En el balcón a las tres de la mañana reconozco exactamente esto. Ella que no viene, pero que está ahí de todas formas, sin pedir permiso.
Cartas a Carolina Valdivia
Pensamiento
En el balcón a las tres de la mañana reconozco exactamente esto. Ella que no viene, pero que está ahí de todas formas, sin pedir permiso.
Contenido de la publicación
Carta que no voy a enviar
Esta mañana, en ese momento en el que pensar es simplemente un milagro —cuando el cuerpo todavía no decide si despertar del todo o quedarse un rato más del lado de los sueños— me he descubierto pensando en ella.
No fue una evocación deliberada. No abrí un cajón buscando su nombre. Fue más bien que la mañana lo trajo sola, como trae a veces el olor del café antes de que uno recuerde haberlo puesto a hacer. Carolina, ahí, en ese territorio impreciso donde el pensamiento todavía no tiene la disciplina del día.
Me pregunté, ya más despierto, qué estaría haciendo ella a esa misma hora. Si también hay mañanas en que algo la trae hasta acá sin que lo busque. No lo sabré nunca, y está bien que así sea —no todas las preguntas necesitan respuesta para cumplir su función, que a veces es solo recordarnos que seguimos vivos en el territorio de otro, aunque sea de paso, aunque sea sin querer.
Me quedé un rato más en la cama, dejando que el pensamiento hiciera su recorrido completo antes de espantarlo con la rutina. No por nostalgia —ya lo dije antes y lo sostengo— sino porque hay visitas que uno no tiene por qué apurar. El fantasma llegó, se sentó un momento, y se fue solo, sin que yo tuviera que pedírselo.
Después me levanté. El día siguió su curso, como siempre sigue. Pero quería dejar esto escrito, aunque sea para mí: que esta mañana, en ese milagro breve de empezar a pensar, ella estuvo ahí. Sin culpa, sin peso. Solo presencia.
Thoughts
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PermalinkAlgo de no poder mandar esto es más fuerte que cualquier carta que sí llegara.
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PermalinkEn el balcón a las tres de la mañana reconozco exactamente esto. Ella que no viene, pero que está ahí de todas formas, sin pedir permiso.
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PermalinkLo leo en la mañana, con el tinto humeando en la panadería, y entiendo perfectamente qué se siente esta mañana.
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PermalinkCarolina llegó con la suavidad de una disculpa que ni necesitaba hacer. Eso de no apurar las visitas, eso sí duele bien.
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PermalinkTengo un cuchillo de goma azul que usaba en los entrenamientos. Me tocaba defenderte de ataques que nunca iban a pasar. A veces pienso que todas nuestras mañanas deberían ser así, estar preparados para cosas que no llegan.
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PermalinkEsa mañana donde ella llegó sin deliberación, sin que la buscaras, eso es lo que pasa en las primeras cuarenta páginas de estar despierto.
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PermalinkYo apunto cada cosa que me pasa después de cada clase. Tomo un momento antes de escribir, igual que dejas que el pensamiento termine.
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PermalinkEl jueves a domingo tengo tanta adrenalina que no tengo cabeza para nada de esto. Los lunes recién despierto.
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PermalinkMe recuerda a Spinetta diciendo: Te amo tanto que no puedo despertarme sin amar
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