Los días se hacen cada vez más difíciles de sobrellevar cuando sentís un nudo en el pecho que no te permite respirar. Una angustia tan profunda que se manifiesta a través del llanto incontrolable, los pensamientos negativos y una apatía que lentamente comienza a apoderarse de tu vida.
Te acostás esperando que al día siguiente todo sea diferente. Deseás despertar y sentir un poco de alivio, pero la angustia sigue ahí. Con el paso de los días, ese sentimiento se vuelve más intenso y cada vez resulta más difícil tolerarlo.
¿Qué hacer cuando tu propia cabeza no deja de repetirte que no podés más?
Estás cansada. Cansada de sufrir, de enfrentar problemas, de acumular estrés y de intentar mantenerte de pie cuando sentís que todo dentro de vos se está derrumbando.
Hay momentos en los que incluso las actividades más simples se convierten en un esfuerzo enorme. Levantarte de la cama, bañarte, comer o conversar con alguien pueden parecer tareas imposibles. El mundo continúa girando, las personas siguen con sus vidas y vos sentís que te quedaste detenida en un lugar del que no sabés cómo salir.
Lo más difícil es intentar explicar un dolor que no siempre tiene palabras. Porque no se trata solamente de estar triste. Es sentir un vacío que parece no tener fin, perder el interés por aquello que antes te hacía feliz y experimentar un agotamiento que no desaparece, aunque descanses.
Cada noche aparece el mismo deseo: irme a dormir y no volver a despertar.
No necesariamente porque quiera morir, sino porque en esos momentos siento que ya no puedo soportar tanto sufrimiento. Quisiera que mi mente se detuviera, que la angustia desapareciera y que, aunque fuera por un instante, pudiera encontrar paz.
Pero incluso en medio de esa oscuridad, intento recordar que lo que siento hoy no tiene por qué definir el resto de mi vida.
Quizás mañana no sea un día perfecto. Quizás todavía duela. Pero también existe la posibilidad de encontrar ayuda, de aprender a convivir con mis emociones y de recuperar, poco a poco, las ganas de vivir.
Porque estar cansada de sufrir no significa que mi historia tenga que terminar.