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Capítulo Cinco: El concurso de rock and roll

CarlosResendiz
Pensamiento

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guanabana

Renato ya van dos veces que se calla lo de Rodrigo, y encima le dice a Ramón que lo notó tranquilo. Lo hace por cuidar al grupo, cachai, pero ese silencio es justo la grieta que Glenda andaba buscando. A los Panteras les va a doler más eso que la oferta m

Renato ya van dos veces que se calla lo de Rodrigo, y encima le dice a Ramón que lo notó tranquilo. Lo hace por cuidar al grupo, cachai, pero ese silencio es justo la grieta que Glenda andaba buscando. A los Panteras les va a doler más eso que la oferta misma, po.

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Capítulo Cinco: El concurso de rock and roll

Pasó este fin de semana y el lunes ocho de agosto me dirigí al salón; iba muy contento y cantaba “El Tigre” de César Costa:

—Cuando veo una nena, yo me siento mal…  (♫). 

Me senté, había pocos compañeros y Patricia entró también. En ese momento me acerqué, la besé en la mejilla y le dije:

—Lo prometido es deuda y aquí tienes tus dos casetes; traje mi grabadora para que los escuches.

Le puse los audífonos en sus oídos y ella sonrió; al escuchar la primera melodía, sus ojos le brillaron, poniéndose bastante alegre:

—¡Qué lindo, Alfonso, esto se oye muy bien!...

Comenzó a tararear “Al compás del reloj”, de Bill Haley, y me encantaba verla feliz, y ese momento para mí era especial. (♫). 

—¡Alfonso, cantas bonito y pronuncias perfectamente el inglés! ¡Eres un amor!

Dejé que oyera más canciones y le dije:

—Los dos casetes son tuyos, escúchalos cuantas veces quieras y, si deseas llevarte la grabadora… 

Me quedé con la frase inconclusa porque Maritza entró al salón, saltando y cantando una tonadilla de niña:

—¡Soy una panterita…! ¡Soy una panterita!...

Las dos se abrazaron y Patricia le preguntó:

—¿Panterita? ¿Por qué, mi querida amiga?

—¡Qué emoción, los muchachos me hicieron una integrante de Los Panteras Negras y me siento tan feliz!

—¡Oye, qué bien! ¡Te felicito!

Maritza le platicó todo lo del Salón Imperio (menos los besos), y le preguntó si oyó su mensaje.

Patricia le preguntó extrañada:

—¿Cuál mensaje, mi hippie consentida? 

Maritza tomó la grabadora y lo buscó y, al hallarlo, dijo:

—¡Pues este, a ver qué te parece!...

El ambiente se llenó de su aguda vocecita:

—¡Patty, soy yo, Maritza! ¡Estoy cuidando a los chiquillos para que se porten bien! ¡Te mando un beso y espero que te gusten nuestras canciones! ¡Baaayyyy!

Patricia rió ante su espontaneidad. A mí me prometió que iba a escucharlos porque yo se los había dado y sus amigos cantaban ahí.

Entraron Renato, Carlos, Roberto y Ramón, nos abrazamos y le dijimos a Patty que la fiesta había sido un éxito. 

Maritza volvió a cantar “Soy una panterita”, por lo que reímos.

Estábamos felices y teníamos muchas anécdotas que contarle, y nos hubiéramos ido a la cafetería, ya que el evento estuvo sensacional.

Pero nos detuvo la clase de la profesora Virginia; estaba a punto de llegar, pues siempre era puntual. Oímos ruidos y nos sentamos.

La que entró fue Glenda; llevaba la nariz cubierta con una gasa blanca y tela adhesiva.

Patricia se puso en guardia y, sin amilanarse, le sostuvo firme y retadoramente la mirada. La rubia se acercó a Maritza y le dijo:

—A ver, tú, piojosa, cámbiate de lugar, vete a mi pupitre y yo me iré al tuyo. Detesto estar cerca de ese grupo de… de aquí.

Maritza, sin acobardarse, se le paró enfrente y con los puños cerrados le contestó: 

—Mira, güerita, a mí me hablas bonito, o además de que tengas la nariz rota, te van a faltar todos los dientes de enfrente. ¿Qué dices?

Glenda se quedó sorprendida por la contundente contestación y, sin saber qué decirle, se tragó su coraje. 

Janis fue a su pupitre, tomó su bolso y le dijo:   

—¡Aunque es una buena idea que te largues al rincón! ¡Yo voy a estar mejor cerca de mis amigos, por lo que vete para allá!

Haciendo bilis, la rubia se fue al lugar de Maritza, al lado de la puerta, y de pronto entró la profesora Virginia.

Ella la miró y con un gesto autoritario le ordenó:

—¡Glenda, ponte de pie…!

Todos se quedaron callados porque se avecinaba una fortísima tormenta y la tensión creció al máximo.

La aludida lo hizo de mala gana y la maestra prosiguió:

—¡El berrinche que hiciste y el portazo son imperdonables, y debiste haber reconocido que Patricia tenía razón, pero te negaste a aceptarlo! 

Glenda agachó la cabeza y la profesora siguió diciendo:

—Pero lo peor fue lo que le estuviste diciendo afuera del salón, y por ese bullying bien te mereces que te expulse de la escuela.

—¿¿¿Quééééé…???

Al escucharla, Glenda sintió que el piso le daba de vueltas, y la maestra continuó:

—Pero al ver que recibiste tu castigo, solo por esta vez me voy a detener, y Patricia queda perdonada por haberte roto la nariz. 

Señalándola con su dedo huesudo, exclamó:

—¡Pero quedas advertida, si la molestas otra vez, yo misma te corro de la escuela de inmediato!

La maestra miró a los que querían golpear a Renato, y dijo:

—Y me enteré por una alumna de otro salón que hay cinco que se enfrentaron con sus compañeros del grupo.

Ellos tuvieron miedo; nosotros sentimos un temor que recorrió el ambiente y la profesora Virginia sentenció:

—Buscaron pelea y me van a dar una explicación al rato, y los que fueron agredidos también quedan perdonados. 

La profesora Virginia miró a Glenda y a los cinco, y rugió:

—¡Que les quede claro a ustedes, especialmente a ti, Glenda, si alguno vuelve a burlarse de Patricia, se va expulsado del CCH!

Respiramos tranquilos porque tanto a Patty como a nosotros la maestra tuvo misericordia, y los agresores agacharon la cabeza.

Habiendo dicho esto, comenzó la clase; Patricia participó de una manera muy activa, como la lumbrera del salón que ella era. 

¡La rubia se conmocionó al ver que Renato empezó a apoyar a Patty y reían, felicitándola por sus planteamientos algebraicos!

—Mi querida Patricia, te agradezco tus geniales explicaciones, ya que eres la mejor de la clase sin lugar a dudas.

—Gracias a ti, mi amigo, porque con tu valiosa ayuda pudimos resolver juntos el teorema.

