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Capítulo 25: nuevos aliados

DNavarrete
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Los pasillos del edificio principal tenían una calma inusual: la mayoría de los estudiantes aprovechaba el recreo en el patio o la cafetería, por lo que el sonido de sus tres pares de pasos resonaba…

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Me reí solo con lo de si los problemas tienen capacidad de decidir. Ella lo pregunta en serio, y ahí está lo bueno, nadie en esa sala sabe si contestarle de verdad o dejarla ir tranquila a la biblioteca.

Me reí solo con lo de si los problemas tienen capacidad de decidir. Ella lo pregunta en serio, y ahí está lo bueno, nadie en esa sala sabe si contestarle de verdad o dejarla ir tranquila a la biblioteca.

Contenido de la publicación

Los pasillos del edificio principal tenían una calma inusual: la mayoría de los estudiantes aprovechaba el recreo en el patio o la cafetería, por lo que el sonido de sus tres pares de pasos resonaba con claridad entre las paredes. Lilia caminaba entre Itsuki y Ayaka, observando con curiosidad cómo se movían los grupos, cómo saludaban unos a otros, cómo ocupaban el espacio con total naturalidad.

 

Tras unos segundos de silencio, volvió a mirarlos.

 

—Tengo otra duda.

 

Itsuki sonrió levemente.

 

—Me imaginé que no sería la única.

 

—¿Qué es exactamente ese Consejo Estudiantil?

 

Ayaka soltó una risita suave.

 

—La verdad es que debimos empezar por ahí, en lugar de darlo por supuesto.

 

Itsuki asintió y explicó con calma:

 

—Somos los representantes de todo el alumnado. Organizamos actividades, ayudamos a resolver conflictos entre estudiantes, gestionamos parte del dinero destinado a eventos y colaboramos con la dirección cuando hay decisiones importantes que afectan a todos.

 

Lilia escuchó con la atención que ponía en cada nueva lección.

 

—¿Entonces son quienes gobiernan este lugar?

 

—Más o menos —respondió él—, pero dentro de ciertos límites. No tomamos decisiones absolutas.

 

Lilia se quedó unos instantes pensativa.

 

—Entonces... se parece mucho al Senado de mi mundo.

 

—¿Al Senado? —preguntó Ayaka con interés.

 

—Era un grupo de personas encargadas de debatir y decidir sobre asuntos que concernían a todo el Imperio —explicó ella—. No gobernaban directamente cada ciudad, pero sus decisiones afectaban a todas.

 

Itsuki sonrió.

 

—La comparación es bastante acertada. Solo que aquí las discusiones suelen ser mucho menos dramáticas.

 

—Generalmente hablamos de festivales escolares, competencias deportivas o materiales para los clubes —añadió Ayaka.

 

—Entiendo el concepto —asintió Lilia.

 

Caminaron unos metros más, hasta que ella volvió a hablar con total naturalidad:

 

—Sin embargo, todavía no comprendo por qué me han pedido que venga. ¿Van a ejecutarme por lo ocurrido en el parque?

 

Ayaka no pudo evitar soltar una exclamación ahogada y se cubrió la boca rápidamente. Itsuki la miró de reojo.

 

—Ayaka...

 

—Lo siento —dijo ella intentando recuperar la compostura—, es solo que la forma tan seria en que lo dijo...

 

Itsuki suspiró con una media sonrisa y miró a Lilia.

 

—No, nadie piensa hacerte nada parecido. Solo queremos hablar contigo. Ya lo entenderás al llegar.

 

Pocos minutos después, se detuvieron frente a una puerta de madera con una placa sencilla que decía Consejo Estudiantil. Itsuki la abrió y le hizo un gesto para que pasara.

 

El interior era amplio y ordenado: una gran mesa de reuniones en el centro, ordenadores, archivadores, estanterías llenas de carpetas y una pizarra cubierta de anotaciones. Alrededor de la mesa, diez estudiantes levantaron la vista al mismo tiempo. Algunos la conocían de vista; otros solo habían oído rumores. Pero todos sabían quién era la chica que había aparecido en las grabaciones.

