No lo vi venir. Yo no soy así, nunca me entregaba de esta forma, y aunque no sé bien lo que ha ocurrido, ¡no sé ni qué estoy haciendo! Me ha atrapado y está prohibido. Voy detrás de él, pero parece que no es tan cruel. Solo estaba solo, tan lejos que no lo pude ver.
Sé que ahí fuera dicen que el invierno llega, pero no sé qué es el frío cuando él se me acerca. Es tan real la llama que ha despertado, inmortal el fuego que ha desatado. Quizá morirá cada flor que adorna el mundo, y me da igual si estar a su lado no es tan malo.
¿Qué va a ser de mí? ¿Qué pensarán si nunca vuelvo? ¿Qué dirán si nadie acepta lo que siento? ¿Por qué no tengo miedo? No será lo que merezco, pero es lo que quiero. Tan real la llama que ha desatado, inmortal el fuego que ha despertado. Quizá morirá cada flor que adorna el mundo, y me da igual si estar a su lado no es tan malo.
Flotando suspendida entre dos mundos, medio año y estar juntos. Tan real, me llama, me está esperando. Inmortal el fuego que ha desatado. Quizá morirá cada flor que adorna el mundo, y me da igual si estar a su lado no es tan malo.
Si el mundo entero se congela afuera, si todos me abandonan o si el jardín se vuelve cenizas, no me importa. Prefiero arder en su fuego que congelarme en la cordura de los demás. prefiero esto sin frenos, porque en este abismo me siento más viva que nunca.
-Xoxo, Queenie