El texto pide un mensaje que diga que ella está feliz por ti, y a la vez explica por qué no va a llegar: su silencio aparece varias veces y siempre le das las gracias por él. Yo pasé un año esperando un mensaje parecido después de cortar algo largo, y cuando dejé de revisar el teléfono no fue porque llegara nada. Fue un martes cualquiera. Me da la impresión de que tú todavía estás en la etapa de revisar.
Círculos y Sandalos
El amor tiene por esencia demostrar que somos humanos: una sensación o, más que eso, un complejo camino de rodeos e inexplicables sentires. A veces de forma intensa y muchas otras de maneras…
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El texto pide un mensaje que diga que ella está feliz por ti, y a la vez explica por qué no va a llegar: su silencio aparece varias veces y siempre le das las gracias por él. Yo pasé un año esperando un mensaje parecido después de cortar algo largo, y cua
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El amor tiene por esencia demostrar que somos humanos: una sensación o, más que eso, un complejo camino de rodeos e inexplicables sentires. A veces de forma intensa y muchas otras de maneras antinaturales. Como las melodías de una canción, conexiones que pueden ser intensamente personales y otras más flexibles. Parecido al amar: no es la intensidad del momento, no es una efímera melancolía o un estallido de emociones perpetradas dentro de sí, no es una explosión que genera plenitud; al contrario, es la incomodidad de poder apreciar algo.
Como un suave jazz del que emana en su sonoridad el mágico piano y el teclado que sincronizan de forma pasiva con el intenso clarinete que, como un cisne en el momento más profundo del camino, empieza a llorar contando una historia de inestabilidad que muchos no aprecian. Como una montaña rusa, una vida llena de caídas y subidas donde solo unos cuantos interpretan la magia de esta sonoridad invasiva. El amor es eso; el querer muchas veces no es siempre la incondicionalidad que emerge de las costumbres o la creación del concepto del amar. Perspectivas hay miles, pero no una sola sensación que podamos explicar o por lo menos identificar específicamente. Creo que racionalizar esa sensación de estar enamorado es tan amable y cruel que solo la entendemos cuando no la sentimos.
La conformidad y soledad de acostumbrarse a un rostro es tan malévola como no entender la intensidad de lo que emana en nuestro organismo: desde los vacíos inexplicables al tener una mala noticia, hasta la magia indolora de reír cuando entendemos algo. Los momentos no son eternos, no son pasado ni recuerdo, son solo experiencias que con el tiempo reprimimos. Olvidamos que son algo único, algo que es irreversible. No vivimos de lo que vivimos. Entendí, en el egoísmo de la misantropía que padezco, que no todo se entiende hasta que se pierde o se aleja por justa causa. A veces los errores no son el reflejo de lo que eres, sino el reflejo de lo que no querías ser; un reflejo de lo que es la inseguridad de un cuerpo o una mente ambivalente. Es esa sensación que no todos viven pero sí juzgan en otras personas: el sufrimiento posterior a una ruptura o una pérdida. Comprendí que ese dolor es mucho más que un odio a sí mismo: es un odio a lo que no eres pero sí fuiste; simplemente es el sollozo de arruinar lo que es con lo que fue.
Te extraño, extraño lo que construimos. Mi dolor es como el llanto de un pájaro enjaulado. El retrato de lo que recuerdo y de lo que es ahora no me inspira más que indisposición al ver que no pudimos ir más allá por un error garrafal. Ese cabello violeta tan excéntrico y elegante que me generó convulsiones mentales al apreciar una rareza precisa y concisa, o esos ojos tan radiantes que palpaban mi alma cuando querían, que se adentraban en lo retraído de mi niño interior. Aunque tarde aprecié la vitalidad de la paz, no me arrepiento de sentir tristeza: eso significa que amé y amo lo que fuimos y pudimos ser. "Paz y amor" fue lo que me dije cuando el camino polvoriento que transitaba empezaba a dejar de soltar mineral y polvo, que no me dejaba visualizar la crueldad de no ver los errores, pero aún más de aceptarlos. La verdad es que digo tanto que no digo nada; solo cuando el alma habla no es posible solo describir una tristeza. Siempre todo da vueltas; no se cierra el círculo hasta que se acepte la realidad. No quería llegar a más, pero hay sucesos que nos hacen ser otra versión de nosotros, que nos hacen apreciar lo que era importante para nosotros. A día de hoy aún te pienso a diario y he hecho lo posible para no recaer en la inmadurez material de descuidar mi vida, de tener mi cuarto desordenado, de predisponer mis sentimientos o amargar lo que es felicidad. Ya no pegamos igual, pero sé que estarías feliz de saber esto. El espacio hace bien y mal, pero a veces solo quiero escuchar o leer un mensaje que diga "estoy feliz por ti", un mensaje que diga "quiero perdonarte y creer otra vez en ti". Eso es fruto de un imaginario impulsivo y egoísta de no saber que las cosas pueden terminar. A día de hoy no sales de mi mente; a día de hoy salí de mi zona de confort y perdí todo lo que quería construir. El ápice de perder un trabajo, un amigo, un proyecto de vida, es tan terrorífico que no se asimila aunque literalmente se esté en esa etapa. Creo que ha sido mucho para mí sin ti, una mujer que, como el sándalo, apaciguaba el hedor de mi vibra y complejidad. Como un libro abierto te expreso un poco de mí: de forma egoísta solo pienso en querer estar contigo, en poder sonreír más y salir de lo que es la irresponsabilidad sentimental.