 

Itsuki tomó asiento en la cabecera, Ayaka a su lado, y el resto ocupó sus lugares habituales, dejando una silla libre justo frente a ellos.

 

—Por favor, siéntate —dijo él.

 

Lilia se acomodó con tranquilidad. El ambiente se volvió serio y silencioso.

 

—Antes que nada —empezó Itsuki entrelazando las manos sobre la mesa—, gracias por haber venido.

 

—No ha sido ninguna molestia —respondió ella haciendo una pequeña inclinación.

 

—La razón de esta reunión es sencilla —continuó él mirando a todos los presentes—. Esta mañana nos reunimos de forma extraordinaria. La directora y yo hemos contado a todos los miembros quién eres realmente.

 

Varios la observaron con renovada curiosidad; otros mantuvieron una postura reservada, analizando cada detalle.

 

—¿Por qué ahora? —preguntó Lilia con calma.

 

—Porque lo del parque cambió todo —explicó Itsuki—. Los vídeos siguen circulando por todas partes. Aunque la mayoría piensa que fue una filmación o efectos especiales, no podemos estar seguros de que esa creencia se mantenga para siempre.

 

—Cuantas más personas de confianza conozcan la verdad —añadió Ayaka—, más fácil será protegerte y ayudarte si alguna vez hace falta.

 

—Hasta ahora éramos muy pocos —dijo Itsuki—. Y creemos que necesitas más aliados. Por eso hemos decidido confiar en el Consejo.

 

Una chica de cabello corto asintió con firmeza.

 

—Todos estamos dispuestos a apoyarte.

 

—Aunque... —empezó otro muchacho, cruzándose de brazos con sinceridad—, no todos nos hemos quedado totalmente convencidos. No es que desconfiemos de la directora o de Itsuki... es solo que es una historia muy difícil de creer.

 

Lilia no mostró ofensa ni sorpresa. Miró a todos con serenidad.

 

—Es lógico. Yo tampoco lo habría creído si me lo hubieran contado a mí.

 

Entonces, levantó lentamente una mano. Todos siguieron el movimiento con la mirada. Ella introdujo el brazo en el aire frente a ella, como si atravesara una superficie líquida. De repente, un círculo de luz azul brillante apareció alrededor de su muñeca.

 

—¿Qué es eso? —exclamó uno de los miembros, levantándose de golpe.

 

Otro retrocedió instintivamente. La secretaria abrió los ojos de par en par. El tesorero dejó caer el bolígrafo sobre la mesa con un golpe seco.

 

El círculo de luz se ensanchó despacio. Con un movimiento suave, Lilia pareció tomar algo desde el interior de aquella apertura en el espacio. Un instante después, retiró el brazo: en su mano descansaba una espada de hoja plateada, elegante y perfectamente pulida, que reflejó la luz del sol que entraba por las ventanas.

 

La apoyó sobre sus piernas con el mismo cuidado con el que momentos antes había puesto su manga en el pupitre.

 

—¿Con esto basta como prueba?

 

Nadie pudo responder. En ese silencio absoluto, todos comprendieron de golpe que las palabras no habían sido exageraciones. Allí sentada no había solo una chica con una fuerza fuera de lo común: frente a ellos estaba una guerrera que había cruzado mundos.

 

El silencio se prolongó unos segundos más tras el último movimiento de Lilia. La espada había desaparecido igual de serenamente que había aparecido, sin dejar rastro salvo la impresión imborrable en todos los presentes. Ella volvió a apoyar las manos sobre sus rodillas con total compostura.

 

Ya no había dudas.

 

No era un truco.

 

Ni una ilusión.

 

Todo lo que la directora les había contado aquella mañana era absolutamente real.

 

El primero en hablar fue el tesorero, un muchacho de tercer año que tosió levemente antes de encontrar la voz.

