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Capítulo 88: Piso 6 (2)

NicolasCheonro
Pensamiento

Pensamiento

libretanegra

El sistema poniendo una carita feliz al final de la misión. Desde el primer piso que cuando la Torre se pone amable, alguien termina pagando.

El sistema poniendo una carita feliz al final de la misión. Desde el primer piso que cuando la Torre se pone amable, alguien termina pagando.

Contenido de la publicación

[ANUNCIO MUNDIAL.]

[PISO 6 ABIERTO.]

La grieta termina de expandirse.

La superficie azul que cubría la entrada desaparece y deja al descubierto una oscuridad profunda. No permite distinguir qué existe al otro lado. No hay un paisaje, un cielo ni estructuras.

Solo una abertura vertical suspendida en el aire.

Las ventanas del sistema aparecen frente a todos los despertados reunidos en el campo.

[¿Desea ingresar al piso 6?]

[Advertencia: únicamente se permiten entradas individuales.]

El murmullo se extiende entre las delegaciones.

Las formaciones que prepararon durante las últimas dos semanas dejan de servir.

Equipos de asalto.

Sanadores protegidos entre dos vanguardias.

Exploradores.

Comandantes.

Todo queda reducido a una única regla.

Entrar solo.

Miro a mi grupo.

Mujin sostiene el escudo delante del cuerpo. Seolhwa ya tiene una mano sobre el mango del arma. Hejin intenta analizar la nueva condición mientras los siete anillos de su báculo giran a distintas velocidades.

Eunbyeol abre el Libro de Babel.

Nuestros nombres siguen registrados.

Pero no aparece ninguna conexión con el interior.

—La prohibición es absoluta —dice Hejin—. La grieta rechazará cualquier intento de ingreso simultáneo.

—¿Podés saber si nos envía al mismo lugar? —pregunta Mujin.

—No.

—¿El orden importa?

—No hay información.

Kwon observa la oscuridad del portal.

—Entonces importa.

—Eso no es una conclusión lógica —responde Hejin.

—Precisamente por eso.

Jiwon mira la ventana.

Después a nosotros.

—Si entramos separados, no podemos garantizar que nos reuniremos.

—Ni que saldremos al mismo tiempo —añade Eunbyeol.

El sistema no entrega una respuesta.

No necesitamos esperar más.

Cada segundo frente a una puerta desconocida solo aumenta la cantidad de dudas.

—Ustedes quédense atrás —ordeno—. Entraremos uno por uno.

Todos me miran.

—Yo primero. Después Kwon, Mujin, Hejin, Eunbyeol, Doyun y, al final, Seolhwa.

Jiwon frunce el ceño.

—No me nombraste.

—Te quedás en la Tierra.

—Cheonro.

—La residencia necesita una sanadora.

—La Red Casa posee médicos.

—No con tus habilidades.

Jiwon intenta responder.

No le doy tiempo.

—El culto ya atacó a Eunji una vez. No sabemos si esta apertura forma parte de otro movimiento. Si la Torre nos obliga a entrar solos, no voy a dejar a los chicos sin alguien capaz de reconocer una maldición, una posesión o una alteración de identidad.

Jiwon aprieta las manos.

No le gusta.

Eso no vuelve incorrecta la decisión.

—También pueden necesitar una sanadora dentro —dice.

—Sí.

—Y si alguno resulta herido antes de reunirse...

—Entonces tendrá que sobrevivir hasta encontrarte afuera.

El silencio dura varios segundos.

Jiwon mira a Eunbyeol.

Después a los demás.

Nadie intenta intervenir.

—Entendido —responde finalmente.

No suena conforme.

Solo acepta la orden.

Miro al resto.

—No entren hasta recibir una confirmación de que mi ingreso fue aceptado. Mantengan un minuto entre cada uno. Si la grieta cambia, se cierra o muestra una advertencia nueva, detienen la secuencia.

—Entendido —responden.

Kwon hace aparecer una de sus dagas.

—¿Y si no vuelve a enviar información después de que entre?

—Esperás un minuto.

—¿Y después?

—Entrás.

—Eso esperaba escuchar.

Miro una última vez hacia la zona de mando.

Jang permanece detrás de las barreras militares, con el canal de la Red Casa abierto.

Jiwon seguirá aquí.

Naomi y varios supervivientes de Babel también permanecerán afuera si el sistema no los selecciona.

No es suficiente para tranquilizarme.

Pero es lo que tenemos.

—Cuiden a los niños.

Sonrío.

No sé si la expresión resulta convincente.

Por las caras de los demás, probablemente no.

La ventana vuelve a aparecer.

[¿Desea ingresar al piso 6?]

[Y/N]

Toco la Y.

Las partículas aparecen alrededor de mi brazo.

Primero parecen polvo azul.

Después se unen y forman una película translúcida sobre mi cuerpo. La sensación no se parece al desplazamiento de los pisos anteriores.

No soy absorbido.

El mundo exterior es retirado de mí.

Kwon.

Mujin.

Hejin.

Eunbyeol.

Doyun.

Seolhwa.

Jiwon.

La grieta.

El campo.

Todo desaparece detrás de las partículas.

Lo último que veo es la mano de Eunbyeol sobre el Libro de Babel.

Después no queda nada.

