No sé en qué momento dejaste de quedarte,
ni en qué momento yo empecé a esperarte.
Solo sé que hubo un tiempo
en que tu nombre hacía más ligero el día,
y ahora a veces pesa.
Quizás nunca fuimos lo que imaginé,
pero te quise como si pudiéramos serlo.
Y qué extraño es querer a alguien
y tener que aprender, poco a poco,
a vivir como si nunca hubiera estado.