 

—Entonces... ¿de verdad vienes de otro mundo?

 

Lilia asintió sin vacilar.

 

—Así es.

 

—¿Y esa espada...?

 

—Es mi arma. Parte de mí.

 

El muchacho tragó saliva y asintió despacio.

 

Itsuki dio unos golpecitos suaves sobre la mesa para recuperar el orden.

 

—Muy bien. Creo que la demostración ha sido más que suficiente. El objetivo de esta reunión no es mostrar habilidades, sino reunir información para protegerla y evitar que su identidad se vuelva pública.

 

Lilia lo miró fijamente.

 

—Responderé todo lo que necesiten saber. No ocultaré nada. Mentir no es algo que se me dé bien, ni tampoco lo considero correcto.

 

Ayaka sonrió con gratitud.

 

—Siempre que no pongas en peligro tu seguridad.

 

—No hay problema.

 

La secretaria abrió su libreta y preparó el bolígrafo.

 

—Empecemos entonces.

 

Las preguntas comenzaron de forma ordenada:

 

—¿En tu mundo también existen escuelas?

 

—Sí.

 

—¿Son parecidas a estas?

 

—En absoluto. Allí se enseñan combate, magia, historia militar y administración, según el rango y el destino de cada uno.

 

Varios levantaron las cejas, anotando aquello con atención.

 

—¿Qué edad tienes exactamente?

 

—Dieciocho años.

 

Esa respuesta pareció relajar un poco el ambiente; la diferencia no era tan grande como habían imaginado.

 

Entonces tomó la palabra la chica encargada de salud y enfermería.

 

—Tengo una duda muy importante. ¿Existe alguna enfermedad, virus o afección en tu mundo que pudiera transmitirse a las personas de aquí?

 

La pregunta provocó varias miradas cruzadas: era una preocupación totalmente lógica y necesaria.

 

Lilia respondió casi de inmediato.

 

—No. Es imposible.

 

—¿Estás completamente segura?

 

—Sí —juntó las manos sobre sus piernas con seriedad—. Cuando alguien cruza un portal entre mundos, el propio tránsito purifica cualquier agente patógeno, bacteria o organismo que pueda alterar el equilibrio del lugar al que llega.

 

Algunos empezaron a escribir rápidamente.

 

—¿Cómo puedes estar tan segura de ello?

 

—Porque en mi mundo se invocan Héroes de otros lugares cada diez años aproximadamente —explicó con total naturalidad—. Si existiera ese riesgo, cada llegada habría provocado una pandemia mundial.

 

Más de uno asintió en voz baja: "Tiene todo el sentido".

 

La chica de enfermería suspiró aliviada.

 

—Gracias. Eso resuelve mi duda por completo.

 

En ese momento intervino otro miembro del consejo.

 

—Quería preguntar sobre tu magia. ¿Sigues siendo capaz de usarla al completo aquí?

 

—Sí —respondió ella.

 

—¿No ha disminuido nada su fuerza?

 

Lilia se quedó unos instantes reflexionando.

 

—En realidad... ha ocurrido exactamente lo contrario.

 

Esta vez fue Itsuki quien frunció el ceño.

 

—¿Te sientes más poderosa?

 

—Así es.

 

El presidente apoyó los codos sobre la mesa e inclinó un poco el cuerpo hacia adelante.

 

—¿Podrías explicarnos por qué?

 

Lilia cruzó levemente los brazos mientras ordenaba sus ideas.

 

—No tengo pruebas definitivas, solo una teoría. En mi mundo, absolutamente todo absorbe una parte de la magia que hay en el ambiente: las personas, los animales, los árboles, hasta el suelo. Todos consumimos una porción de esa energía.

 

Todos la escuchaban en silencio.

 

—Pero desde que llegué aquí... —miró alrededor con atención— no he encontrado a nadie que pueda usarla.

 

—¿Quieres decir que... nosotros no tenemos magia? —preguntó uno con voz baja.