Glenda entró en un fuerte shock, se llevó las manos a la cabeza y pensó totalmente consternada:

—¡Esto es imposible! ¿Qué es lo que estoy escuchando? ¿Qué le sucede ahora a Renato? ¿Acaso se ha vuelto loco?

Comenzó a llorar en silencio, la cabeza le daba vueltas y estaba sin comprender qué cosa es lo que había pasado. 

Sintió un vuelco en el estómago al ver que Renato la miraba de reojo y riéndose en su cara. Empezó a plantearse varias interrogantes:

—¿Por qué la profesora le dio la razón a la Chuleta? ¿Por qué Renato le habla bien? ¿Por qué la mugrosa hippie se hizo amiga de esa gentuza?...  

Terminó la clase y la rubia miró cómo Patricia salía del salón, abrazando mi brazo derecho y a Renato su brazo izquierdo.

¡Todo su mundo había cambiado en su ausencia!  

Los cinco agresores hablaron con la profesora Virginia y dijeron que se iban a portar bien, sin causarnos más problemas.

 

Fuimos a la cafetería y pedimos hamburguesas con queso, papas a la francesa, Pepsis y malteadas. Estuvimos festejando a lo grande.

Patricia estaba satisfecha al ver que Glenda recibió una buena reprimenda y una advertencia ejemplar.

Nunca antes se había sentido tan feliz; pusimos los casetes y la cafetería se llenó de rock and roll. 

Varios alumnos se acercaron preguntando que quién era el grupo que tocaba tan bien, y Maritza les contestaba alegre: 

—¡Pues nosotros!...

Patricia felicitó a Maritza por su hermosa voz y su manera tan prodigiosa de tocar sus instrumentos, y Janis le agradeció apenada. 

Nos contó que la pasó muy bien con sus padres y nos extrañó, y que descansaron, nadaron mucho y comieron delicioso.

Maritza le platicó, con su chispeante forma de ser, los XV años, que le negaron la entrada y del éxito con las mujeres que tuvo Renato.

Patty rió bastante, Janis omitió contar el momento de los besitos y me salvé de ser avergonzado y que los Panteras me hicieran bromas.

Renato nos dijo que su hermanita Rosita estaba mejor y le dio un cariñoso beso de agradecimiento en la mejilla a Patricia. 

Así, pasó el tiempo con buena música, animada plática, muchas risas, bromas y agradable convivencia en nuestro panterístico grupo.

Renato se levantó para ir a los sanitarios y exclamó: 

—Regreso, voy a regar un eucalipto que lo veo medio seco.

Todos soltamos la carcajada ante su ocurrencia y Janis le dijo con una sonrisa divertida:

—¡Ve con cuidado, chicuelo, y que todo te salga bien!

Se dirigió a los sanitarios y todavía escuchaba a lo lejos nuestras risas… Glenda, enojada, le cerró el paso y le reclamó:

—¡Renato! ¿Cómo es posible que le estés hablando bien a la Chuleta? ¿Por qué te estás rebajando así ante la mascota del salón?

Renato la interrumpió de manera cortante, la miró directo a la cara mostrando su molestia y le dijo:

—¿Qué te importa lo que haga o a quién le hable? ¡Te prohíbo hablar mal de Patricia! ¿Entendido? ¡De hoy en adelante la respetarás!

—¿Qué te pasa? ¿Qué te dio la miserable gorda para que hayas cambiado? ¿Es bruja, o que hizo para que le hables bien?

Tratando de controlar su coraje, Renato entró al baño, dejando a la rubia con la palabra en la boca, toda confundida y avergonzada.

Glenda, hecha una furia, apretó los puños y salió rápidamente de la cafetería.

Cuando él regresó a nuestra mesa, suspiró y exclamó:

—¡Listo, fui a mi arbolito y ya lo regué!

Seguimos haciendo bromas al respecto. Prudentemente, omitió hablarnos sobre Glenda y siguió haciéndonos reír con sus ocurrencias.

Solo a mí me lo contó posteriormente y seguimos comiendo, en gran camaradería y escuchando nuestro rock and roll. 

Ninguno de nosotros se percató de que Glenda nos contemplaba con coraje a través de los ventanales amplios, a la vez que pensaba:

—¡Desgraciada cerda, se ve tan contenta con ellos, y de alguna manera se ganó a Renato y a la piojosa hippie! ¡Sigo sin entender qué fue lo que pasó!

Retirándose del ventanal, agachó la cabeza y murmuró:

—¡Haré hasta lo imposible para que la infeliz Chuleta pague caro esta humillación y va a derramar sus lágrimas con amargura! 

Caminó hacia la salida del CCH, miró al cielo y dijo:

—¡Juro que va a llorar, pues verá que de mí nadie se burla!

 

Esta noche, Patricia y sus papás estaban cenando, a la vez que escuchaban los casetes de rock and roll, y don Ernesto exclamó:

—¿Ellos son Los Panteras Negras…? ¡Pero si se oyen bien!

Doña Ana mordió un poco de carne y comentó sorprendida:

—¡Tus amigos y Maritza cantan y tocan muy bonito, hija! 

—Pronto los van a conocer en persona, ya que van a venir para pedirles si me dan permiso para ir al concurso de rock de la UNAM. 

Don Ernesto dijo satisfecho mientras que tomaba su café:

—¡Así me gusta, que sean caballeritos y que nos pidan permiso, porque eso habla bien de ellos y están dando una buena impresión!

Patricia sonrió; le agradaba la idea de que sus padres conocieran a sus nuevos amigos y todos los nubarrones del pasado se alejaron. 

 

Transcurrió la semana y Glenda estuvo al margen; tomaba sus clases y se iba, porque lo que menos quería era tener problemas.

Los Panteras, junto con Patricia y Maritza, nos reuníamos en la Biblioteca para realizar tareas y preparar los exámenes semestrales.

Estábamos por acabar el cuarto semestre del CCH, y faltaba un año para entrar a la UNAM.

En las tardes, los Panteras ensayábamos en la bodega porque se acercaba el concurso de rock and roll.

Maritza dejó de acompañarnos a tocar por el miedo a regresar allá, pero iba a estar presente en el evento con sus amigas hippies. 

Patricia se pasaba todas las tardes preparando sus exámenes y en sus ratos libres escuchaba una y otra vez los casetes de rock and roll.

El panorama en su vida había cambiado; tenía grandes y leales amigos y el triste recuerdo de Eusebio se había quedado en el olvido.

Ensayamos todos los días y, entre las clases, estudios, exámenes y mucho rock and roll, llegó el martes 16 de agosto de 1977.

Este fue un amargo día y que jamás lo vamos a olvidar, por un funesto suceso que nos golpeó hasta el fondo de nuestra alma.

Practicamos con una profunda tristeza y nos pusimos a llorar… Ese día había muerto el rey del rock: Elvis Presley.

