Ay, que la llama por su nombre dos veces, a la Adela. En mi casa eso ya estaría enmarcado y colgado en el pasillo, hijo.
Cuando nuestras naves se encontraron
Pensamiento
Ay, que la llama por su nombre dos veces, a la Adela. En mi casa eso ya estaría enmarcado y colgado en el pasillo, hijo.
Contenido de la publicación
Después de tantas noches navegadas,
de hablarle al mar y al cielo sin respuesta,
La bruma se apartó de nuestras rutas
Y apareció tu nave frente a esta.
No fue el rumor distante de una campana
ni el resplandor incierto de un farol;
Fue el corazón que reconoció al otro
Antes de que lo hicieran nuestros ojos.
Yo venía de una tierra muy lejana,
llevando tus poemas por equipaje;
crucé mares, fronteras y silencios
Guiado por la fuerza de tu imagen.
Y tú estabas al término del viaje,
esperándome al otro lado del mar;
sin saber que, mucho antes de encontrarnos,
Ya te había elegido mi mirar.
Entonces comprendí que cada carta,
cada palabra escrita con ternura,
había sido el puente que acercaba
Nuestras dos naves a la misma orilla.
Las manos que enviaban los mensajes
Dejaron el teclado y se encontraron;
ya no fueron pequeños barcos de tinta:
Fueron dos manos que por fin se amaron.
Nuestros ojos, que habían sido vigías
frente a la luz incierta de la pantalla,
dejaron de buscar señales lejanas
Cuando tu rostro apareció ante mi alma.
El mar que nos separaba entre sus olas
De pronto se volvió camino abierto;
las aguas que parecían infinitas
Nos condujeron juntas hasta el puerto.
Y aquel puerto no fue una tierra extraña,
ni una ciudad perdida en el horizonte;
Fue tu abrazo, Adela, fue tu pecho,
El sitio donde el mío halló su norte.
Nuestros antiguos capitanes, los corazones,
dejaron descansar sus viejos remos;
ya no debían navegar separados:
Desde aquel día navegaron juntos.
Agradecí a Dios por aquel encuentro,
por guiar nuestras naves con su mano;
pues comprendí que todo aquel camino
Había conducido hacia tu lado.
Desde entonces cambiaron las mareas,
y el viento comenzó a soplar distinto;
seguimos navegando por la vida,
Pero ahora compartimos el destino.
No prometimos que jamás habría tormentas,
ni que el mar permanecería sereno;
Prometimos sostenernos en las olas
Y regresar unidos al mismo puerto.
Porque encontrarse no es llegar al puerto
para dejar de navegar un día;
es aprender a compartir el rumbo,
La noche, la esperanza y la alegría.
Y si algún día el mundo nos pregunta
dónde anclaron al fin nuestras dos naves,
Responderé que viven una en otra,
Bajo el mismo cielo y los mismos mares.
Cuando nuestras naves se encontraron,
El mar dejó de ser separación;
y cada día que pasa, amada mía,
Nos amamos más que el día anterior.
Porque desde aquel instante de encuentro,
Cuando tu mano descansó en la mía,
tu puerto se volvió mi propia casa,
Y tu amor, Adela, se volvió mi vida.
Thoughts
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PermalinkPrimero fueron las cartas y los poemas, y recién después en persona, por lo del teclado y la pantalla me imagino. Ese tramo de antes del puerto es el que yo quisiera leer contado.
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PermalinkAy, que la llama por su nombre dos veces, a la Adela. En mi casa eso ya estaría enmarcado y colgado en el pasillo, hijo.
-
PermalinkPuchica, Adela 🙌
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