 

—No —corrigió ella con calma—. Quiero decir que ustedes no pueden utilizarla. La magia sigue estando aquí.

 

Un murmullo leve recorrió la mesa.

 

—¿Existe de verdad... en este mundo?

 

—Todos los mundos poseen energía mágica —aseguró Lilia—. Es una constante del universo. Lo que cambia es la capacidad de sus habitantes para percibirla y usarla.

 

Tomó una hoja de papel que había sobre la mesa y la levantó.

 

—Imaginen que la magia es el aire. Está ahí aunque no puedan verlo ni sentirlo de forma consciente. Con la magia ocurre exactamente lo mismo.

 

Ayaka la miró con los ojos muy abiertos.

 

—Entonces... vivimos rodeados de ella y no lo sabemos.

 

—Correcto.

 

Itsuki volvió a intervenir.

 

—Y eso explicaría por qué te sientes más fuerte...

 

Lilia asintió despacio.

 

—Nadie está consumiendo esa energía. Todo lo que millones de personas y seres absorberían de forma natural, permanece libre en el aire, en la tierra, en todo lo que nos rodea. Y como yo sí puedo tomarla... mi reserva no disminuye, sino que crece sin parar.

 

El silencio volvió a instalarse, pero esta vez cargado de comprensión. La secretaria detuvo su escritura; el tesorero dejó el bolígrafo sobre la mesa.

 

Ayaka fue la primera en romperlo.

 

—Eso significa que... podrías llegar a ser mucho más poderosa aquí que en tu propio mundo.

 

—Es una posibilidad —respondió Lilia con la misma tranquilidad de siempre—. Todavía necesito tiempo para saber hasta dónde llega ese cambio.

 

Nadie dijo nada más durante unos segundos. Todos comprendieron de golpe la magnitud de lo que tenían delante: aquella chica no solo había cruzado mundos, sino que en este lugar, donde nadie conocía esa energía, su potencial no tenía límites conocidos. Y eso hacía aún más necesario protegerla, cuidarla y mantener su secreto a salvo.

 

El último miembro del consejo cerró la puerta tras de sí, y el silencio volvió a instalarse en la sala, aunque ya no era el mismo silencio tenso y dubitativo de antes.

 

Lilia se levantó despacio.

 

—Si ya no necesitan nada más, iré a la biblioteca. Tengo que devolver este libro y ayudar a ordenar los nuevos ejemplares.

 

Itsuki asintió mientras ordenaba sus papeles.

 

—Está bien. Y recuerda lo que hablamos: intenta mantenerte alejada de problemas.

 

Lilia lo miró con total atención.

 

—¿Mantenerme al margen de cualquier situación que pueda generar conflictos?

 

—Exacto.

 

Ella hizo una pequeña inclinación de cabeza.

 

—Haré todo lo posible por cumplirlo.

 

Ayaka miró hacia la ventana para ocultar una sonrisa.

 

—...Ojalá los problemas decidan hacer lo mismo.

 

Lilia ladeó la cabeza, confundida.

 

—¿Los problemas tienen capacidad de decidir?

 

Hubo un instante de silencio. Itsuki soltó un suspiro entre resignado y divertido.

 

—No... no hace falta que le des más vueltas. Ve tranquila.

 

—Entendido.

 

Salió de la sala cerrando la puerta con la misma delicadeza con la que hacía todo.

 

Durante unos segundos nadie dijo nada. Hasta que el tesorero se dejó caer contra el respaldo de su silla.

 

—Vaya... todavía no me lo creo.

 

La secretaria soltó el aire que había estado conteniendo.

 

—Sigo intentando asimilar que todo lo que hemos escuchado es verdad.

 

Uno de los representantes levantó la mano con timidez.

 

—¿Entonces... de verdad viene de otro mundo?

 

—¿Después de ver lo de la espada todavía preguntas? —le respondió otro señalando la puerta.

 

—Ya... ya no pregunto.

 

Ayaka rió bajito.

 

—Les advertí que dejaran de mirarla como si fuera una actriz contratada para un espectáculo.