Escuchamos la música del Rey, y conversamos de su vida y del invaluable legado musical que había dejado.

Los Panteras Negras estábamos de luto... ¡Elvis era nuestro gran ejemplo a seguir en el rock junto con Los Beatles! 

Patricia y Maritza estaban tristes por nosotros y comentaron: 

 —Es lamentable lo de Elvis, pero los Panteras seguirán adelante honrando su memoria con su música, como buenos rocanroleros.

Carlos lo hizo a su manera, ya que muchas veces él se hacía llamar Charly Elvis Rocker.

En la tarde, Patricia comía con sus padres y platicaron acerca del fallecimiento del rey; ella comentó:

—Los Panteras Negras están tristes por la muerte de Elvis. 

Don Ernesto cortó su bistec y exclamó:

—Deja de preocuparte, hija, verás que pronto se van a reponer del deceso del más grande rocanrolero de todos los tiempos. 

Se le quedó mirando a Patty y le preguntó:

—Por cierto, ¿ya te dijeron cuándo van a venir a pedirnos el permiso para que vayas con ellos?

—El domingo 21 va a ser el concurso y ellos quieren venir un día antes, el 20, que es sábado. ¿Qué dicen, les digo que sí?

Doña Ana intervino alegre:

—Está bien, hija, que vengan; te preguntamos para arreglar la casa y para prepararles una comida que les va a gustar…

 

Llegó el día 20. Patricia nos llevó a su hogar a Maritza, Renato, Carlos, Roberto, Ramón y a mí; entramos y saludamos a sus papás.

Don Ernesto era un hombre alegre y bonachón; doña Ana era muy simpática. Nos presentamos y les dio gusto que estuviéramos con ellos. 

Él nos miró sonriente y acto seguido exclamó:

—¿De modo que ustedes son Los Panteras Negras, los amigos de mi hija? ¡A esta linda niña llamada Maritza, ya la conocemos!

Para evitar ser carga, trajimos una enorme gelatina de sabores, una cubeta con helado de vainilla y un pastel de chocolate. 

Al ver esto se quedaron asombrados, y doña Ana nos preguntó:

—¿Y esto que trajeron? ¡Pero ustedes son nuestros invitados!

Patricia se emocionó muchísimo cuando Renato dijo:

—Los trajimos para festejar que Patty es nuestra querida amiga y que nos va a acompañar al concurso de rock and roll. 

Yo intervine diciendo:

—¡Esta es una fiesta de bienvenida que le haremos ahora!

Janis se alegró y la abrazó; le dijo que entre las dos apagarían las velas del pastel de chocolate.

Esto les encantó tanto a sus papás de Patty que nos recibieron con los brazos abiertos; sus sonrisas eran más que evidentes.

Nos sentamos a la mesa para saborear una rica sopa de verduras, pierna al horno, puré de papa y Pepsi Cola.

Platicamos animadamente con ellos, habíamos roto el turrón y Renato, después de masticar un poco de pierna al horno, exclamó:

—Don Ernesto, doña Ana, el motivo por el cual estamos aquí es para pedirles su permiso de que Patty nos acompañe al concurso de rock and roll de la UNAM.

Luego de tomar un trago de su Pepsi, prosiguió:

—Los Panteras Negras estamos invitados y el ganador se llevará una guitarra eléctrica. Mire la invitación.

Don Ernesto leyó la carta del rector, levantó las cejas y dijo:

—¿Una guitarra eléctrica? ¡Eso es formidable!

—Tenemos la esperanza de que seremos los vencedores. Patty y Maritza nos van a apoyar en la Sala Magna donde vamos a tocar.

Alegre, don Ernesto exclamó mientras se servía más puré:

—Ustedes tienen muchas posibilidades de lograrlo; ya oímos los casetes que le dieron a mi hija y reconozco que son muy buenos.

Halagados, sonreímos y le dimos las gracias, y yo comenté:

—Vamos a traer un Chevrolet 1964 y recogeremos a Patty aquí y, cuando se acabe el concurso, la dejaremos en las puertas de su casa. 

Haciendo un ademán de vigilancia, Renato agregó:

—¡Les prometemos que la vamos a cuidar como a la niña de nuestros ojos, la protegeremos y se la entregaremos sana y salva!

Ellos rieron y gustosos la dejaron ir. Don Ernesto exclamó:

—Por favor, les encargamos mucho a nuestra hija, porque esta va a ser su primera salida de casa con un grupo de amigos. 

Al momento del postre pusimos el pastel y encendí una vela que tenía un corazón; la enterré un poco en medio y yo le dije a Patricia:

—Patty, con este pastel, Los Panteras Negras te festejamos tu fiesta de bienvenida y te recibimos como nuestra querida amiga. 

Renato secundó mis palabras, diciendo:

—Vamos a convivir contigo y siempre te vamos a llevar a los conciertos, además de que estudiaremos todos juntos. ¿Qué te parece?

Emocionada, se puso a llorar, y doña Ana, llena de ternura, la abrazó, y don Ernesto estaba que derrochaba alegría al ver todo eso. 

Entre Janis y ella soplaron la vela. Los papás de Patricia estaban contentos al ver que realmente queríamos a su hija.

Don Ernesto sacó su guitarra de madera y Renato cantó varias canciones; pasamos una tarde formidable y nos despedimos de ellos. 

Los Panteras Negras pasaríamos al día siguiente por Patricia y Maritza nos alcanzaría en la UNAM con sus amigas hippies…

 

Al día siguiente, el día del concurso, la Janis se reunió con su grupo de las psicodélicas y Susy Quo se organizó con sus amigas. 

Nosotros, hechos un mar de nervios, subimos al Chevrolet 1964, pasamos a recoger a Patricia y pronto llegamos a la Universidad. 

Pronto, estacionamos el coche muy cerca del Aula Magna.

Maritza y Susana entraron y les asignaron sus lugares cerca del escenario. Las hippies eran cuarenta y Susy trajo treinta mujeres.

Patricia se sentó en medio de Susy y Janis. Nosotros nos metimos a un camerino para esperar nuestro turno de participar.

De pronto, escuchamos risas y burlas detrás de nosotros y nos quedamos extrañados, pues hablaban mal de Los Panteras Negras:

—¿Y a esos fantoches quién los invitó? ¡Ja, ja, ja…!

Un grupo de rock de la Preparatoria 7 se mofaba de nosotros al ver las guitarras de madera con amplificadores adaptados.

Ellos nos mostraron sus preciosas guitarras eléctricas, que eran una maravilla, y conservando la calma ignoramos su provocación:

—¡Estas sí son de verdad, montón de novatos farsantes! 

Eran Los Rockets Cats, más famosos que Los Panteras Negras, y grabaron dos discos sencillos y un long play que presumían mucho.

Evitamos que sus éxitos nos intimidaran; sabíamos nuestra valía y que con nuestras guitarritas de madera haríamos grandes cosas.

