Porque somos esclavos de la ignorancia arraigada en la monotonía, hacemos ojos ciegos ante lo que acontece, pensando que todo lo que pasa es normal, pero algo que no ven común lo tachan de raro y aberración.
¿Quién puede culpar a quién cuando todos estamos en el mismo barco? Navegamos en el mismo océano, soportando las mismas mareas y todo lo que ello conlleva.
Amada, ahora bien, dime tú: ¿cómo haces para esconder el sentimiento? La tensión es notable, pronto esto será mucho más grande.
Generación venidera de lo derivado, son los acongojados. Que su luz sea fuerte y no sea como la llama de una vela...
¿Qué sería de mí sin tu existencia? Te ruego y te suplico: acaba con mi dolor, apaga la llama de mi amor y haz que este pobre corazón atiborrado de melancolía descanse por el resto de mis días.