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Capitulo 5 Mi primera vez en la guerra

oscarmauricio
Pensamiento

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tuco

Después del entrenamiento básico ya estás diferente. La base sabe quién llegó y quién va a seguir. Los otros ya llevan el peso puesto.

Después del entrenamiento básico ya estás diferente. La base sabe quién llegó y quién va a seguir. Los otros ya llevan el peso puesto.

Contenido de la publicación

Después de haber terminado el entrenamiento básico de soldados el primer peloton con mi sargento y aparte de mi dos suboficiales y 35 soldados fuimos destinado para una base militar en la parte alta de un pueblo de Cundinamarca en esa base habíamos 4 pelotones ya que era un sitio estratégico de la güerilla y estaba bien fortificada pero durante 3 meses en esa base fuimos atacados 6 veces el cual se va narrar en este capitulo.

llegamos alas 3 am de la mañana un dia lunes nos desplazamos durante 3 horas para llegar, organizamos el dispositivo me toco en la parte alta de la base yo respondía con 8 soldados un sector de 3 trincheras estaba bien fortificado ese día organizamos dispositivos salimos del perímetro por un lado ´para hacer un registro hacia afuera de la base x mi sector a una distancia de 1Km para conocer que se encontraba afuera así en caso de algún ataque saber si había casas o algo que impidiera reaccionar, terminamos de hacer el registro volvimos la base después de dos horas almorzamos organizamos ya cayendo la noche el dispositivo para la noche.

Era aproximadamente la una de la mañana cuando me encontraba realizando una de las actividades normales de control dentro del dispositivo de seguridad de la base. Como responsable de mis soldados, estaba pasando revista, verificando las posiciones y asegurándome de que cada hombre se encontrara en su lugar y en condiciones de cumplir con la misión asignada.

La noche transcurría con la tensión propia de una zona de operaciones. Todo parecía estar bajo control hasta que, aproximadamente a las dos de la mañana, comenzaron a escucharse disparos provenientes de otro sector de la base.

Al principio fueron detonaciones que rompieron el silencio de la madrugada. Inmediatamente comprendimos que algo estaba ocurriendo. La reacción fue rápida. Los soldados ocuparon sus posiciones de seguridad y comenzamos a verificar de dónde provenían los disparos y cuál era la situación que se estaba presentando.

En cuestión de minutos, la situación cambió completamente.

Ya no se trataba únicamente de disparos de fusil. Comenzaron a escucharse explosiones mucho más fuertes y sentimos cómo varias granadas de mortero eran lanzadas contra el sector donde nos encontrábamos. El sonido de las detonaciones era intenso y cada explosión aumentaba la tensión dentro de la base.

Algunas de las granadas cayeron dentro del perímetro, en sectores donde afortunadamente en ese momento no había presencia de soldados. Otras pasaron por encima de nuestras posiciones y explotaron en áreas exteriores a la base. Cada impacto producía una fuerte onda expansiva y levantaba tierra y fragmentos.

En esos momentos no había tiempo para pensar en el cansancio ni en el miedo. La preparación, la disciplina y el entrenamiento comenzaban a demostrar su verdadera importancia. Cada soldado sabía que debía mantener la calma, protegerse y cumplir con su responsabilidad.

La situación se volvió cada vez más intensa.

Ante la magnitud del ataque, realizamos un repliegue hacia posiciones más seguras dentro del dispositivo defensivo, manteniendo siempre la organización y el control del personal. El objetivo principal era preservar la vida de los soldados, reorganizar nuestras posiciones y responder a la situación de acuerdo con las órdenes y procedimientos establecidos.

El ataque fue fuerte.

Durante aproximadamente dos horas vivimos momentos de gran tensión. El intercambio de fuego y las explosiones no permitían que nadie bajara la guardia. La oscuridad de la madrugada hacía que la situación fuera aún más difícil y aumentaba la incertidumbre, pues no era posible conocer con claridad todo lo que estaba ocurriendo en los alrededores.

Los soldados respondieron con valentía y disciplina. A pesar del ruido, las explosiones y la presión del momento, mantuvieron sus posiciones y actuaron como se les había enseñado durante su entrenamiento.

Uno de los momentos que más recuerdo fue cuando comenzaron a caer fragmentos producto de las explosiones. Dos de nuestros soldados resultaron heridos de manera leve por esquirlas de las granadas. Afortunadamente, sus lesiones no fueron de gravedad y recibieron atención inmediata.

Sin embargo, el hecho de ver a compañeros heridos siempre genera preocupación. Como comandante y como responsable del personal, uno siente la obligación de mantener el control, transmitir tranquilidad y continuar tomando decisiones pensando principalmente en la seguridad de los hombres.

A pesar de la situación, ninguno perdió la disciplina.

Todos comprendíamos que la mejor manera de enfrentar aquel momento era mantenernos unidos, seguir las instrucciones y confiar en el entrenamiento recibido. En situaciones como esa se pone a prueba no solamente la capacidad física, sino principalmente el carácter, la serenidad y el manejo de las emociones.

El ataque continuaba mientras esperábamos el apoyo.

Por la forma en que se desarrollaba la situación, se estableció que parte de los ataques con granadas provenían desde zonas elevadas cercanas al sector. Esto aumentaba la sensación de vulnerabilidad y hacía que cada explosión fuera recibida con mayor tensión.

El tiempo parecía avanzar lentamente.