Y comenzó el evento... Después de un discurso del rector de la UNAM sobre los valores de la juventud, Maritza les dijo a Patricia y a Susana:

—¿Ese viejo cotorro que está hablando es el rector? ¡Vaya, que deje de decir tanto rollo, que ya me estoy durmiendo!

Patty y Susy rieron ante su comentario. También ellas estaban aburridas por tanto parloteo y ya querían que empezara la música.

Luego presentaron al jurado y exhibieron el premio que iban a otorgar para el conjunto ganador del primer lugar… 

¡Una guitarra Gibson recién salida de la fábrica, rocanrolera y de color amarillo!

Los ojos se nos salieron al ver esta preciosidad que brillaba en tonos canarios, dorados y negros.

Sus cuerdas nuevecitas refulgían en destellos que nos invitaban a arrancarles varias notas musicales.

Los participantes se iban a llevar una constancia, un diploma otorgado por la UNAM, y que venía con la firma del rector. 

Pero el objetivo principal era obtener la guitarra eléctrica y el enorme prestigio del primer lugar que daba la universidad.

Pasaron Los Dinámicos, con “La Marcha de los Santos” (♫) y Los Roonters, con “Satisfacción”, de Los Rolling Stones. (♫).  

Renato fue al Chevrolet a recoger un aparato que se le olvidó y de regreso se topó con Rodrigo Rivas, el líder de Los Rockets Cats, quien le dijo:

—Oye, Renato, manda a volar a ese grupo de perdedores y ven con nosotros para rocanrolear como tú te lo mereces.

—¿Cómo…? ¿Qué estás diciendo?

—Con ellos vas a fracasar, eres un excelente músico y te estás desperdiciando. Únete a Los Rockets Cats, pues somos profesionales.

Renato se sintió molesto y respondió:

—Espera, Rodrigo, reconozco que tu grupo es excelente, pero jamás traicionaré a mis amigos que me lo han dado todo.

—Piénsalo, Renato. ¿O prefieres seguir en la mediocridad, o te unes a nosotros para ser un cantante exitoso? Te lo dejo de tarea…

Rodrigo se alejó; Renato desechó la idea y nunca iba a traicionar a sus sinceros y leales amigos, y decidió evitar decirnos de todo esto.

 

El tercer grupo fue: Las Wonder Girls, que cantaron “Sherry” (♫); luego Física y Química, interpretaron “Hey Jude”, de Los Beatles. (♫). 

Pasaron Los Rockets Cats con el tema “Pretty Woman” (♫). . Mucha gente les aplaudió más que a los anteriores y Renato exclamó:

—¡Vamos, muchachos, demostremos de qué estamos hechos y demos lo mejor de nosotros! ¡Es ahora o nunca!

Pasamos Los Panteras Negras y tocamos el tema “Rock Around The Clock” (Al Compás del Reloj), de Bill Haley y sus Cometas. (♫).  

Las chicas de Maritza y de Susana se movían rítmicamente y yo la canté como si en ello me costara la vida. 

Los aplausos fueron abundantes y creemos que superamos a Los Rockets Cats y las muchachas nos apoyaron con gritos y ovaciones. 

Y siguieron Los Checkmates, Los Dry Domino’s, Las Pálidas Sombras, Los Gatopardos, Los Sixty Riffs, Las Five Americans, etc.

Todos teníamos los nervios de punta y, cuando pasaron todos, el jurado comenzó a deliberar... 

¡Entre ellos estaba el cantante de los Crazy Boys, Luis ‘Vivi’ Hernández, y también el de Los Rebeldes del Rock, Johnny Laboriel! 

El ganador se iba a definir por la calidad interpretativa de las bandas y por la ovación que levantaran entre todos los presentes. 

Los integrantes de los grupos estábamos nerviosos y solamente Los Rockets Cats lucían con soberbia, pues se sentían los vencedores. 

Después de una ardua deliberación, el ‘Vivi’ Hernández dijo:

—Esto es emocionante porque tenemos un empate; la calidad de dos grupos es excepcional y las ovaciones han sido parejas. 

La expectación estaba a lo máximo y el ‘Vivi’ continuó:

—¡Están empatados Los Panteras Negras y Los Rockets Cats!

Nos quedamos petrificados al escuchar esto; Patricia, Maritza y Susana brincaron de sus asientos con mucha algarabía. 

Nosotros nos abrazamos y Los Rockets Cats nos miraron con una mezcla de asombro y desprecio.

Se puso de pie Johnny Laboriel y preguntó:

—Sería ilógico que partiéramos a la mitad esta linda guitarra eléctrica. ¿Quieren que cada uno cante un rock de desempate?

El recinto se cimbró con un rotundo: ‘Sí’, y Johnny anunció: 

—¡Que suban al escenario Los Rockets Cats!

Rodrigo les dijo a sus gatunos integrantes:

—¡Vamos, acabemos con el sueño de estas mediocres y novatas Panteritas, pues llegó el momento de humillarlas!  

Los Rockets Cats interpretaron con mucho estilo el gran tema “I’m a Believer” (Soy un creyente), de The Monkees. (♫). 

La verdad es que le pusieron mucho empeño y dieron lo mejor de sí, y era una manera magistral de cantar ese rock and roll.

Nosotros, al ver esto, nos sentimos un poco descontrolados, pero aun así pensamos que podríamos superarlos. 

Renato notó algo raro y nos dijo:

—Escuchen, oigan con atención…

Lo miramos extrañados y él continuó:

—Los Rockets Cats están enviciando con este leve chirrido su música y, con tal de escucharse potentes, ecualizaron mal su sonido. 

Yo le respondí al notar la apenas perceptible falla:

—¡Es cierto, se oyen bien, se escuchan fuerte, pero ese ruidito es muy persistente!

—Exacto, ahora espero que el jurado se haya dado cuenta y que les resten puntos en la evaluación final.

Los Rockets Cats terminaron de cantar y gran parte del Aula Magna les dio una calurosa ovación. 

Acto seguido llegó nuestro turno de subir al estrado…

Íbamos a interpretar “Jailhouse Rock” (El Rock de la Cárcel) (♫) y Renato vio que la gran mayoría de los asistentes eran damas; tuvo una grandiosa inspiración y nos dijo:

—¿Ya vieron cuántas mujeres hay…? Pues tenemos cambio de planes, porque ahora vamos a cantar “Melodía Desencadenada”.

Nos quedamos asombrados al escucharlo y él insistió: 

—¡Por favor, confíen en mí, les aseguro que vamos a ganar!

La mirada de Renato fue decisiva y nos transmitió su firmeza, por lo que decididos, subimos a la plataforma y él tomó el micrófono:

—Damas y caballeros, recordemos al Rey, al único y verdadero Rey del rock and roll: Elvis Presley, con un humilde homenaje a cinco días de su muerte.

