Mi ser respondía a tu voz, aquella que me era imposible desobedecer. Las manos, piernas e incluso el corazón temblaban de anticipación a tu presencia. Tenías tanto poder y autoridad sobre mí.
Cuando iniciamos no tenías nada y, aun así, me decías que mi amor te bastaba. Pero al rozar la fama y alcanzar el triunfo, todo empezó a caer y yo me arrodillé para agarrar los pedazos.
Abríste los ojos cuando ya todo estaba perdido, cuando yo ya me había ido.
Las maletas recogí y una nota te déjé. En un momento de sabiduría comprendí que tu engaño hacia mí no es algo con lo que tenga que vivir.
A todo esto, quiero admitir que mi corazón sigue latiendo por ti.