Y hoy estoy acá, estática, hundida en este asiento,
esperando un milagro absurdo,
o esperando a que algo, por fin, se digne a suceder.
Una oportunidad real. O al menos un atisbo, un miserable grado de esperanza al cual aferrarme para no seguir cayendo.
Todavía no lo sé con certeza; solo quiero que algo se mueva, que algo estalle de una vez por todas.
¿O lo que estoy esperando en el fondo es a que mi vida vuelva a ponerse en movimiento?
Para poder sentirme plena, para sentir que al menos valgo algo, que soy alguien que importa en este mundo desalmado...
Raro, ¿no?
Pero la vida adulta suele reducirse a esto: a naufragar en la espera.