Toda la gente aplaudió al escuchar esto y Renato continuó:

—Este tema fue el último que cantó en vida en un concierto y se llama: “Unchained Melody” (Melodía desencadenada). (♫). 

Comenzamos a tocar y Renato realizó la mejor interpretación de su vida... 

Combinó su apostura y gallardía con su entrega al cantar con mucha dedicación y sentimiento, haciendo vibrar el Aula Magna. 

¡Todas las chicas se quedaron con la boca abierta, pues jamás se esperaron algo así en el concierto!     

Renato consiguió cautivar románticamente al público femenino y les arrancó suspiros. Les hizo sentir maripositas en el estómago. 

Patricia, Maritza y Susana, junto con las muchachas que habían llevado, lo escucharon totalmente embobadas.

Recordé el dulce momento en que Maritza y yo bailábamos en la pista del Salón Imperio y de los besos apasionados que nos dimos. 

Ante ello, levanté mi vista y la miré directamente al rostro. Me estaba observando y le sonreí ampliamente.

Miramos de reojo a Los Rockets Cats, que tenían unas caras de burla y se codeaban unos a los otros con malicia, y Rodrigo les dijo:

—Miren a esos perdedores buenos para nada... Se equivocaron al tocar un tema romántico en vez de un movido rock and roll.

Acabamos de interpretar nuestro tema y miramos al auditorio.

Después de una breve deliberación por parte de los miembros del jurado, el rector tomó la palabra y dijo:

—Sigue el empate, pues son muy buenos. El primer lugar se decidirá por la ovación que les den ustedes. Denle un fuerte aplauso a: ¡Los Rockets Cats!

Casi las dos terceras partes del Aula Magna les aplaudieron con ganas y ellos nos miraron altaneros, y el Rector continuó:

—Ahora denle un fuerte aplauso a: ¡Los Panteras Negras!

¡Lo que vimos nos asustó, debido a que casi todas las mujeres se pusieron de pie y nos aplaudieron de forma ensordecedora! 

Maritza, Patricia, Susana y las setenta chicas que venían con ellas empezaron a corear: ‘¡Panteras, Panteras, Panteras!’…

Muchísimos varones nos apoyaron; Los Rockets Cats estaban desconcertados y aquello era la locura total.

Luis ‘Vivi’ Hernández tomó la guitarra eléctrica y, acompañado de Johnny Laboriel, subieron al estrado.

El ‘Vivi’, señalando a su compañero, exclamó:

—¡El ganador de la guitarra es Johnny Laboriel!

El aludido y todos en el recinto reímos a carcajadas. Hizo más comentarios divertidos para hacer crecer el nerviosismo, y dijo:

—¡El grupo de rock and roll, ganador del primer lugar, es…! ¡Es… es… je, je, je…! ¡EL DE LOS PANTERAS NEGRAS!

¡Aquello fue la apoteosis y estábamos rebosantes de felicidad!

¡Susy, Patty y Maritza brincaron de gusto y ese lugar era todo un manicomio, ya que nosotros lo habíamos logrado…! 

Los Rockets Cats estaban sumidos en un shock, sin poder creer lo que estaban viendo.

El ‘Vivi’ nos entregó la guitarra y la recibió Renato, y luego él y Johnny nos abrazaron.

¡Dos grandes rocanroleros de los grupos más famosos del país nos estaban premiando en persona! 

Los reporteros tomaron fotos y las publicaron en los periódicos y en la Gaceta UNAM.

El ‘Vivi’ Hernández nos regaló unos lentes negros Ray Ban a cada uno y Johnny Laboriel un estuche para la guitarra eléctrica.

Casi nos peleamos por tratar de tocar esa maravilla. La guitarra Gibson brillaba majestuosa bajo los reflectores.

Con manos nerviosas, la acariciamos y admiramos su hermoso color amarillo, que destellaba tan resplandeciente.

Al final se la dejamos a Renato, ya que él fue el de la idea de cantar el tema que nos dio la victoria, pero ante ello, nos dijo:

—¡Esperen, la guitarra pertenece a los cinco; nos esforzamos y yo solo sugerí el tema! ¡Esta belleza es de Los Panteras Negras!      

Nos abrazamos fraternalmente, y me impactó ver a Patricia y a Maritza que lloraban de la emoción por lo que estábamos viviendo.

Metimos la guitarra en el estuche y cupo perfectamente, y las manos nos temblaban de la tremenda impresión.

Rodrigo, el líder de Los Rockets Cats, en nombre de su grupo abrazó a Renato aparte de todos, y le dijo:

—Renato, ganaron, o más bien, ganaste en buena lid; hicieron un buen trabajo gracias a tu talento y a tu profesionalismo.

—Muchas gracias, Rodrigo, más bien lo hicimos todos juntos,  Los Panteras Negras.

Rodrigo le palmeó la espalda y se despidió diciéndole:

—Recuerda que tienes tu lugar con Los Rockets Cats y, cuando lo decidas, ven; serás famoso y ganarás dinero con los profesionales. 

Todavía le alcanzó a decir a lo lejos:

—¡Búscame, espero tu respuesta…!

Los Panteras nos acercamos a Renato y Ramón le preguntó:

—¿Qué te dijo Rodrigo? ¿Acaso reconoció que perdieron?

—Nos felicitó y lo noté tranquilo, sin rencores.

Renato se negó a decirnos que Rodrigo estaba interesado en él y siguió con el glorioso momento que estábamos viviendo.

Terminó el evento, y pronto estábamos rodeados de mujeres. Yo estaba con Patricia y Maritza, pues me mimaron cariñosamente. 

Las hippies, Susana y sus amigas, rodearon a Renato, quien solo se dejaba querer, y Janis dijo divertida:

—¡Mírenlo, bienaventurado y bendito entre las mujeres!

Los tres nos reímos de buena gana. También Carlos, Roberto y Ramón tuvieron varias chicas que los estuvieron consintiendo. 

Patricia estaba impactada y Maritza brincaba contenta porque ganamos. Me dejé besar en las mejillas muchas veces por las dos.

Quien evitó dármelos en la boca fue Maritza, quizás por pena o por respeto a Patty, y creo que fue lo mejor.

En un rincón del Aula Magna, una sombra siniestra, con ojos de navajas, afilados y perversos, nos miraba con un odio absoluto.

Se levantó y se alejó entre las sombras; que los Panteras ganaran el concurso era algo que jamás nos iba a perdonar…

 

Salimos del Aula Magna y quedamos en que al día siguiente nos íbamos a reunir para festejar en grande que ganamos el concurso. 

La Janis, viendo a sus compañeras, nos dijo:

—Discúlpenme, chiquillos, pero tengo reunión con mis hippies y me es imposible negarme, por lo que me despido de ustedes. 

Me abrazó, me dio un beso en la mejilla y exclamó en voz baja:

—Felicidades, mi querido chicuelo, pronto te daré tu premio por haber ganado; nos vemos mañana… 

Susana se despidió y se fue con sus amigas. Los Panteras fuimos a dejar a Patricia a su casa, pues ya era tarde.