La luz regresa.

Estoy de pie dentro de un espacio completamente blanco.

No tiene paredes visibles.

No encuentro techo.

El suelo se extiende hasta donde alcanza la vista, sin una sola marca que permita calcular la distancia.

No siento viento.

No hay temperatura.

No existe ningún olor.

Al girar, no encuentro la grieta por la que entré.

Solo hay una puerta frente a mí.

Es enorme.

Más de veinte metros de altura.

Oscura.

Su superficie parece fabricada con metal quemado, aunque no refleja ninguna luz. En el centro se encuentra un portal traslúcido. Sombras indefinidas se mueven detrás, pero la barrera no permite reconocerlas.

La ventana del sistema aparece.

[BIENVENIDO, CAZADOR, AL PISO 6.]

[MISIÓN PRINCIPAL.]

[PRUEBA DE FUEGO.]

[Permanezca durante 10 minutos en el campo de batalla.]

[Recompensa de despeje: B.]

[Permanezca durante 20 minutos en el campo de batalla.]

[Recompensa de despeje: A.]

[Permanezca durante 25 minutos en el campo de batalla.]

[Recompensa de despeje: S.]

[Las siguientes condiciones de despeje serán reveladas al alcanzar el momento correspondiente.]

[La muerte sufrida durante la prueba no será considerada una muerte real.]

[Mucha suerte. :)]

Observo la última línea.

El sistema añadió un rostro sonriente.

Eso nunca es una buena señal.

La declaración acerca de la muerte tampoco me tranquiliza.

Que el sistema asegure que puedo regresar después de morir no significa que la experiencia sea inofensiva. No informa qué ocurre con el dolor, la memoria o la mente.

Tampoco explica en qué estado regresaría.

No pienso comprobarlo.

Una nueva ventana se superpone.

[INICIO DE LA PRUEBA.]

[CUENTA REGRESIVA: 10.]

[9.]

Extraigo la Espada del bosque.

La figura de papel que Eunji colocó dentro de la vaina permanece protegida.

Relajo los hombros.

Flexiono los dedos.

Giro el cuello.

No sé qué va a salir por aquella puerta, pero la misión utiliza una palabra concreta.

Permanezca.

No dice que deba defender una posición.

No dice que necesite evitar recibir daño.

Solo exige continuar con vida dentro del campo.

[5.]

Adopto una postura neutra.

No activo ninguna habilidad.

Mis recursos están completos.

No los gastaré antes de saber cuánto dura realmente la prueba.

[3.]

Algo golpea la puerta desde el otro lado.

[2.]

Las bisagras gimen.

[1.]

La puerta se abre.

Un goblin aparece primero.

Después otro.

Ambos llevan cuchillos oxidados y ropas de cuero mal ajustadas.

Me reconocen.

Gritan.

Corren hacia mí.

Detrás aparecen dos más.

Luego hobgoblins.

Monstruos similares a los que enfrentamos en el primer piso.

El sistema ordena resistir.

No hay mejor defensa que impedir que algo permanezca con vida el tiempo suficiente para atacarme.

Corro hacia ellos.

El primer goblin intenta apuñalarme.

No llega a extender el brazo.

La espada atraviesa su cuello.

Giro sobre el pie derecho.

El segundo pierde ambas piernas.

Mi codo golpea la mandíbula del tercero antes de que la hoja divida el pecho del cuarto.

Los hobgoblins son más altos.

Más fuertes.

También más lentos que yo.

Uno levanta una maza.

Entro debajo de su alcance y corto desde la cadera hasta el hombro.

El cuerpo cae dividido.

El siguiente intenta utilizarlo como cobertura.

Atravieso ambos.

Las ventanas empiezan a aparecer.

[Goblin eliminado.]

[Experiencia obtenida.]

[Oro obtenido.]

[Hobgoblin eliminado.]

[Experiencia obtenida.]

[Oro obtenido.]

Las notificaciones bloquean parte de mi visión.

Las minimizo.

Quedan acumuladas en una esquina del panel.

No necesito conocer la recompensa de cada criatura mientras continúe la prueba.

Dos enemigos salen de la puerta.

Después otros dos.

El ritmo es constante.

Demasiado lento.

Mis estadísticas actuales superan por mucho las requeridas para combatir criaturas de los primeros pisos. No necesito habilidades.

Ni siquiera necesito utilizar toda mi fuerza.

Corto.

Avanzo.

Cambio el ángulo.

No permito que se distribuyan por el espacio.

Cada vez que la puerta libera un grupo, los elimino antes de que el siguiente consiga atravesarla.

El suelo blanco empieza a mancharse.

Sangre verde.

Negra.

Roja.

Los cuerpos no desaparecen inmediatamente.

Se acumulan frente a la entrada y obligan a los nuevos monstruos a trepar sobre ellos.

Eso los retrasa todavía más.

[TIEMPO TRANSCURRIDO: 6 MINUTOS, 10 SEGUNDOS.]

El ritmo cambia.

Ya no salen de dos en dos.

Cuatro goblins atraviesan el portal.

Detrás llegan cuatro hobgoblins.

Los ocho intentan rodearme.

El primero muere antes de tocar el suelo.

Utilizo su cuerpo para bloquear el avance de dos criaturas. Piso su espalda, salto sobre ellas y giro en el aire.

