Las decisiones correctas también duelen.
A veces creemos que si estamos haciendo lo correcto, debería sentirse bien.
Que tomar la decisión de alejarnos debería traer alivio inmediato.
Que poner límites, dejar ir o aceptar un final tendría que hacernos sentir fuertes desde el primer momento.
Pero no siempre es así.
Hay decisiones que sabes que necesitas tomar y aun así te rompen un poquito por dentro.
Decisiones que tomas llorando.
Con dudas.
Con miedo.
Con el corazón queriendo quedarse mientras tu mente te recuerda todas las razones por las que necesitas seguir adelante.
Y quizá eso es lo más difícil:
Saber que una decisión puede ser correcta y doler al mismo tiempo.
Puedes saber que mereces algo diferente y aun así extrañar aquello que estás dejando.
Puedes saber que alejarte es lo mejor y aun así desear que las cosas hubieran sido diferentes.
Puedes cerrar una puerta sin dejar de querer a la persona que está detrás de ella.
El dolor no siempre significa que elegiste mal.
A veces significa que aquello que estás dejando fue importante para ti.
Y no tienes que fingir indiferencia para demostrar que estás avanzando.
Puedes llorar y seguir adelante.
Puedes extrañar y no volver.
Puedes tener dudas y aun así mantener tu decisión.
Porque sanar no consiste en que deje de doler inmediatamente.
Consiste en aprender a no regresar solamente para dejar de sentir ese dolor por un momento.
Algún día mirarás hacia atrás y quizá entiendas por qué tuviste que elegirte.
Quizá agradezcas haber tenido el valor de cerrar una historia que todavía querías.
Y entonces comprenderás que aquella decisión no fue fácil.
Fue simplemente necesaria.
Porque a veces elegirte a ti mismo significa despedirte de alguien que todavía quieres.
Y sí…
las decisiones correctas también duelen.
Pero algunas heridas duelen mucho menos que pasar la vida sabiendo que renunciaste a ti para mantener algo que ya no podía darte lo que necesitabas. 🤍