Llegamos, pero se negó a que nos fuéramos y nos invitó a cenar.

Don Ernesto y doña Ana estaban contentos al mirar la guitarra que habíamos ganado y él exclamó asombrado:

—¡Muchachos, lo lograron, esto es fantástico! ¡Yo sabía que la iban a obtener, pues ustedes son excelentes!

Les contamos nuestra hazaña con detalle y que Maritza se fue con sus amigas. 

Patricia grabó el concierto en el Aula Magna y puso el casete, y la casa se llenó de rock and roll. Doña Ana comentó: 

—Les agradezco el enorme cariño que le tienen a mi hija, ya que ella ha pasado por momentos difíciles y ahora se siente querida. 

Yo pensé que se refería al bullying de la escuela y nunca me imaginé que hablaba de lo vivido con Eusebio. 

Acabamos de cenar, charlamos y pronto nos despedimos.

Subimos al Chevrolet y Renato nos repartió en nuestras casas. Habíamos logrado lo que para muchos sería imposible.

El día siguiente era lunes y teníamos que ir al CCH. ¡Lo bueno es que solo teníamos un examen y el resto del día libre para festejar! 

Renato nos dijo emocionado:

—¡Como somos famosos, lleguemos vestidos de rocanroleros, con los lentes negros de Ray Ban, y verán que nos van a admirar y…!

Lo interrumpí abruptamente, ya que me desagradó su idea:

—¡Espera, espera…! ¡Bájale a tus sueños de grandeza, y evita que tus pies se despeguen del piso! 

Él se me quedó mirando y continué:

—¡Si llegamos así, más que asombrar vamos a caer muy mal! Seamos como somos, sin creernos más y con actitud sencilla. 

Roberto agregó:

—Debemos tener una actitud humilde; los Panteras jamás somos presuntuosos y mucho menos una copia barata de Los Rockets Cats.

Renato asintió con la cabeza y exclamó:

—Tienen toda la razón, perdónenme… debemos ser humildes y sin caer en la egolatría como aquellos odiosos gatitos.

Decidimos turnarnos para tener en nuestras casas y cuidar a la Joya de la Corona: La guitarra eléctrica. 

La tendríamos un día cada uno, rotándola para disfrutar la dicha de poseerla todos; la idea les agradó y la pusimos en marcha.

Renato se negó a ser el primero en poder llevársela, aunque él nos dio el triunfo; dijo que se decidiría este asunto democráticamente.

Echaron suertes y me tocó. Para que nuestros padres vieran la guitarra, Renato hizo un ‘tour’ y mostramos el trofeo.

Solo quedamos Renato y yo… Fuimos a su casa y les mostró a su familia nuestro triunfo conseguido, y por último, me dejó a mí.

Mis papás se quedaron asombrados al verla, y ya en mi cuarto me pasé parte de la noche haciendo muchos acordes en las cuerdas. 

¡Lo hice con la guitarra desconectada, porque si me atrevía a hacerla sonar, todos me matarían por tocarla en la madrugada! 

 

Y en otro punto de la ciudad, don Ernesto, doña Ana y Patricia todavía estuvieron comiendo otro pedazo de pastel y tomando café.

Don Ernesto estaba bastante sorprendido y exclamó:

—¡Estoy maravillado porque tus Panteras ganaron el evento de la UNAM y la guitarra está sensacional porque es Gibson! 

Sonriendo, agregó satisfecho:

—¡Sería maravilloso que algún día los oigamos en vivo en un concierto o fiesta a la que nos inviten!

Doña Ana miró tiernamente a su hija y comentó:

—Estoy contenta porque son muchachos buenos y nobles, como grupo musical y como personas; son sencillos, sinceros y me agradan. 

Le dio un beso en la mejilla y continuó:

—¡Ellos van a ser excelentes amigos tuyos, porque ya vimos que te cuidaron mucho!

—Le doy gracias a Dios por todos ellos, ya que serán el apoyo anímico que necesito para superar y olvidar todo lo que he sufrido.

 

En breve, se fueron a acostar y así pasó esa noche; amaneció y me fui al colegio, dando una repasada a mis apuntes. 

Ya estábamos empezando los exámenes semestrales y sentí la falta de sueño, pero estaba contento porque ganamos el concurso.

Pronto, los Panteras nos juntamos en la explanada de la escuela y momentos después Patricia y Maritza se nos acercaron.

Éramos el centro de la atención y nos preguntaron cómo nos sentíamos al ser los rocanroleros más famosos de la UNAM. 

Evitamos que nos vencieran los quince minutos de fama; y de forma sencilla y humilde convivimos, y eso les gustó a todos. 

Estábamos contentos y Patricia nos mostró un periódico.

En una foto, Los Panteras Negras recibían la guitarra eléctrica de manos de Johnny Laboriel y del ‘Vivi’ Hernández. 

La noticia: Los Panteras Negras fueron ganadores del concurso de rock and roll que se celebró ayer en el Aula Magna de la UNAM.              

Nos quedamos con la quijada hasta el suelo porque era un sueño convertido en realidad. Maritza brincaba de alegría gritando:

—¡Ganamos! ¡Ganamos! ¡Ganamos! 

Las lágrimas corrieron libres en nuestras mejillas… Los que nos rodeaban nos abrazaron y, entre emotivos aplausos, nos felicitaron. 

Emocionada, Patricia se acercó, me dio un beso en la mejilla y exclamó:

—¡Me siento orgullosa y contenta por mis queridos Panteras, pero especialmente por ti, mi querido amigo! 

Patty nos miró y agregó:

—¡Les agradezco con todo mi corazón que me hayan llevado a verlos en este evento, ya que realmente la pasé de maravilla!

Maritza me dio un fuerte abrazo rompecostillas y me besó las dos mejillas, a la vez que me dijo:

—¡Yo también te quiero mucho y tú lo sabes, chiquillo! ¡Patty y yo estamos orgullosas y me emocioné al ver que ganaron la guitarra!

Pero se nos acabó el tiempo para disfrutar de nuestro éxito, ya que había llegado el momento del examen y fuimos al salón.

Nos enfrentamos a las preguntas de Historia Universal; al fondo del salón, Glenda estaba totalmente consternada y se quedó pensando:

—¡Esto es el colmo! ¡Me cuesta trabajo creer que Los Rockets Cats hayan perdido ante los inútiles de Los Panteras Negras!

Ella anotaba sus respuestas del examen, pero su mente seguía dándole vueltas al asunto:

—¡Rodrigo me va a oír, ya verá; me duele verlos humillados ante esos perdedores que se han de creer más que los Rolling Stones!

Hace un año Glenda fue la novia de Rodrigo, pero se engañaron con otras parejas y al final acabaron siendo ‘amigos con derechos’.

