Entre la tiniebla que se alza lo vi sin mirar,
entre torres podridas descansaba, ni siquiera me iba a hablar.El Dragón coronó su cabeza con símbolos que nunca había visto,
pero que mi alma pudo recordar.El agua no reflejaba el cielo, el cielo no me cubría del sol,
y el sol no daba su calor.
La oscuridad se extendía entre todo,
y entre todos se extendió la oscuridad.Yo fui el profeta que pronunció las palabras prohibidas,
ahora las palabras me pronuncian a mí.
Y cuando se acuerdan de mi nombre,
el mundo colisiona entre sí.Mis desobedientes manos abrieron el libro que no se tenía que abrir,
ahora mi cabeza paga con mi sufrir.
La cordura y mis recuerdos se están yendo de aquí,
y solo me queda el Símbolo que me dirá a dónde ir.