Hola… Esta tendrá que ser mi última carta durante un largo tiempo. Mañana me me incorporo al servicio militar obligatorio. No sé con qué frecuencia me permitirán escribirte desde el cuartel, pero te prometo que buscaré cualquier grieta de tiempo para hacerlo. Te has convertido, sin saberlo, en mi único santuario.
No sé en qué momento ocurrió, pero me enamoré. Me enamoré de tu mente, de tus palabras, de la manera en que ves la vida y de tus silencios, que dicen mucho más que miles de voces juntas. Me enamoré de ti sin haberte mirado a los ojos. Y lejos de darme miedo, esa certeza es la única que me da paz.