Yo no me voy a sentir bien en ninguna parte.
Recuerdo la historia de mi vida y me veo claramente:
inconforme, ofensivo, burlón, ridículo, bullicioso, absurdo, patético, altanero, grotesco, vulgar, tonto.
Siempre antagonizando, buscándome problemas para mí y para las personas obligadas por el universo
—por medio de la sentencia de consanguinidad—
a soportarme.
Ni siquiera tolerarme,
ya que soy completamente intolerable.
Además de risible,
nimio,
infantil,
irresponsable,
reprobable...Es absolutamente vergonzoso saber que a lo largo de mi vida
nunca he estado en un lugar que me agrade,
un lugar al cual no ofenda,
un lugar en el cual no me ridiculice.
La verdad, ya no importa
si la raíz del desagrado es la inconformidad,
si el resultado ahora, en este momento actual,
es simple y plenamente una vergüenza insoportable.
Vergüenza por ser lo que soy a plena vista.
Por haber sido lo que soy
sin haber sentido el peso aplastante
de parecer un estúpido ante la vida entera,
haciendo berrinches patéticos,
profiriendo ridículos insulto
contra todo lo que es y será siempre
superior a mí.