Un día como hoy me pregunto si la vida es para mí; me pregunto si en otra vida sería igual que hoy. Hoy tengo dudas sobre mí con frecuencia, tengo dudas del destino que me depara la acción de mis ocurrencias a las respuestas amargas de mis ideas. Hoy sé las respuestas que rodean a la persona que conecta palabras en una hoja, esa que sabe lo mucho que es y lo poco que ofrece. No me he ofrecido al mejor postor por no considerar que tengo valor, sabiendo que la mayor apuesta ganadora soy yo.
Vivir en un día como hoy es creer que en la vida existen los milagros, en que el cáncer tiene cura, en que los dolores sanan con un cálido beso, en que las risas detienen una bala. ¡Sí! Los días que forman la línea del tiempo actual determinan que la tormenta se mantendrá hasta que el pronóstico crea en que el día será soleado, aunque no lo vea en las estadísticas de hoy. La realidad me limita a pensar en lo irreal, no me da tiempo de soñar despierta, no está permitido en el lenguaje de la humanidad; pero vende en el instante en que demuestras con hechos lo que decían que era tema de psiquiátrico. A mí me han tratado en ocasiones, pero los medicamentos no hacen efecto alguno. Cuando piensas diferente escuchas las opiniones, pero jamás dejas la tuya; cuando percibes la verdad y confirmas la mentira, todo cambia, algo muere, pero nadie te ve igual: solo eres un loco más para la vista corta de los demás.
Hoy me siento tan mal como ayer, solo que puedo pensar más claro sobre lo que soy y creo. Pendiente de los deseos, destruyo la magia de su máximo poder, de su máximo nivel. ¡Qué pobre fui al pensar tan mal de mi locura actual!