Estoy enfermo por la nostalgia de lo que pudo ser. Los fantasmas en mi cabeza suspiran tu nombre mientras mi mente sostiene tu rostro clavado como un puñal.
Te conocí en el silencio de una frígida habitación adornada por el llanto de un ave rapaz. En tu mirada, la hiel de tus miedos atravesaba tu carne como un hilo; en tus pupilas, encontré la respuesta a una pregunta que nunca hice, y entre tus brazos, el calor del hogar que nunca tuve.
El olor a barro y llovizna penetraban tu alcoba mientras el día pasaba sin trascendencia; entre conversaciones profundas y la quietud de un silencio robado, encontré atisbos de lo que algún día fui. Me encuentro perdido entre las criaturas que habitan tu mente. Te conocí en otra vida cuando tu nombre no era viajero y el mundo lucía distinto. Quiero entrar en tu cabeza y sangrar las heridas de tu pasado, beber de tus lágrimas y comerme tus miedos para dormir bajo el cielo estrellado.
En tus manos que magia desprenden quiero esconderme y en tu sonrisa de lado a lado dibujar pinceladas de gris. Estoy asfixiado por una intriga que quema mi cuerpo como una fiebre, quiero tomar tus cenizas y saber lo que piensas, cuidar de tu alma y comprender la nostalgia de un sueño roto. Te conozco sin conocerte; ojalá en tu mirar yo me pierda y no recuerde cómo volver.