En las cálidas mañanas de primavera,
sueño contigo sin saber si aún me esperas.
Aguardando respuestas que nunca llegaron,
que duelen profundo, y nunca explicaron.
Me desmorona el alma esta incertidumbre,
y mi razón se ahoga en tu costumbre.
Siento que estoy más lejos de tu abrigo,
y más cerca del abismo de tu olvido.
El ocaso llegó con tu adiós silente,
desde entonces mi alma ya no es la de siempre.
Las tardes que juntos solíamos ver,
vuelan sin rumbo, sin nada que hacer.
Sus colores se han ido, como tu calor,
y el viento me lleva restos de tu voz.
El tiempo, tan cruel, sigue sin medida,
no respeta amores, ni cura la herida.
Ni el más leve intento de aquel corazón,
pudo salvarnos de la destrucción.
Y aunque me esfuerzo por no recordar,
tu sombra insiste en regresar.
Vuelvo a soñar contigo cada noche,
como si el alma no aceptara el reproche.
Y despierto con un nudo en el pecho,
preguntando qué fue lo que no hice derecho.
Con la mano al corazón, ya sin dolor,
te recuerdo entre angustia y un poco de amor.
Tal vez es confusa esta sensación,
ni yo misma entiendo tanta contradicción.
No sabría explicarte lo que sentí,
si ni siquiera lo entiendo en mí.
Pero sé que te amé en ese momento,
con todo mi cuerpo, sin fingimiento.
Y aunque ahora dudo de lo que pensé,
de lo que dijiste, de lo que juré,
tu piel quedó marcada en mi interior,
como tatuaje de un viejo amor.
A veces deseo no sentir tu esencia,
pero arrancarte sería una sentencia.
Porque aunque me duela, aunque quiera huir,
negar lo vivido sería mentir.
Autor
Karen Anahi Clemente Medina