La espada dibuja un círculo.

Tres cabezas caen.

Al aterrizar, dejo que la rodilla toque el suelo.

Un cuchillo pasa sobre mi cabello.

Hundo el filo en el abdomen de su dueño.

Lo levanto.

El goblin queda atrapado sobre la espada.

Lo arrojo contra el resto.

No necesito convertir el combate en algo complejo.

Cuanto menos tiempo permanezca cada criatura en el campo, menor será la posibilidad de que ocurra algo inesperado.

A los siete minutos, el suelo frente a la puerta ya no se ve.

A los ocho, cuento aproximadamente cincuenta monstruos.

Dejo de contar poco después.

Las ventanas de experiencia y oro continúan aumentando.

No hay penalización por eliminarlos.

Eso significa que la Torre espera que lo hagamos.

La prueba no consiste únicamente en soportar ataques.

También es una oportunidad de crecimiento.

O un incentivo para continuar cuando retirarse sea la opción correcta.

[TIEMPO TRANSCURRIDO: 9 MINUTOS, 5 SEGUNDOS.]

La puerta vibra.

Ocho monstruos salen al mismo tiempo.

Después otros ocho.

La cantidad aumenta, pero no la calidad.

Los primeros se estorban entre sí.

Los últimos empujan a quienes todavía no lograron adoptar una postura.

Corro directamente hacia el centro.

Mi espada entra en el hombro de un hobgoblin.

No la retiro.

Continúo avanzando y utilizo el cuerpo atravesado como un ariete.

Tres goblins caen bajo su propio aliado.

Libero la hoja.

Un corte horizontal alcanza cuatro gargantas.

Me agacho.

Dos lanzas chocan sobre mi cabeza.

Sujeto una de las astas, tiro de ella y obligo al hobgoblin a avanzar. Mi rodilla rompe su pierna.

La espada atraviesa la mandíbula.

Giro.

El extremo de la empuñadura golpea una sien.

Corto otra vez.

Todo termina antes de que aparezca el siguiente grupo.

[FELICITACIONES.]

[HA PERMANECIDO 10 MINUTOS.]

[CONDICIÓN DE DESPEJE B ALCANZADA.]

[TIEMPO TRANSCURRIDO: 10 MINUTOS, 1 SEGUNDO.]

La cantidad vuelve a reducirse.

Dos figuras atraviesan el portal.

No son goblins.

Los cuerpos son más anchos.

La piel, verde oscura.

Los colmillos sobresalen de sus mandíbulas.

Orcos.

Llevan armaduras incompletas, pero no improvisadas. Uno sostiene un hacha corta y un escudo. El otro, una lanza.

No cargan inmediatamente.

Me observan.

El de la lanza golpea el suelo dos veces.

El otro avanza detrás de su escudo.

Más inteligentes.

No son suficientes.

El lancero ataca desde atrás.

La punta busca mi garganta por encima del hombro de su compañero.

Desvío la lanza con la parte plana de mi espada.

No intento atravesar el escudo.

Pateo la rodilla adelantada del orco.

Su postura se rompe.

La hoja entra por debajo de la protección y sale por la espalda.

Antes de que el cuerpo caiga, giro alrededor.

El lancero retrocede.

Demasiado tarde.

Pierde las manos.

Después la cabeza.

Las ventanas se acumulan.

[Orco guerrero eliminado.]

[Orco lancero eliminado.]

El siguiente grupo aparece antes de que los cuerpos caigan.

Dos orcos.

Después otros dos.

Ahora utilizan formaciones distintas.

Un arquero dispara desde la puerta mientras tres guerreros avanzan.

Corto la flecha.

Después otra.

La tercera pasa junto a mi hombro.

No por error.

Buscaba obligarme a desplazarme hacia la derecha.

Un hacha espera allí.

Inclino el cuerpo hacia atrás.

El filo pasa a pocos centímetros de mi rostro.

Sujeto la muñeca del orco y utilizo su impulso para lanzarlo contra el arquero.

El siguiente intenta atacar mi espalda.

La vaina bloquea su espada.

Mi hoja atraviesa su corazón.

Empiezo a comprender la progresión.

Los primeros diez minutos prueban las estadísticas básicas.

Los siguientes miden la capacidad de adaptarse a enemigos organizados.

La fuerza deja de ser suficiente para quienes llegaron al piso por casualidad, recompensas externas o equipos superiores.

A mí todavía me alcanza.

[TIEMPO TRANSCURRIDO: 13 MINUTOS, 1 SEGUNDO.]

Tres orcos atraviesan el portal.

No forman grupos aleatorios.

Un defensor.

Un atacante.

Un chamán.

El chamán inicia un cántico desde atrás.

Una luz roja cubre a los otros dos.

Sus músculos aumentan de tamaño.

La velocidad cambia.

El atacante alcanza mi posición antes de que termine de analizar el efecto.

Su hacha desciende.

La recibo sobre el filo.

El golpe hunde mis pies unos centímetros dentro del suelo blanco.

No activa ninguna habilidad.

Solo fuerza amplificada.

Desvío el arma.

El defensor entra desde el costado y golpea con el escudo.

En lugar de retroceder, avanzo.

Mi hombro choca con el suyo.