Ella, siguiendo con su bilis, continuó con sus pensamientos:

—¡Y tienen de amigas a la hippie y a la Chuleta, pero hallaré cómo desquitarme de ellos, especialmente de esa asquerosa puerca!

Terminamos el examen, salimos del salón y Maritza comentó:

—¡Tengo seguras tres respuestas correctas! Son nombre, grupo y fecha. ¡Las demás, quién sabe cómo me vaya en las calificaciones!

Reímos ante la infantil e ingenua ocurrencia de Janis y salimos para ir a un restaurante de comida mexicana a festejar en grande.

Íbamos contentos, sin percatarnos de la fulminante mirada de odio que Glenda nos lanzó cuando los siete nos alejamos de ahí.

¡Si pudiera arrojarnos las navajas de sus ojos, todos hubiéramos muerto ahí mismo sin piedad, acribillados! La rubia pensó:

—Está reciente lo del golpe y lo de la maestra, por lo que mejor esperaré a que esto se enfríe un poco, y después ya verán…

 

Nuestros padres nos dieron bastante dinero a cada uno como un premio por haber ganado el concurso. 

Llegamos hasta el restaurante ‘Lienzo Charro’ y nos pusieron una mesa larga para siete personas. 

En ese lugar, en 1977, se pagaba la cuenta antes de consumir. Ahí se come sabroso y estábamos dispuestos a darnos un banquetazo.

Los Panteras nos negamos cuando Patricia y Maritza quisieron poner dinero, porque ellas eran nuestras distinguidas invitadas.

Comimos tacos de barbacoa, de carnitas, chicharrón, guacamole, quesadillas, bebimos tepache; en fin, muchas cosas ricas. 

Renato, levantando las manos y moviendo la cabeza, dijo:

 

—¡Todavía me cuesta creer que hayamos ganado esa guitarra eléctrica, ya que el haberlo logrado es para mí un sueño!

Alegre, yo le respondí palmeándole la espalda:

—Pues ahora tú la vas a disfrutar porque hoy te toca, pero evita que te pase como a mí, que casi me desvelé admirando esa belleza.

—¡Con tal de tener esa hermosura en mis manos, soy capaz de mantenerme despierto hasta el amanecer!

Carlos comentó:

—Al siguiente día después de Renato, me toca a mí, y solo nos falta saber entre Roberto y Ramón quién sigue.

Roberto intervino alegre:

—Ramón, porque tengo trabajo en el taller mecánico y mi papá necesita mi ayuda. ¡Además, quien la tiene al último, la goza mejor!

Fue una celebración sin nada de alcohol, pues éramos inocentes.

 Cantamos “Cielito lindo” (♫) y bailamos “El mariachi loco” (♫), etc.

Mirándonos fijamente, Maritza nos dio una noticia que a todos nos desconcertó:

—¡Chicos, vamos a salir de vacaciones para regresar a finales de octubre a nuestro último año en el CCH! 

Hizo una breve pausa y continuó:

—¡Debo decirles que en estos dos meses me voy a alejar, ya que mis amigas me invitaron a convivir con ellas en su comuna hippie!

Patricia se quedó pensativa y le preguntó con tristeza:

—¿Te vas a ir? ¡Oye, te vamos a extrañar! ¡Y yo quería que nos siguiéramos viendo en estas vacaciones!

Maritza contestó alegre:

—Dos meses se pasan rápido, y tengo que regresar para cuidar a estos chiquillos. ¿Todavía seguiré siendo Panterita cuando regrese?

Renato la abrazó y le dijo:

—¡Eres y siempre serás nuestra Panterita, eso nunca lo dudes!

Se alegró al oír sus palabras y lo besó en la mejilla. Se volteó hasta donde yo estaba, me abrazó y me dijo:

—Te voy a extrañar, chicuelo, mi tontuelo que tanto quiero, y me gustaría que te portaras muy bien durante mi ausencia.

—Tenlo por seguro que así lo haré, mi preciosa Janis…

El mariachi nos dijo si queríamos una canción en especial; y Maritza se levantó y exclamó:

—Quiero el tema: “Jamás me cansaré de ti” de Rocío Dúrcal, pero… ¡LA QUIERO CANTAR YO!

¡Nos quedamos asombrados! ¿Una hippie que canta rancheras? ¡Eso era algo digno de verse! Todos voltearon a verla:

—Jamás me cansaré de ti, jamás te dejaré de amar… (♫).  

 

La canción habla de que es hermoso amar, y que el adiós jamás se le da a un amor cuando es verdadero.

Ese tema salido con sentimiento y con su hermosa voz nos dejó con la boca abierta; Rocío quedaría complacida con su interpretación.

La Janis sabía tocar maravillosamente la quena, la mandolina y la zampoña, y también su voz era bastante melodiosa. 

Maritza, mientras cantaba, me envió incesantemente furtivas e intensas miradas porque me la estaba dedicando a mí.

Sorprendido por ese detalle, le sonreí y le aplaudimos; la abracé y ella me besó en la mejilla, a la vez que me dijo al oído:

—La canción es para ti, chicuelo, te quiero mucho porque tienes nobles sentimientos, y estoy contenta por haberte conocido.

Renato se animó y cantó con muchas ganas “El Sinaloense” (♫) al son del mariachi. Cuando terminó, yo interpreté “El muchacho alegre”. (♫). 

Carlos cantó “Cocula” (♫) y, por último, Roberto y Ramón hicieron un dúo e interpretaron juntos “La embarcación”. (♫). 

Entonces sucedió lo inesperado... Patricia nos miró fijamente y, venciendo sus resistencias, se animó a cantar una canción.

¡Le dijo al mariachi que iba a interpretar el tema “Tarde”, de Rocío Dúrcal, y todos nos quedamos con la quijada hasta el suelo!

Con serenidad y tomando el micrófono, comenzaron a sonar las primeras notas del tema, y ella con una voz dulce y tierna cantó: 

—Hoy que te hago tanta falta, ya es muy tarde… (♫). 

 

Habla de un amor tan grande que hizo mucho daño, y ahora que quiere volver, ya es muy tarde y lo ha olvidado. 

Las lágrimas surcaron sus mejillas, y en su corazón, ese tema se lo dedicaba con dolor y desprecio a Eusebio como despedida. 

Patricia cantó con un sentimiento tal, que se nos hizo un nudo en la garganta. Jamás he oído interpretar ese tema como ella lo hizo. 

Se suscitó el aplauso más fuerte, emotivo y ensordecedor de la tarde y todos se conmovieron al escucharla.

Aunque estaba llorando, Patricia se sentía feliz, muy feliz por sacar de su corazón este resquicio que le atormentaba su alma. 

Con esta canción ella rompía definitivamente con su pasado y de aquí en adelante estaba totalmente liberada.           

Estaba muy contenta; tenía amigos que la querían sinceramente y había hecho las paces con Renato de manera auténtica y fraterna.

