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Capítulo 21: pequeños detalles

DNavarrete
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Tras semejante experiencia, el grupo decidió tomarse un respiro. Encontraron una mesa bajo la sombra de un gran árbol, rodeados del aroma dulce de los puestos de comida. Lilia sostenía un vaso de…

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Che, Lilia lo dijo desde la rueda y yo lo pienso desde que Miyu gritó lo del traje a medida: esos dos terminan juntos. Y el perno que se soltó justo hoy no me huele a casualidad, alguien quería ver a Lilia en acción.

Che, Lilia lo dijo desde la rueda y yo lo pienso desde que Miyu gritó lo del traje a medida: esos dos terminan juntos. Y el perno que se soltó justo hoy no me huele a casualidad, alguien quería ver a Lilia en acción.

Contenido de la publicación

Tras semejante experiencia, el grupo decidió tomarse un respiro. Encontraron una mesa bajo la sombra de un gran árbol, rodeados del aroma dulce de los puestos de comida. Lilia sostenía un vaso de jugo mientras terminaba de comer una brocheta que Kaede le había comprado. Ya había recuperado el color en el rostro, pero seguía con esa expresión seria y decidida que la caracterizaba.

 

Miyu la miró de reojo, con una sonrisa traviesa.

 

—¿Ya te recuperaste del todo?

 

Lilia dio otro mordisco antes de responder con calma:

 

—Sí.

 

Hubo un breve silencio. Miyu esperaba, y no tardó en llegar lo que sabía que diría:

 

—La próxima vez... —dijo ella dándole un sorbo al jugo— ganaré.

 

Ren arqueó una ceja, confundido.

 

—¿Ganarás?

 

Lilia asintió con total firmeza.

 

—Esa máquina me derrotó esta vez. Pero la próxima será diferente.

 

Miyu ya empezaba a contener la risa.

 

—¿Piensas derrotar a una montaña rusa?

 

—Así es.

 

—¿Y cómo planeas hacerlo?

 

Lilia cruzó los brazos con seriedad absoluta.

 

—Todavía estoy analizando la estrategia adecuada.

 

Ren se ajustó las gafas, un poco preocupado.

 

—Espero que no estés pensando en... romperla o algo así.

 

—No —negó ella de inmediato—. Solo necesito entrenar para soportarla mejor.

 

Miyu ya no pudo aguantar más y estalló en carcajadas, golpeando suavemente la mesa.

 

—¡JAJAJAJA! ¡Estás tratando a la montaña rusa como si fuera el jefe final de una mazmorra!

 

Ren también sonrió.

 

—Bueno... técnicamente, según las reglas de combate... ella sí perdió.

 

—¡Ren! —lo reprendió Miyu entre risas— ¡Apóyame un poco!

 

—Solo digo lo que los hechos demuestran —respondió él con calma—. Por ahora, la victoria es de la atracción.

 

Lilia se quedó inmóvil, y su expresión se volvió un poco más rígida. Kaede intervino rápidamente, dándole unas palmaditas suaves en el brazo.

 

—No sean malos —les dijo a los otros dos—. Es tu primera vez, Lilia. Es muy normal que te haya afectado un poco.

 

Miyu hizo un esfuerzo enorme por ponerse seria, respirando hondo.

 

—Claro, claro... no es culpa tuya... —pero una risita se le escapó de nuevo al ver la cara de ofendida de Lilia.

 

Kaede intentó mantener la compostura, pero cada vez que recordaba esa mirada de "no voy a gritar aunque me muera de miedo", le entraban ganas incontrolables de reír.

 

Lilia la miró fijamente a los ojos.

 

—Kaede.

 

—¿Sí? —respondió ella, sorprendida.

 

—Tú también quieres reírte.

 

Kaede abrió mucho los ojos.

 

—¿Eh? N-no...

 

—Sí. Lo noto.

 

Hubo unos segundos de silencio tenso. Entonces Lilia habló con la dignidad de siempre:

 

—Si esto hubiera sido un combate con espadas... —se llevó una mano al pecho— yo no habría perdido.

 

Silencio total durante un instante.

 

Y entonces...

 

—¡Pffff...! —fue Miyu la primera en soltarlo.

 

Ren desvió la mirada hacia otro lado. Kaede se tapó la boca con ambas manos. Y al segundo siguiente, los tres estallaron al mismo tiempo:

 

—¡¡JAJAJAJAJAJAJA!!

 

—¡¿Qué tiene que ver una espada con una montaña rusa?! —gritó Miyu entre risas.

 

—¡Claro que ahí ganarías tú! —decía Ren intentando hablar— ¡Pero eso es una máquina!

 

Lilia los miró sin entender qué era tan gracioso. Y entonces, sin darse cuenta, infló un poco las mejillas, cruzó los brazos y dio media vuelta.

 

—Voy a buscar otro jugo.

 

Se alejó caminando con la espalda perfectamente recta, con esa elegancia natural que parecía imposible de perder... pero con las mejillas todavía hinchadas por el orgullo herido.

 

—¡Está haciendo pucheros! —dijo Miyu riéndose más fuerte.

 

—No es un puchero —corrigió Ren, aunque sonreía—. Simplemente está... ofendida.