La diferencia de tamaño debería favorecerlo.

La diferencia de estadísticas no.

El orco sale despedido.

Corro hacia el chamán.

El atacante intenta interponerse.

Cambio de dirección dos veces.

Su hacha corta el aire.

El chamán abre la boca.

La espada entra antes de que complete la palabra.

La luz roja se apaga.

Los otros dos pierden el refuerzo.

Mueren en los siguientes cuatro segundos.

Los nuevos grupos mantienen esa estructura.

No siempre utilizan magia.

Algunos llevan redes.

Otros atacan con jabalinas.

Uno finge estar herido detrás de sus aliados y trata de morderme cuando paso.

Le atravieso la cabeza sin reducir la velocidad.

[TIEMPO TRANSCURRIDO: 16 MINUTOS, 10 SEGUNDOS.]

Cuatro orcos por grupo.

La puerta no espera a que termine de matar a los anteriores.

El campo empieza a llenarse.

Por primera vez, una criatura alcanza mi espalda.

Un cuchillo raspa la armadura.

No atraviesa la defensa.

Giro y le rompo el rostro con la vaina.

La espada continúa ocupada en el pecho de otro.

La retiro.

Un chamán lanza una masa de fuego.

No la corto.

Me desplazo.

La explosión consume a dos orcos que intentaban rodearme.

El sistema no diferencia entre daño enemigo y aliado.

Guardo el dato.

No activo Postura contra la tormenta.

No necesito gastar el estilo para defender un metro de terreno que no debo conservar.

Mantengo el movimiento.

Los monstruos creen que retrocedo.

En realidad, los guío.

Los agrupo.

Obligo a los defensores a bloquear a sus arqueros.

Consigo que los lanceros pierdan espacio.

Cuando siete criaturas quedan alineadas, cambio de dirección.

La espada atraviesa la primera garganta.

Después la segunda.

La hoja no alcanza a todas.

La onda del corte sí.

Los cuerpos caen uno detrás del otro.

El campo vuelve a despejarse.

[FELICITACIONES.]

[HA PERMANECIDO 20 MINUTOS.]

[CONDICIÓN DE DESPEJE A ALCANZADA.]

[TIEMPO TRANSCURRIDO: 20 MINUTOS, 1 SEGUNDO.]

La puerta principal se cierra.

Los orcos que todavía permanecen en el campo dejan de recibir refuerzos.

Elimino a los últimos tres.

El silencio regresa.

No dura.

La tierra vibra.

Dos líneas negras aparecen sobre el suelo blanco.

Se extienden a ambos lados de la puerta original.

El espacio se deforma.

Primero surge un arco.

Después otro.

Dos nuevas puertas se levantan.

La de la izquierda es alta y estrecha.

La derecha es baja, pero casi el doble de ancha.

Ambas se abren al mismo tiempo.

De la primera sale una figura delgada.

Demasiado delgada.

Más de tres metros de altura, con brazos que llegan por debajo de las rodillas. La piel gris se adhiere directamente a los huesos. Su boca permanece abierta desde el mentón hasta el pecho.

Dentro no existen lengua ni dientes.

Solo oscuridad.

[Espectro del Vacío.]

[Rango estimado: A.]

De la segunda puerta emerge una masa de carne.

Un monstruo gordo, cubierto por un delantal ensangrentado. Sostiene un cuchillo enorme en una mano y un trozo de carne en la otra.

No sé de qué criatura proviene.

El carnicero muerde.

Mastica.

Sonríe.

[Carnicero Hambriento.]

[Rango estimado: A.]

Las puertas permanecen abiertas detrás de ellos.

No salen más criaturas.

Todavía.

El Espectro del Vacío inclina el cuerpo.

La oscuridad de su boca se expande.

El sonido desaparece.

No solo deja de oírse el campo.

También mi respiración.

El roce de la ropa.

Los latidos.

El Carnicero golpea su cuchillo contra el suelo.

No escucho el impacto.

Lo siento.

La vibración recorre mis piernas.

Ambos atacan.

El Espectro extiende un brazo.

Los dedos se alargan hasta formar lanzas negras.

El Carnicero carga por el frente.

No compiten.

Se complementan.

Las lanzas me obligan a moverme.

El Carnicero ocupa el lugar al que debería escapar.

Salto.

La hoja enorme pasa debajo de mí.

Una mano del Espectro cambia de dirección en el aire.

Atraviesa mi costado.

La armadura detiene la mayor parte.

Una punta consigue cortar la piel.

Primera herida.

Pequeña.

Suficiente para confirmar que los siguientes veinticinco minutos no repetirán los anteriores.

Aterrizo sobre el hombro del Carnicero.

Hundo la espada.

La hoja entra unos centímetros.

Grasa endurecida y Magia frenan el avance.

El monstruo gira con una velocidad que no corresponde a su cuerpo.

Salto antes de que pueda aplastarme contra el suelo.

El Espectro abre más la boca.

La oscuridad tira de mí.

No es viento.

Es ausencia.

La fuerza intenta arrastrar la espada, mi cuerpo y parte de la Magia hacia su interior.

Clavo el pie.

El Carnicero arroja el trozo de carne.

Parece un proyectil torpe.

Lo esquivo.