 

El vicepresidente de cultura sonrió con los ojos brillantes.

 

—¡Es increíble! ¡Tenemos a una auténtica heroína de fantasía en nuestra escuela!

 

—Bueno... técnicamente ella dijo que era una general del ejército demoníaco —corrigió otro.

 

—¡Sí, pero ahora ayuda a todo el mundo!

 

—¡Una exgeneral demoníaca que elige proteger a los demás! ¡Eso suena todavía mejor!

 

Las voces se cruzaron con entusiasmo hasta que Itsuki levantó la mano para recuperar la atención.

 

—Por favor, recuerden que todo esto es confidencial. No podemos correr riesgos.

 

—¡Claro que sí! —respondieron todos al unísono.

 

Entonces el mismo chico de cultura levantó la mano de nuevo, con una sonrisa ilusionada.

 

—Presidente... ¿podría hacer una propuesta?

 

Itsuki ya imaginaba lo que venía.

 

—Adelante.

 

—¿Y si hacemos un manga inspirado en ella? Cambiamos nombres, lugares y detalles, pero contamos su historia.

 

El salón estalló de inmediato:

 

—¡Yo sé dibujar muy bien!

 

—¡Yo puedo escribir el guion!

 

—¡Sería increíble! ¡Una guerrera de otro mundo que empieza una vida normal aquí!

 

—¡Y hasta aprende sobre animes y mangas! ¡Es perfecto!

 

Ayaka se llevó una mano a la frente riendo.

 

—Sabía que alguien iba a proponerlo...

 

Itsuki negó con la cabeza, pero sonreía.

 

—Está bien. Mientras no usen su nombre real ni datos que la identifiquen, no hay inconveniente.

 

—¡¡Genial!! ¡Empezamos ya mismo!

 

La sala pasó en un segundo de reunión seria y reservada a un alboroto de ideas, bocetos y planes.

 

Mientras tanto, por los pasillos, Lilia caminaba tranquila hacia la biblioteca, pensando solo en ordenar libros y en qué nueva historia le recomendaría Aiko después. No tenía ni idea de que, a unas puertas de distancia, ya estaban dándole forma a una historia inspirada en ella: una historia que, aunque nadie lo sabía aún, sería la primera de muchas formas en que su llegada cambiaría ese mundo.

 

Thoughts

  • cuento77

    Ay, lo de la espada saliendo del círculo azul lo leí dos veces. Mis amigas andan peleadas por si Itsuki confía demasiado rápido en todo el consejo. ¿En qué momento decidiste que se enteraran todos de golpe?

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  • cuentistadebar

    Me reí solo con lo de si los problemas tienen capacidad de decidir. Ella lo pregunta en serio, y ahí está lo bueno, nadie en esa sala sabe si contestarle de verdad o dejarla ir tranquila a la biblioteca.

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  • TintaYMadrugada

    Órale, lo que me dejó pensando es que el consejo cambia de opinión por una espada y no por nada de lo que ella explicó antes. El muchacho que dijo que era difícil de creer no vuelve a abrir la boca en toda la reunión. Apuesto a que ese mismo es el que va a hablar de más cuando se le pase el susto, y nadie lo va a ver venir.

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  • Ovid

    El salto de reunión secreta a todos queriendo hacer un manga de ella me hizo pensar en cómo funcionan los grupos de verdad: se juran confidencialidad y a los dos minutos ya están repartiendo tareas. Apuesto a que ese manga vuelve más adelante y les complica justo lo que querían proteger. Gracias por subir el capítulo!

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  • MarianelaVidal

    La pregunta de la chica de enfermería fue lo que me dejó pensando un buen rato. De diez personas sentadas a esa mesa, la única que se acordó de preguntar por los contagios es la que atiende enfermos todo el día. Me da la impresión de que va a ser ella la primera en notar cuando algo ande mal con Lilia, mucho antes que el presidente y sus reuniones extraordinarias.

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