Había muerto ‘La Chuleta’, había ‘muerto’ Eusebio, y todo se había acabado. Así salió el sol radiante y resplandeciente.

Mucha gente la felicitó; ella se secó las lágrimas agradecida y la abrazamos. Prácticamente nos la comimos a besos entre todos.

El dueño del local le regaló una botella de tequila Centenario a Patricia por su canción; le confesó que jamás había bebido alcohol.

Entonces le obsequió un hermoso jorongo de Saltillo, se lo puso y le aplaudimos, y Renato le comentó alegre:

—Estoy seguro de que todos estarán de acuerdo en que, desde hoy, tú eres nuestra nueva Panterita, así como Janis. 

Yo respaldé sus palabras y exclamé:

—¡Pues bienvenida a Los Panteras Negras, tu grupo tan unido y una hermandad inseparable!

—¡Pe…! ¡Pero yo ni soy rocanrolera ni toco un instrumento, y carezco de méritos para ser parte de ustedes! ¿Están seguros?

Volví a decirle, a la vez que la miré directamente a los ojos:

—Los Panteras Negras son un conjunto rocanrolero, lo sé, mas para nada somos eso únicamente…

Le acaricié una mejilla y agregué: 

—Somos un grupo de amigos que se han unido para compartir la vida estudiantil, en las buenas y en las malas, y ahora eres nuestra querida Panterita.

Maritza la abrazó y recalcó:

—Es cierto, Patty, Los Panteras Negras son más que un grupo de rock and roll… ¡Son algo mucho más valioso que solo eso!

Patricia la miró dudosa y Janis continuó:

—La primera vez que los vi, se me hicieron chiquillos tontos, pero te puedo decir que son los mejores amigos que he conocido en toda mi vida. 

Nuestra hippie la tomó de los hombros y le rogó:

—¡Patty, ven y únete a nosotros! Me haría feliz que te animaras a cantar, porque te juro que se siente bonito rocanrolear con ellos.

Carlos intervino alegre:

—Anímate, sería sensacional tener un hermoso coro femenino formado por ustedes, como lo tienen Enrique Guzmán y César Costa.

Roberto y Ramón le lanzaron miradas suplicantes a la vez que juntaban sus manos como en oración, y todos estábamos expectantes.

La abracé y le dije, mirándola fijamente, a la vez que le di un beso en la mejilla:

—¿Verdad que aceptas? Nada me haría más feliz que saber que eres parte de nosotros, por lo que anímate a ser una Panterita. 

Le acaricié su rostro y agregué:

—¡Vas a ver que jamás te vas a arrepentir, porque la vamos a pasar formidable todos juntos!

Emocionada, Patricia asintió:

—Está bien, seremos amigos por siempre y gracias por darme todo su cariño; considérenme parte de su grupo, y… y…

Maritza, al ver que ella estaba a punto de llorar, comenzó a brincar y a cantar como una niña, lo que nos provocó una carcajada:

—¡Ya somos Panteritas, ya somos Panteritas!...                   

Patricia la miró con ternura, se quitó el jorongo y se lo puso . Janis se sorprendió gratamente. Luego la abrazó y le dijo con cariño:

—Quédatelo, mi querida amiga, te lo regalo, hace juego con tu vestuario.

—¡Gracias, Patty, está muy bonito! ¡Me va a servir mucho en la comuna hippie, porque en ese lugar hace mucho frío en esta época!

Renato comentó satisfecho, mientras que saboreaba su postre de buñuelos con miel:

—Hasta hace poco los Panteras éramos cinco y ahora siete. ¡Ya nos hacía mucha falta un buen toque femenino en nuestro grupo!

Yo respondí mientras probaba otro taco de carnitas de cerdo:

—Así debe de ser, nosotros nunca seremos El Club de Toby. 

Toby es un personaje de La pequeña Lulú, quien hizo su grupo de niños en una casita, en la copa de un árbol y donde jamás admitían mujeres.

Contenta, Patricia se llevó a los labios una bebida refrescante hecha con piña llamada tepache, y respondió:

—Muchas gracias.

El restaurante rifó una grabadora y unos casetes de baladas, y el ganador fue Renato, quien con cariño le regaló su premio a Patty…

 

En esos precisos momentos, Glenda estaba reunida en un café con el líder de Los Rockets Cats y le gritó:

—¡Es una humillación intolerable, Rodrigo! ¡Es vergonzoso que Los Panteras Negras hayan ganado el concurso de rock de la UNAM!

—Mira, linda, realmente nunca ganó ese grupo de perdedores; el que nos venció con mucho talento, lo reconozco, fue Renato.

—¡Pe…! ¡Pero… pero!

—Sin él, los Panteras jamás lograrán nada en toda su vida.

Glenda, recargada en su hombro, se dejó abrazar, y dijo:                

—¡Es que ahora, ellos se han de considerar más rocanroleros que Los Beatles y eso es algo que me cuesta trabajo tolerar!

—Mira, tranquilízate, voy a insistir hasta que Renato se una a Los Rockets Cats, ya verás; él es el único elemento que es talentoso.         

Interrogante, ella le preguntó:

—¿Cómo vas a hacer para que se desintegren estas Panteritas y dejen de ser amigos? 

—Lo estoy pensando; ten por seguro que Renato tocará el bajo con nosotros como un profesional… Olvidemos todo un momento, ya que nuestra comida se enfría.

Comieron en silencio y la mente de la rubia daba de vueltas. Si los Panteras se separaran, sería el inicio de su venganza en contra del grupo rocanrolero que tanto aborrecía en su corazón.

Una vez separados, se enfrascaría en humillar a Maritza para al final acabar desquitándose con todo el odio de su alma contra Patricia.

Ya tenía en mente un plan para darle ‘un trato muy especial’, y lo iba a hacer en el momento justo y cuando nadie se lo esperara. Era un peligroso polvorín, como lo dice el rock de Los Locos del Ritmo:

—Pólvora me dicen y con mucha razón… (♫).   

 

 (¿Qué impresión te ha dado el que Los Panteras Negras hayan ganado el concurso de Rock and Roll? ¿Cómo te parecieron don Ernesto y doña Ana? ¿Cómo has visto la novela hasta este capítulo que has leído?).

#unam #aventuras juveniles #amor a ritmo de rock and roll

Thoughts

  • vero88

    Bah, Maritza le canta la de Rocío Dúrcal a Alfonso y al otro día anuncia que se va dos meses a la comuna. Se declara y se manda a mudar.

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  • guanabana

    Renato ya van dos veces que se calla lo de Rodrigo, y encima le dice a Ramón que lo notó tranquilo. Lo hace por cuidar al grupo, cachai, pero ese silencio es justo la grieta que Glenda andaba buscando. A los Panteras les va a doler más eso que la oferta misma, po.

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Capítulo Cinco: El concurso de rock and roll

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