La carne golpea el suelo y explota.

Dientes crecen dentro de ella.

Empiezan a morder el aire.

No debo permitir que continúen coordinándose.

El Carnicero posee resistencia.

El Espectro, control del campo.

Elimino primero al segundo.

Corro directamente hacia su boca.

La fuerza de absorción aumenta.

El monstruo cree que está ganando.

Utilizo el impulso.

Cuando las manos negras intentan cerrarse, deslizo la vaina entre ellas y giro.

Los brazos se cruzan.

Mi espada entra por debajo de la mandíbula.

La oscuridad no ofrece resistencia física.

El núcleo sí.

Siento una estructura dura dentro del cuello.

[Rompe-núcleos — A.]

La hoja vibra.

El punto oculto se quiebra.

La boca del Espectro se cierra por primera vez.

Su cuerpo se pliega sobre sí mismo.

Después colapsa en una mancha negra.

El sonido regresa.

Lo primero que escucho es la carcajada del Carnicero.

—¡CARNE!

El cuchillo desciende.

Bloqueo.

El impacto me obliga a doblar una rodilla.

La fuerza no supera la mía por demasiado.

El peso sí.

No intento sostenerlo.

Inclino la espada.

El cuchillo se desliza y golpea el suelo.

Corto el brazo del monstruo.

La hoja entra hasta el hueso.

No lo atraviesa.

El Carnicero golpea con la otra mano.

Recibo el puño sobre el hombro.

El impacto me arroja varios metros.

Aterrizo de pie.

El monstruo recoge el trozo de carne con dientes y lo introduce en la herida de su brazo.

La carne se adhiere.

Músculos nuevos cubren el corte.

Regeneración mediante consumo.

Miro los cuerpos acumulados.

Hay demasiada carne alrededor.

El Carnicero también lo entiende.

Se arroja sobre los cadáveres de orcos y goblins.

Empieza a devorarlos.

Su cuerpo aumenta.

El abdomen se expande.

La piel se vuelve más gruesa.

—No.

Corro.

El monstruo intenta tomar otro cadáver.

Corto la mano.

Esta vez utilizo el mismo punto dos veces.

La primera abre la carne.

La segunda rompe el hueso.

El brazo cae.

Antes de que pueda reemplazarlo, pateo los cuerpos fuera de su alcance.

El Carnicero ruge.

La hoja enorme describe un círculo.

Me agacho.

Corto una pierna.

No por completo.

Suficiente para obligarlo a apoyar todo su peso sobre la otra.

Se inclina.

Subo por el mango de su propio cuchillo.

El monstruo abre la boca.

Le introduzco la vaina entre los dientes.

No puede cerrarla.

La Espada del bosque entra por el ojo.

Atraviesa el cráneo.

El cuerpo se sacude.

La grasa intenta detener el filo.

El hueso se endurece.

Giro la hoja.

[Rompe-núcleos — A.]

Algo se parte dentro de su cabeza.

El Carnicero cae.

La masa de su cuerpo golpea el suelo y provoca una onda que mueve los cadáveres cercanos.

Las dos puertas desaparecen.

[TIEMPO TRANSCURRIDO: 23 MINUTOS, 14 SEGUNDOS.]

El campo queda en silencio.

Respiro.

La herida de mi costado no es profunda.

El hombro recibió un golpe, pero mantiene movilidad completa.

No utilicé ninguna habilidad limitada.

Solo Rompe-núcleos.

Bien.

Las ventanas de experiencia se acumulan.

El Espectro y el Carnicero entregaron una cantidad considerablemente mayor que los monstruos anteriores.

No reviso el total.

La prueba todavía no terminó.

Durante los siguientes minutos no aparece nada.

Eso no me tranquiliza.

La Torre no concede descansos sin una razón.

[TIEMPO TRANSCURRIDO: 24 MINUTOS, 59 SEGUNDOS.]

La puerta original vuelve a aparecer.

No se abre.

La ventana del sistema ocupa mi visión.

[FELICITACIONES.]

[HA PERMANECIDO 25 MINUTOS.]

[CONDICIÓN DE DESPEJE S ALCANZADA.]

El contador se detiene.

Por un instante creo que la prueba terminó.

Después el texto cambia.

[MISIÓN PRINCIPAL ACTUALIZADA.]

[DERROTE A UN GENERAL DEMONIO.]

[CASO DE ÉXITO: DESPEJE SS.]

[CASO DE FRACASO O RECHAZO: SALIDA INMEDIATA CON DESPEJE A.]

[¿DESEA CONTINUAR?]

[Y/N]

Observo la opción.

No existe información sobre el enemigo.

No explica cuánto durará la batalla.

Tampoco indica si podré retirarme después de aceptarla.

Ya alcancé un despeje S.

Rechazar ahora me reduciría a A.

Un castigo diseñado para empujar al participante hacia adelante.

El sistema no necesita obligarnos.

Solo necesita conseguir que abandonar parezca una pérdida.

Toco la Y.

[DESAFÍO ACEPTADO.]

Las dos puertas utilizadas por los monstruos anteriores reaparecen.

No completamente.

Sus bordes surgen sobre el espacio blanco y comienzan a desplazarse.

Se unen en el centro.

El metal se retuerce.

Las formas se mezclan hasta crear una única puerta.

