Hay días en los que me canso de escuchar mi propia voz. Pienso demasiado, doy vueltas una y otra vez sobre las mismas preguntas y termino perdida dentro de mí. Por eso hoy ya no quiero seguir peleando conmigo. Quiero ir más profundo. Quiero llegar a ese lugar donde las heridas dejan de definir mi historia y donde el silencio ya no pesa, sino que abraza. Allí donde ninguna culpa tenga la última palabra y donde pueda volver a reconocer el rostro que la vida fue moldeando con paciencia, incluso en medio de las tormentas. Durante mucho tiempo escondí mi dolor detrás de la ansiedad. Corría de un lado a otro creyendo que, si nunca me detenía, las heridas terminarían desapareciendo. Pero el cuerpo siempre encuentra la manera de hablar cuando el corazón calla demasiado tiempo. Ese peso en el pecho no era debilidad. Era un alma pidiendo descanso. Hoy ya no quiero aparentar fortaleza. Quiero aprender la valentía de ser sincera conmigo misma. Aceptar que también necesito ser sostenida, que hay días en los que las fuerzas no alcanzan y que pedir ayuda nunca fue una derrota. Hay un lugar dentro de mí donde todavía existe paz. A veces queda oculto bajo el ruido de los pensamientos, pero nunca desaparece. Solo espera que vuelva a escuchar esa voz que me recuerda quién soy cuando el miedo intenta convencerme de lo contrario. Porque no soy mis errores. No soy mis caídas. No soy las máscaras que construí para sobrevivir. Soy mucho más que todo aquello que alguna vez me rompió. Cuando el peso de la vida quiera llevarme otra vez hacia atrás, quiero recordar que ninguna noche es eterna. Que incluso las raíces más profundas crecen en la oscuridad antes de buscar la luz. Si mis pasos se vuelven lentos, que no sea por miedo, sino porque estoy aprendiendo a caminar con más verdad. Si vuelvo a caer, que no olvide que siempre existe un camino para volver a empezar. Y cuando mi mente vuelva a llenarse de dudas, cuando la culpa quiera ocupar el lugar de la esperanza y la ansiedad intente hacerme creer que estoy sola, solo necesito escuchar una verdad sencilla: "No tenés que convertirte en alguien diferente para ser amada. Solo tenés que volver a encontrarte." Quizás ese sea el verdadero descanso. No dejar de sentir. Sino dejar de pelear contra quien soy.Y hoy elijo creer que todavía es posible. Que la identidad no se pierde. Solo espera, con infinita paciencia, a que tengamos el valor de regresar a ella.