El mar como personaje propio, que guarda secretos. Eso es. El agua lo sabe todo.
Cuando el mar desapareció
Un día, Gabriel se encontraba en la playa junto a su familia. De repente, sintió unas enormes ganas de meterse al mar. Su hermano menor quiso acompañarlo, pero Gabriel se negó porque tenía miedo de…
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El mar como personaje propio, que guarda secretos. Eso es. El agua lo sabe todo.
Contenido de la publicación
Un día, Gabriel se encontraba en la playa junto a su familia. De repente, sintió unas enormes ganas de meterse al mar. Su hermano menor quiso acompañarlo, pero Gabriel se negó porque tenía miedo de que pudiera ahogarse.
Muy molesto, le gritó:
—¡Vete! ¡No puedes estar aquí!
El pequeño, triste por el rechazo, regresó caminando por la orilla. En ese momento vio una pelota flotando en el ancho y profundo mar. Sin pensarlo dos veces, corrió para recogerla, pues quería llevársela a su hermano y así jugar juntos.
Sin embargo, una enorme ola cayó sobre él y lo cubrió por completo.
Gabriel se sintió culpable por haberle gritado de aquella manera.
Cuando regresó con su familia, encontró a su madre llorando desesperadamente. No sabía dónde estaba su hijo. Su padre, angustiado, le preguntó a Gabriel si sabía dónde estaba su hermano, pero él respondió que creía que estaba con ellos.
Ese día se convirtió en el peor de sus vidas.
Buscaron por toda la playa, pero no encontraron al pequeño. Horas después, un salvavidas encontró una pequeña sandalia que le pertenecía.
Su madre rompió en llanto al comprender que el mar se lo había llevado. Su padre también lloró desconsoladamente.
Gabriel quedó paralizado. Quería creer que todo era una pesadilla, un simple sueño, pero era la realidad.
Con el paso de los meses, sus padres cayeron en una profunda depresión. Gabriel no podía dejar de sentirse culpable. Una voz en su cabeza repetía constantemente:
"Es tu culpa... tú lo mataste."
El rencor hacia el mar crecía cada día más. Sentía que el agua le había arrebatado a la persona que más quería. En el fondo de su corazón conservaba una absurda esperanza: si algún día el mar desaparecía, tal vez podría encontrar a su hermano.
Un día regresó solo a la playa. Contempló el inmenso océano con rabia y lloró hasta quedarse sin lágrimas.
Cuando estaba a punto de marcharse, escuchó la voz de su hermano.
Se giró rápidamente, pero no había nadie.
Entonces caminó hacia el mar y gritó con todas sus fuerzas, suplicándole que le devolviera a su hermano.
Esa noche, mientras volvía a casa en autobús, se quedó profundamente dormido.
Al despertar, estaba en su habitación.
Sus padres encendieron el televisor y las noticias anunciaban algo imposible: toda el agua del planeta había desaparecido.
Gabriel no podía creerlo.
Lleno de esperanza salió corriendo de casa. En las calles veía personas desesperadas muriendo por la escasez de agua, pero en ese momento solo tenía un objetivo: encontrar a su hermano.
Llegó a la playa y encontró el fondo del mar completamente seco.
Entró corriendo mientras gritaba el nombre del pequeño.
A lo lejos distinguió una silueta que lo observaba.
Era él.
Gabriel corrió y lo abrazó con todas sus fuerzas.
—Perdóname por haberte gritado. Nunca más volveré a dejarte solo.
Pero el niño no respondió.
Gabriel intentó cargarlo para llevarlo a casa, aunque el pequeño se resistía.
Desesperado, le decía que sus padres estaban muy tristes y que debían regresar juntos.
El niño comenzó a llorar.
Gabriel lo abrazó aún más fuerte.
—Todo está bien. No llores. Tu hermano mayor está aquí.
El pequeño acarició suavemente su mejilla y, con una sonrisa triste, le susurró:
—Gracias... pero ya debes irte. Tú no perteneces aquí.
En ese instante, su cuerpo se desvaneció como si estuviera hecho de viento.
Gabriel entró en pánico.
Buscó a su hermano por todas partes, pero ya no estaba.
De repente, una gigantesca ola apareció de la nada y lo golpeó con fuerza, arrastrándolo hasta la orilla.
Cuando abrió los ojos, se encontraba en un hospital.
Todo aquello había sido un sueño.
Gabriel había sufrido un grave accidente y llevaba varios meses en coma.
Al despertar, lo primero que preguntó fue por su hermano menor.
Rompió en llanto.
Entonces sus padres entraron a la habitación y, detrás de ellos, apareció el pequeño.
Su hermano corrió a abrazarlo con fuerza.
Gabriel suspiró aliviado.
Toda su familia estaba reunida otra vez.
Sin embargo, poco después, las noticias mostraron que habían encontrado el cuerpo sin vida de un niño desaparecido.
Gabriel levantó la mirada hacia la pantalla y sintió que su sangre se helaba.
Aquel niño llevaba exactamente la misma ropa que el pequeño que había visto en su sueño.
Y por primera vez, dudó de si realmente había despertado... o si una parte de él seguía atrapada en algún lugar donde el mar nunca deja de guardar sus secretos.
Thoughts
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PermalinkAy dios mio
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PermalinkUna historia asi no termina ahi. Vas a escribir mas sobre Gabriel?
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PermalinkHermosa ficcion, eso de los sueños que pesan mas que la vida. Tienes mas cuentos por aca?
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PermalinkEl mar como personaje propio, que guarda secretos. Eso es. El agua lo sabe todo.
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PermalinkGabriel nunca dejó de sentirse culpable en realidad. La vida despierta no fue mejor que el sueño.
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PermalinkEso que escribiste del nene que no responde, que solo le dice vete... duele.
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