Más alta que las anteriores.

Más pesada.

Cadenas negras rodean la superficie.

Una presión demoníaca escapa antes de que se abra.

No pertenece a un monstruo sin pensamiento.

Es la presencia de alguien acostumbrado a ser obedecido.

Las cadenas caen.

La puerta se abre.

Un pie cubierto por una bota de hierro cruza primero.

Después aparece el hacha.

La hoja tiene el tamaño de un torso humano. Marcas rojas recorren el metal y cada una emite un pulso lento.

El demonio atraviesa el portal.

Supera los cuatro metros.

Lleva una armadura negra construida mediante placas superpuestas. No cubre completamente sus brazos, donde cicatrices antiguas atraviesan músculos gruesos.

Dos cuernos salen de su frente.

No son decorativos.

El número señala su jerarquía.

Un demonio general.

Sus ojos se detienen en los cadáveres.

Después en mí.

No parece sorprendido.

Apoya el hacha sobre un hombro.

—¿Usted es quien me llama?

Su voz hace vibrar el campo blanco.

No contiene rabia.

Ni hambre.

Solo curiosidad.

Sostengo la espada frente al cuerpo.

—¿Cuál es tu nombre, demonio?

El general inclina ligeramente la cabeza.

—Aghamenon.

Pronuncia el nombre con tranquilidad.

Como si esperara que significara algo para mí.

—¿El suyo?

—Kim Cheonro.

No puedo decir Byeolha aunque quiera.

El sistema probablemente bloquearía cualquier intento de explicar más.

Aghamenon repite el nombre.

—Kim Cheonro.

Mueve el hacha.

No adopta una postura visible.

El arma simplemente deja de estar sobre su hombro.

La presión cambia.

—Entonces veamos si merece permanecer en mi memoria.

Ataca.

No veo comenzar el movimiento.

Solo el final.

El hacha aparece frente a mi rostro.

Inclino la cabeza.

La hoja pasa junto a mi oreja.

La presión corta varios cabellos.

No termina allí.

Aghamenon cambia la trayectoria usando únicamente las muñecas.

El arma desciende hacia mi hombro.

Bloqueo.

El impacto me arroja contra el suelo.

No caigo.

Mis botas se deslizan más de diez metros.

Dos líneas profundas quedan detrás.

El demonio avanza mientras todavía absorbo el golpe.

Rápido.

Mucho más rápido de lo que su tamaño sugiere.

El siguiente ataque apunta a mis piernas.

Salto.

Aghamenon sonríe.

La otra mano abandona el mango.

Me golpea en el aire.

Cruzo la vaina y la espada frente al pecho.

El puño impacta.

Salgo despedido.

Giro dos veces antes de aterrizar.

El demonio no me persigue.

Permanece en el centro del campo.

—Buena defensa.

Reviso mi cuerpo.

Sin fracturas.

El brazo izquierdo tiembla por el primer bloqueo.

El pecho recibió parte del segundo impacto.

La armadura absorbió suficiente.

Aghamenon no es más fuerte que yo por una diferencia imposible.

Pero sabe utilizar cada parte de su cuerpo.

No es una bestia.

Es un combatiente.

—¿Cuántas guerras? —pregunto.

El general apoya el extremo del hacha sobre el suelo.

—¿Las que gané?

—Las que sobreviviste.

La sonrisa se ensancha.

—Más de las que merecía.

Eso explica la postura.

No protege únicamente el cuerpo.

Protege el hacha.

Su arma es el centro de cada movimiento.

No puedo tratarlo como al Carnicero.

Aghamenon levanta el filo.

—¿Y usted?

—Las suficientes.

—Respuesta de un joven.

—Tengo veinte años.

El demonio ríe.

—Mentiroso.

Carga otra vez.

No sabe por qué.

Solo reconoce que mis movimientos no pertenecen al cuerpo que ve.

Esta vez no recibo el ataque.

Avanzo.

Entro en el espacio interior del hacha antes de que alcance velocidad.

Mi espada busca la axila.

Aghamenon gira el mango.

El extremo inferior golpea mi muñeca.

El corte se desvía.

Su rodilla sube hacia mi abdomen.

La bloqueo con la vaina.

Ataco otra vez.

Cuello.

Costado.

Muslo.

Tres cortes.

Aghamenon defiende los tres utilizando diferentes partes del arma.

Hoja.

Mango.

Cadena.

Una cadena que no vi antes se libera desde la base del hacha.

Se enrolla alrededor de mi espada.

El demonio tira.

No intento resistir.

Suelto la empuñadura.

Los ojos de Aghamenon se abren.

La vaina golpea su mandíbula.

La cabeza se mueve apenas.

Extiendo la mano.

La Espada del bosque regresa mediante la conexión espiritual antes de que la cadena pueda alejarla.

La hoja reaparece en mi palma.

Corto el eslabón.

Aghamenon retrocede.

Una línea de sangre aparece sobre su rostro.

Primera herida.

El demonio toca la mandíbula.

Observa sus dedos.

—Interesante.

—Todavía no.

Ataco.

Ahora conozco el alcance.

Aghamenon utiliza el hacha como una extensión de todo el cuerpo. Cada bloqueo prepara un golpe. Cada golpe permite cambiar la distancia.