Aún no hallo el orden de este escrito, pero lo que sí encuentro aún es mi amor por ti, aunque sea desagradable e incómodo insistir porque entiendo lo que es ser traicionado. Es un acto de inmadurez decir esto y expresar lo que visualizo. No hay oportunidades ni opciones, solo hay posibilidades de crecer de otra manera. Tu silencio fue tan hermoso que me hizo sentir algo más que amor y comodidad: me mostró que soy sensible. Extraño tu olor y energía, extraño la magia hogareña de tu ser. Admití el error de mentirme, valoré lo que es creer en un proyecto de vida a tu lado; me encantó hacer parte de noches grises y tardes de cansancio, y sobre todo lo raudo de poder viajar no solo a lugares inimaginables, sino viajar y transitar en algo más que el mundo.
Mi sándalo Violeta, mis ojos de miel, te extraño pero también gracias por dejarme caer tanto. Como un tarugo desencajado, sentí lo que es dejar de ser uno mismo y lo que es no hacer parte de algo. En mi momento más difícil me dejaste sabiamente. Te amo y te amaré siempre; tu silencio me hizo crecer y la pulsera en mi mano izquierda sigue rodeando mi muñequera. Espero estar listo para no verte más, aunque en el fondo quiero algo distinto. Gracias por ser quien eres. Tal vez en otro momento me perdones o quieras escucharme; solo te pido que sigas floreciendo como siempre lo hablamos: crece y sigue deslumbrando vidas.
Thoughts
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PermalinkElla se fue justo cuando tú estabas peor, me imagino, y por eso la carta le da las gracias y le reprocha lo mismo en dos frases seguidas.
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PermalinkLa pulsera. Uf!
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PermalinkAy, el pelo violeta. Una se acuerda de esas cosas mucho después de haber olvidado por qué se peleaban.
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PermalinkA ver, lo de entender el amor solo cuando ya no se siente lo firmo con cincuenta y ocho años encima. Menuda lección tan cara, y encima no se aprende una sola vez.
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PermalinkEl texto pide un mensaje que diga que ella está feliz por ti, y a la vez explica por qué no va a llegar: su silencio aparece varias veces y siempre le das las gracias por él. Yo pasé un año esperando un mensaje parecido después de cortar algo largo, y cuando dejé de revisar el teléfono no fue porque llegara nada. Fue un martes cualquiera. Me da la impresión de que tú todavía estás en la etapa de revisar.
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PermalinkQue después de todo le desees que siga floreciendo tiene mérito. A mi ex le deseé cosas bastante menos floridas, que conste!
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PermalinkLo del cuarto ordenado lo vi en un colega, tío. Cuando empezó a hacer la cama cada mañana supe que ya iba saliendo, aunque seguía hablando de ella a diario.
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PermalinkTerminar la carta pidiéndole que siga floreciendo, justo después de agradecerle que te dejara caer, es una despedida más generosa de lo que uno suele escribir tan cerca de una ruptura. Me recuerda a esas cartas que uno escribe para poder cerrar la puerta con cuidado y no de golpe. Gracias por seguir subiendo la serie aquí.
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PermalinkEn el texto anterior me quedé con lo de la pulsera, y ya veo que sigue en la muñeca izquierda, neta. ¿Esto lo escribiste antes o después de ordenar el cuarto?
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