Dos horas en una situación de combate pueden sentirse como una eternidad. Cada minuto estaba lleno de incertidumbre. Se escuchaban detonaciones, explosiones y las voces de los soldados comunicándose y cumpliendo sus responsabilidades.

Pero, al mismo tiempo, también fue posible observar algo que siempre queda grabado en la memoria: la solidaridad entre compañeros.

En esos momentos nadie piensa solamente en sí mismo. Cada hombre sabe que depende de los demás y que los demás también dependen de él. Se ayuda al compañero, se verifica que todos estén bien y se mantiene la comunicación dentro de las posibilidades de la situación.

Finalmente, mientras comenzaba a acercarse el amanecer, recibimos la noticia y posteriormente la presencia del apoyo aéreo que se encontraba en camino. La llegada del apoyo representó un momento importante para todos los que habíamos permanecido durante aquellas horas defendiendo nuestras posiciones.

Poco a poco, la oscuridad comenzó a desaparecer.

Después de una larga madrugada de tensión, explosiones y resistencia, amanecimos todavía en nuestras posiciones. El cansancio era evidente. Muchos llevábamos horas sin poder descansar, atentos a cada sonido y a cualquier movimiento.

Cuando finalmente comenzó a llegar la luz del día, pudimos dimensionar con mayor claridad lo ocurrido durante la noche.

La base había sido atacada durante aproximadamente dos horas. Habíamos vivido una situación intensa y peligrosa, pero gracias a la reacción, la disciplina y la actuación conjunta de los soldados, logramos mantener la defensa y proteger al personal.

Los dos soldados heridos por esquirlas recibieron atención y, afortunadamente, sus heridas fueron leves.

Después de todo lo ocurrido, quedó una sensación difícil de describir. Por una parte estaba el cansancio físico y mental después de una noche tan intensa. Por otra, estaba la satisfacción de saber que, en medio de la presión, los hombres respondieron con disciplina y permanecieron unidos.

Aquella madrugada dejó una enseñanza que nunca olvidé.

El entrenamiento militar cobra verdadero sentido en los momentos de mayor dificultad. Durante la instrucción se repiten una y otra vez los procedimientos, se exige disciplina, se trabaja bajo cansancio y se enseña a mantener el control de las emociones. Muchas veces, mientras se está entrenando, no se alcanza a comprender completamente la importancia de cada enseñanza.

Pero cuando llega un momento real de peligro, todo aquello aparece.

La disciplina permite actuar sin caer en el desorden. El entrenamiento ayuda a controlar el miedo. El liderazgo permite mantener la organización y la confianza. Y el compañerismo se convierte en una de las mayores fortalezas.

Como responsable de mis soldados, aquella experiencia también representó una gran prueba personal. En medio de una situación de combate, no basta con sentir valentía. Hay que mantener la mente clara, controlar las emociones y pensar constantemente en la seguridad y el bienestar de los hombres que se encuentran bajo la responsabilidad de uno.

Esa madrugada comprendí aún más el verdadero significado de liderar.

Liderar no significa estar por encima de los demás. Significa estar presente en los momentos difíciles, asumir responsabilidades, mantener la serenidad cuando los demás necesitan confianza y permanecer junto a los hombres cuando las circunstancias se vuelven más difíciles.

Aquel ataque terminó después de aproximadamente dos horas, mientras esperábamos la llegada del apoyo aéreo. Finalmente amanecimos después de una de las noches más intensas que recuerdo durante mi servicio.

Quedaron el cansancio, el sonido de las explosiones en la memoria y la preocupación por los compañeros heridos, pero también quedó la satisfacción de haber visto a mis soldados responder con disciplina, valentía y compañerismo.

Son experiencias que permanecen para siempre en la memoria de un militar.

Porque después de vivir una noche así, uno comprende que el verdadero valor no consiste en no sentir miedo. El miedo puede estar presente. El verdadero valor consiste en no permitir que ese miedo paralice, mantener el control de las emociones, cumplir con la responsabilidad y permanecer junto a los compañeros hasta que la situación haya terminado.

Aquella madrugada, durante aproximadamente dos horas, la oscuridad estuvo acompañada por disparos, explosiones y momentos de incertidumbre. Pero cuando llegó el amanecer, seguimos allí.

Cansados, golpeados emocionalmente por la intensidad de lo ocurrido, preocupados por nuestros compañeros, pero unidos.

Y esa fue una de las grandes enseñanzas que dejó aquella noche: en los momentos más difíciles es cuando se conoce verdaderamente la fortaleza de una persona, la importancia del entrenamiento, el valor de la disciplina y, sobre todo, la fuerza que puede tener un grupo de hombres cuando permanece unido y cumple con su deber.

Thoughts

  • viernesDeDeploy

    Ser el pelotón nuevo llegando a un lugar donde ya está todo puesto. Los primeros días mirando qué está pasando mientras vos estás todavía en sincronización.

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  • tuco

    Después del entrenamiento básico ya estás diferente. La base sabe quién llegó y quién va a seguir. Los otros ya llevan el peso puesto.

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  • sprintFallido

    Con qué carga llegaron a esa base después del entrenamiento?

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  • Ovid

    Seguiste escribiendo. Eso es lo que importa, que cuentes estos capítulos.

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  • milenaruiz

    Qué.

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  • juntaLarga

    Seis ataques en tres meses. Ese nivel de rutina donde algo que sería catastrófico en cualquier otro contexto se convierte solo en el trabajo de ese mes.

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