No debo seguir su ritmo.

Lo obligo a seguir el mío.

Cortes cortos.

Cambios de altura.

Ataques que no buscan herir, sino modificar la posición del arma.

Aghamenon bloquea el cuello.

Su costado queda abierto.

No ataco.

El general esperaba ese corte.

Golpeo la rodilla.

La armadura se hunde.

Aghamenon responde con un cabezazo.

Lo esquivo por centímetros.

Uno de sus cuernos atraviesa mi hombro.

No entra profundamente.

Suficiente para derramar sangre.

Utilizo la proximidad.

La espada corta el pecho.

La armadura se abre.

La herida no es profunda.

Pero existe.

Ambos retrocedemos.

Aghamenon observa la sangre sobre su torso.

—No peleás como un humano.

—Vos tampoco.

—Yo no soy humano.

—Entonces tenés una excusa.

El demonio ríe.

Golpea el suelo con el hacha.

Las marcas rojas de la hoja se encienden.

El campo blanco tiembla.

[Autoridad del General: Ejército Ausente.]

Sombras aparecen alrededor de Aghamenon.

No son criaturas completas.

Siluetas de soldados demoníacos.

Decenas.

Cientos.

Forman filas detrás de él.

No poseen cuerpos capaces de atacarme.

Pero su presencia cambia algo.

La postura del general se vuelve más firme.

La presión aumenta.

Cada sombra parece entregarle una parte de su fuerza.

—Ellos murieron bajo mi mando —dice Aghamenon—. Mientras alguien recuerde una orden, un ejército nunca desaparece por completo.

Las sombras levantan armas.

Aghamenon ataca.

El hacha desciende.

No es el mismo golpe.

Detrás del filo aparecen cientos de armas espectrales.

Si esquivo el hacha, las lanzas ocuparán la trayectoria.

Si bloqueo, recibiré el peso de todo el ejército.

Doy un paso hacia adelante.

[Segundo estilo.][Postura contra la tormenta — SS.]

El mundo se reduce a un metro.

El hacha entra.

Desvío.

La primera lanza espectral golpea la hoja.

La segunda, la vaina.

La tercera busca mi rodilla.

Cambio el ángulo.

Cada ataque intenta atravesar el centro.

Ninguno lo consigue.

La postura no crea una barrera.

Convierte mi cuerpo en el punto alrededor del cual toda fuerza debe desviarse.

Las armas espectrales chocan entre sí.

El hacha de Aghamenon golpea el suelo a mi lado.

Corto.

La espada atraviesa su antebrazo.

No lo separa.

Abre la carne hasta el hueso.

El general ruge.

No de dolor.

De alegría.

Gira con el hacha atrapada en el suelo.

Su talón golpea mi costado.

La postura termina.

Salgo despedido fuera del metro defensivo.

Ruedo.

El campo recupera su tamaño.

[Postura contra la tormenta finalizada.]

[Tiempo de recuperación: 30 minutos.]

Aghamenon libera el hacha.

El brazo herido pierde fuerza.

Las sombras detrás de él también muestran cortes.

Comparten parte del daño.

No son solo un refuerzo.

Funcionan como una reserva.

Mientras permanezcan, las heridas del general se distribuirán.

—Buena técnica —dice.

—La tuya también.

—Entonces sigamos.

Las sombras avanzan con él.

No puedo destruirlas mediante ataques físicos normales.

Pero no necesito hacerlo.

Una autoridad basada en los soldados muertos depende de una estructura de mando.

Y toda estructura de mando tiene un centro.

El general.

La habilidad no existe sin su voluntad.

Debo romperla.

Aghamenon ataca desde arriba.

Esquivo hacia la izquierda.

Las armas espectrales cubren ese lado.

Cambio hacia la derecha.

Otra fila responde.

No importa dónde me mueva.

El ejército anticipa la ruta.

No lee mi mente.

Aghamenon da las órdenes antes de cada golpe mediante movimientos mínimos.

Una inclinación del hombro.

La posición de los dedos.

El ángulo de un cuerno.

Señales desarrolladas durante años de guerra.

Puedo aprenderlas.

Primer ataque.

Hombro derecho abajo: lanzas a la izquierda.

Segundo.

Mano inferior abierta: espadas frontales.

Tercero.

Pie adelantado hacia dentro: cierre desde atrás.

Recibo un corte sobre la espalda.

Otro en el muslo.

No son profundos.

Cada herida confirma una orden.

Aghamenon sonríe.

Cree que me obliga a retroceder.

En realidad, estoy contando.

Cuarto patrón.

Quinto.

Sexto.

El siguiente golpe llega.

Antes de que mueva el hombro, avanzo hacia el lugar que debería quedar cubierto.

Las lanzas espectrales todavía no aparecieron.

Mi espada atraviesa la articulación de su brazo herido.

El codo se rompe.

Aghamenon intenta cambiar la orden.

Demasiado tarde.

Corto una segunda vez.

La cadena del hacha cae.

Las sombras pierden la formación.

—Te entendí —digo.

El general retrocede.

Por primera vez, su expresión cambia.

No es miedo.

Es respeto.

—No.

Sujeta el hacha con un solo brazo.

Las sombras vuelven a alinearse.

—Solo entendiste un ejército.

