Sharon estaba en el taxi camino al hospital.
Su corazón se aceleraba. La noticia la había dejado en shock.
Mientras Freddy hacía todo por salvarla del peligro, el taxista esperaba en la entrada.
Nelly, por su parte, ya no pudo seguir con su novela. Estaba preocupada por su hermana.
Las cosas estaban tensas por todas partes. No había quien se salvara de esto.
Después de un largo recorrido, Sharon por fin llegó.
Pagó al chofer y se dirigió directo a la entrada.
El chico estaba allí, viéndola. No la conocía para nada, pero en cuanto la vio supo que era ella.
Se acercó.
—Señorita, disculpe... ¿usted es la hermana de la paciente, verdad?
—Sí, yo soy. ¿Y usted?
—Soy el chico del teléfono, ya sabe... el que le robó el celular a su hermana.
Al oír eso, Sharon lo reconoció.
—Sí, sí, entonces usted es... ¿Dónde está mi hermana?
—En urgencias. De hecho, acaban de llamar al médico especializado en esos casos.
—Bien. Entonces iré a la sala de espera. Gracias por todo, puede irse.
Sharon sacó un billete de 20.000 para recompensarlo.
Pero el chico se negó.
—No. No aceptaré el dinero. Lo que hice lo hice por humanidad, no por recompensa. Este dinero seguro le servirá a su hermana.
Sharon le agradeció. Los dos fueron a la sala de espera.
Tras unos minutos, Freddy salió de urgencias. Fue directo a buscar a la familia de Jena.
—¡Familiares de la paciente Jena Mangue, por favor! —gritó en medio de la sala.
Sharon y el taxista se levantaron enseguida. Cuando Sharon lo vio, no podía creerlo.
—¿Usted? ¿Qué hace vestido de médico? Más le vale que no le haya pasado nada a mi hermana porque si no...
Freddy la interrumpió.
—Soy el doctor Freddy Román, especialista en intoxicación y venenos, como es el caso de su hermana. Si tiene alguna duda sobre esa información, acérquese directamente a dirección, ahí tendrá todas las respuestas a sus preguntas, señorita.
Sharon, al oír esto, se calmó. No dijo ni una palabra más.
—Ahora, si está más tranquila, déjeme hablarle sobre la situación de su hermana —añadió Freddy.
Sharon lo miró. Suspiró hondo.
—Está bien, doctor Román. ¿Cómo está mi hermanita?
—Su hermana sufrió una picadura de serpiente. Pero gracias al equipo médico, todo fue perfecto. Pudimos extraer el veneno de su cuerpo. Ahora solo necesita descansar y no hacer movimientos bruscos hasta que esté totalmente recuperada.
Sharon suspiró de alivio.
—Gracias a Dios —susurró con la mano en el pecho.
Mientras Freddy hablaba, el joven taxista no dejaba de mirarlo. Como si su cara le fuera familiar.
—¿Puedo ir con mi hermana? —preguntó Sharon.
—Claro. De momento está dormida por la anestesia. Pero en dos o tres horas estará despierta.
Tras decir esto, Sharon no esperó un segundo más. Fue directo a la habitación de Jena.
El taxista seguía devorando a Freddy con la mirada. Y cuando Freddy estaba a punto de irse, lo detuvo.
—Doctor, un minuto, por favor.
Freddy se detuvo.
—Joven, si necesita alguna cosa respecto a la paciente, puede decírselo a las enfermeras.
—No... no es eso. Lo que pasa es que usted... bueno, su cara me suena de algo, aunque no logro recordar de dónde.
Freddy entonces lo miró con más atención.
—Ahora que lo pienso, usted también se parece mucho a alguien que conozco. Un viejo amigo mío de la universidad.
—¿Y a qué universidad fue? —preguntó el taxista.
—A la de San Juan Bosco, en España.
El taxista entonces lo reconoció. Se puso a reír de alegría.
—¡Lo sabía! ¡Eres tú, Freddy! No puedo creer que no te reconocí antes. ¡Mírame bien! ¡Soy yo, tu mejor amigo de fiestas escolares! ¿Lo recuerdas?
Freddy lo miró. Y justo allí recordó a su mejor amigo.
—¿Iván? ¿Eres tú?
—Sí, amigo, soy yo. ¡Iván Robles!
Tras reconocerse, los dos amigos se abrazaron enseguida.
Hacía como 12 años que no se veían, desde que finalizaron los estudios.
Este reencuentro había sido espontáneo... y hermoso para ellos.
Su amistad nunca terminó. Solo fue distanciada por las condiciones de vida.
Pero ahora que el destino los había vuelto a unir, nada ni nadie podría volver a separarlos.
Al menos, no de momento.
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*Fin del capitulo 4*