CAPÍTULO XXIV: EL AMOR NO BASTA. #demoliendofrasesvacias
CAPÍTULO XXIII: SÉ TÚ MISMO
Pensamiento
CAPÍTULO XXIV: EL AMOR NO BASTA. #demoliendofrasesvacias
Contenido de la publicación
Lo dicen como si fuera una instrucción sencilla. Como si dentro de cada persona existiera un “yo verdadero”, perfectamente definido, esperando a que alguien le quitara el miedo y lo dejara salir.
Pero ¿Cuál de todos?
El que soy cuando estoy solo. El que aparece con mis amigos. El que conocen mis padres. El que aparece cuando tengo miedo. El que soy cuando estoy enojado. El que fui hace diez años. El que intento ser ahora. ¿Cuál de todos cuenta como el verdadero?
Porque no soy exactamente la misma persona en todos esos lugares. Y no creo que eso signifique necesariamente que esté fingiendo.
Hay partes de mí que solo aparecen cuando me siento seguro. Otras aparecen cuando tengo miedo. Hay cosas que pienso hoy y que dentro de cinco años quizás me parecerán absurdas. Hay decisiones de las que me siento orgulloso y otras que todavía me cuesta recordar. Hay versiones de mí que extraño y otras de las que agradezco haberme alejado.
Entonces, ¿Cuál debería ser yo?
Quizás el problema está en pensar que tenemos que encontrar una versión definitiva de nosotros mismos. Como si crecer consistiera en descubrir quién somos de una vez y mantenernos iguales para demostrar que somos auténticos.
Pero cambiar de opinión no siempre es falta de identidad. A veces significa que aprendiste algo. Cambiar de amigos, de sueños, de prioridades o incluso de forma de pensar no significa necesariamente que hayas dejado de ser tú. Puede significar que ya no eres quien eras.
Y eso también es ser tú.
Durante mucho tiempo creemos que conocernos significa poder describirnos con unas cuantas palabras: soy así, me gusta esto, nunca haría aquello. Construimos una definición de nosotros mismos y después pasamos años intentando no contradecirla.
Pero la vida contradice nuestras definiciones.
La persona que juró que jamás perdonaría puede terminar perdonando. La que decía que nunca se iría puede marcharse. La que estaba segura de saber qué quería puede descubrir que no tenía idea. La que pensaba que jamás podría superar algo puede un día darse cuenta de que ya no le duele de la misma manera.
¿Fue falsa aquella versión anterior?
No necesariamente.
Era quien eras con lo que sabías entonces.
Y quizás deberíamos tener un poco más de compasión por las personas que fuimos. Es fácil mirar una decisión antigua desde el conocimiento que tenemos ahora y preguntarnos cómo pudimos ser tan ingenuos, tan impulsivos o equivocados. Pero aquella versión de nosotros no conocía el final. Tomó decisiones con las herramientas que tenía.
Algunas partes de mí todavía me gustan. Otras todavía estoy intentando entenderlas. Hay errores que ya puedo mirar sin vergüenza y otros que todavía me incomodan. Hay rasgos que quiero conservar y otros que estoy intentando cambiar.
Y cambiar también puede ser una forma de ser fiel a uno mismo.
Porque “sé tú mismo” no debería significar “no cambies nunca”. A veces ser tú mismo significa precisamente reconocer que algo de ti necesita cambiar.
Si soy una persona que hiere cuando está enojada, ¿debería decir que esa es simplemente mi personalidad y aceptarlo? Si tengo miedo de intentar algo nuevo, ¿debo convertir ese miedo en una identidad? Si una versión de mí ya no representa lo que quiero ser, ¿por qué tendría que permanecer allí solo para demostrar coherencia?
No quiero utilizar la autenticidad como excusa para no crecer.
Quiero poder decir: “Esto también soy yo, pero estoy trabajando para que deje de serlo”.
Porque quizás ser auténtico no consiste en aceptar cada parte de nosotros como inamovible. Consiste en reconocerlas sin mentirnos y decidir qué hacemos con ellas.
Somos contradicciones. Podemos ser generosos y egoístas. Valientes en unas situaciones y cobardes en otras. Podemos querer profundamente a alguien y aun así equivocarnos con esa persona. Podemos saber qué debemos hacer y tardar meses en hacerlo. Podemos tener buenas intenciones y causar daño.
No somos personajes escritos de una vez.
Somos personas.
Y las personas cambian.
Por eso ya no quiero que me pidan simplemente que “sea yo mismo” como si yo fuera una cosa terminada. Todavía estoy descubriendo qué partes de mí quiero conservar, cuáles necesito dejar atrás y cuáles ni siquiera conocía.
Quizás crecer sea precisamente eso: conocer a alguien nuevo cada vez que te miras al espejo y descubrir que ese alguien, a pesar de todo lo que ha cambiado, sigues siendo tú.
No tengo que encontrar una versión definitiva de mí.
Tengo que aprender a reconocerme mientras cambio.
Porque quizás ser tú mismo no significa permanecer igual.
Quizás significa poder cambiar sin dejar de sentir que la vida que estás construyendo sigue siendo tuya.
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Thoughts
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Fijado por quien publicó
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PermalinkMe quedo dudando con tu lista del que soy solo, con amigos, con mis padres. La pones como si todas esas versiones salieran de adentro, y varias las arman los demás: el que conocen tus padres es en buena parte lo que ellos esperaban ver, y uno se acomoda. Ahí el cambio que defiendes al final se complica, porque no siempre sabe uno si está creciendo o solo cambiando de público. Apuesto a que el del amor que anuncias abajo tropieza con lo mismo.
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Lo dicen como si fuera una instrucción sencilla. Como si dentro de cada persona existiera un “yo verdadero”, perfectamente definido, esperando a que alguien le quitara el miedo y lo dejara salir.