La autoridad se expande.

Más figuras aparecen.

No detrás.

Alrededor de mí.

El campo blanco se convierte en un campo de batalla antiguo.

Banderas negras.

Montañas de cadáveres.

Fortificaciones ardiendo.

No es una ilusión completa.

Es un recuerdo impuesto sobre el espacio.

Aghamenon se encuentra en el centro.

Más joven.

Cubierto por sangre.

Dos cuernos intactos.

Miles de soldados demoníacos esperan su orden.

—Este fue el día en que me convertí en general —dice.

Las sombras cargan.

Ya no son simples armas.

Poseen cuerpos incompletos.

Suficientes para bloquear.

Suficientes para sujetar.

Suficientes para abrir una oportunidad al hacha.

Podría utilizar Masacre de masas.

Destruiría todo el campo.

También gastaría una habilidad SSS de dos horas de recuperación sin saber cuántas pruebas siguen después.

No.

Aghamenon espera que luche contra su ejército.

No lo haré.

Corro hacia el general.

Las sombras se cierran.

Una lanza atraviesa mi costado.

No completamente.

La armadura la detiene.

Una espada golpea mi espalda.

Otra mano sujeta la vaina.

Sigo avanzando.

Aghamenon levanta el hacha.

El ejército me inmoviliza durante el instante necesario.

Su golpe desciende hacia mi cabeza.

No activo Invencible.

Giro la espada.

[Corte del comandante — A.]

No corto el hacha.

No corto al general.

Corto la orden.

La habilidad reconoce aquello que une a un comandante con quienes lo siguen.

Una línea roja aparece entre Aghamenon y el ejército ausente.

Mi espada la atraviesa.

Las sombras se detienen.

El hacha también.

No físicamente.

Aghamenon duda.

Solo una fracción de segundo.

Durante una batalla entre principiantes, no significaría nada.

Entre nosotros, decide el resultado.

Me libero de las manos espectrales.

La espada entra por debajo de la armadura.

Atraviesa el abdomen.

Sale por la espalda.

Aghamenon baja la mirada.

La autoridad se rompe.

El campo de batalla antiguo desaparece.

Las sombras se convierten en ceniza.

El hacha cae sobre el suelo blanco.

El general continúa de pie.

Sujeta la hoja clavada dentro de su cuerpo.

—Así que también conocés el peso de dar órdenes.

—Sí.

—¿Cuántos murieron por ellas?

No respondo.

No porque el sistema me lo impida.

Porque no puedo ofrecer un número que signifique algo.

Aghamenon observa mi rostro.

Encuentra la respuesta de todas formas.

—Más de los que merecías.

—Sí.

El demonio ríe.

La sangre sale de su boca.

—Entonces somos iguales.

—No.

Giro la espada dentro de su cuerpo.

Busco el núcleo.

Aghamenon aprieta los dientes.

—¿No?

—Yo todavía tengo personas a las que regresar.

Activo la habilidad.

[Rompe-núcleos — A.]

El núcleo demoníaco se agrieta.

Aghamenon cae sobre una rodilla.

Su mano continúa sujetando la espada.

No intenta retirarla.

—Un general también regresa —murmura—. Aunque solo sea en la memoria de quienes sobrevivieron.

—Entonces asegurate de que te recuerden bien.

El demonio levanta la mirada.

—¿Vos lo harás?

—Sí.

Aghamenon sonríe.

No hay malicia.

Solo cansancio.

—Kim Cheonro.

Por primera vez pronuncia mi nombre sin probarlo.

Como si hubiera decidido conservarlo.

Retiro la espada.

El núcleo termina de romperse.

Las grietas se extienden por el cuerpo del general.

La armadura cae en fragmentos.

El hacha permanece sobre el suelo unos segundos más.

Después se convierte en ceniza.

Aghamenon inclina la cabeza.

No cae hacia adelante.

Muere arrodillado.

[FELICITACIONES.]

[HA DERROTADO AL GENERAL DEMONIO AGHAMENON.]

[CONDICIÓN DE DESPEJE SS ALCANZADA.]

La ceniza del general se dispersa sobre el campo blanco.

Guardo la espada.

La herida del hombro sangra.

También el costado y el muslo.

Ninguna es grave.

No utilicé Invencible.

No utilicé Locura.

No utilicé Nada.

Pero la puerta no desaparece.

En lugar de cerrarse, empieza a reducir su tamaño.

La presión detrás cambia.

Aghamenon no era el final de la prueba.

Solo el siguiente escalón.

Una nueva ventana comienza a formarse frente a mí.

Y, detrás de la puerta, alguien aplaude lentamente.

Thoughts

  • libretanegra

    El sistema poniendo una carita feliz al final de la misión. Desde el primer piso que cuando la Torre se pone amable, alguien termina pagando.

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  • tintaDeMartes

    Aghamenon preguntándole cuántos murieron por sus órdenes me dejó pensando más que toda la pelea. Cheonro no contesta con un número y el demonio igual encuentra la respuesta en su cara. Para mí ese general es lo que Cheonro sería si no tuviera gente esperándolo afuera, y por eso lo deja morir de rodillas y le promete acordarse de él. Alguna de mis amigas diría que es demasiado blando con un demonio. Yo no.

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