 

—¡Es lo más tierno que he visto en mi vida!

 

Mientras tanto, Lilia llegó hasta el puesto de bebidas y esperó su turno con paciencia. Un joven que llevaba rato observándola se acercó con una sonrisa muy segura.

 

—Hola, preciosa. ¿Qué te parece si dejamos a tus amiguitos y damos una vuelta tú y yo?

 

Lilia lo miró dos segundos.

 

—No.

 

—Vamos, no seas tan antipática —dijo él, intentando ponerle una mano en el hombro.

 

Fue un error fatal.

 

Por puro instinto, Lilia sujetó suavemente su muñeca, giró apenas la cintura con una fluidez increíble... y ¡FWOOSH! El muchacho salió despedido por encima de un banco, cayendo varios metros más allá sobre el césped.

 

Todo ocurrió tan rápido que nadie supo explicar qué había pasado. Lilia ni siquiera se giró a mirarlo; tomó su vaso con total tranquilidad.

 

—Gracias —dijo al vendedor.

 

—D-de nada... —respondió el hombre, pálido como una hoja.

 

Luego regresó hacia la mesa igual que se había ido: paso firme, espalda erguida, el vaso en la mano y las mejillas todavía un poco infladas.

 

Desde la mesa, los tres habían visto todo. Se quedaron en silencio unos instantes.

 

—Pobre chico —dijo Miyu al final—. Eligió a la peor persona de todo el parque para intentar eso.

 

Ren asintió.

 

—Definitivamente.

 

Kaede suspiró con una pequeña sonrisa cariñosa.

 

—Al menos se controló bastante bien.

 

—¿Controló? —preguntaron los otros dos al mismo tiempo.

 

—Claro —explicó ella—. Si hubiera reaccionado como en su mundo... seguramente lo habría mandado mucho más lejos.

 

Los tres la miraron volver, con esa calma absoluta a pesar de todo.

 

—¿Saben? —dijo Miyu suavemente—. Es la primera vez que la veo actuar como una chica de su edad.

 

—Tienes razón —asintió Ren—. Siempre tan seria, tan responsable...

 

Kaede la miró con el corazón lleno.

 

—Siempre intenta ser la caballera perfecta. Pero hoy... hoy la vimos enfadarse por una tontería, hacer un berrinche silencioso... y ser simplemente ella.

 

No era la guerrera que había salvado reinos. Era solo una chica que descubría el mundo poco a poco, que se enfadaba por perder una "batalla" contra una máquina y que tenía amigos que la querían tal cual era. Y esa faceta tan humana la hacía sentir mucho más cercana a todos ellos.

 

La tarde avanzaba suavemente, bañando todo con tonos dorados y anaranjados. Tras el descanso, los cuatro decidieron subir a la rueda de la fortuna.

 

—Esta sí que no nos hará correr peligro —dijo Miyu con una sonrisa tranquila.

 

—Eso espero sinceramente —añadió Ren ajustándose las gafas.

 

Cuando llegó su turno, terminaron separados: Miyu y Ren en una cabina; Kaede y Lilia en la inmediatamente siguiente. Las puertas se cerraron despacio y, con un movimiento suave y pausado, la enorme estructura comenzó a elevarlos poco a poco hacia el cielo.

 

Dentro reinaba una calma muy agradable. Lilia observaba con curiosidad cómo la ciudad se extendía allá abajo, iluminada por la luz cálida del atardecer. Kaede, en cambio, miraba de reojo la cabina que iban delante. Allí estaban sus dos amigos y, como siempre, ya estaban en plena discusión silenciosa: Miyu gesticulaba con exageración señalando hacia algún lado, mientras Ren movía la cabeza intentando explicar algo con paciencia infinita.

 

Kaede soltó una risita suave.

 

—No cambian nada, ¿verdad?

 

Lilia siguió su mirada.

 

—¿Están peleando?

 

—Como siempre —respondió Kaede divertida.

 

Lilia los observó unos instantes más, y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

 

—Tengo la extraña sensación de que, con el tiempo... terminarán estando juntos para siempre.

 

Kaede giró hacia ella sorprendida.

 

—¿De verdad lo crees?

 

—Es solo una impresión —dijo Lilia con tranquilidad—. Son tan diferentes... que parece que una parte de cada uno está donde debería estar.

 

Kaede asintió despacio, mirando a sus amigos.

 

—A veces las diferencias son lo que mejor une a las personas.

 

Se hizo un breve silencio, solo roto por el suave balanceo de la cabina. Entonces Kaede respiró hondo y reunió valor para hablar:

 

—Lilia... ¿puedo preguntarte algo un poco personal?

 

La chica rubia apartó la vista del paisaje y la miró con total apertura.

 

—Claro que sí.

 

—Llevaba tiempo queriendo saber más sobre ti —dijo Kaede con voz suave—. Antes no me atrevía porque no quería obligarte a recordar cosas dolorosas.

 

Lilia permaneció tranquila, sin rastro de angustia en su rostro. Miró nuevamente hacia el horizonte y comenzó a hablar con una calma absoluta:

 

—No hay mucho que contar... al menos no de lo que sucedió antes. No recuerdo nada anterior a mi vida en el ejército demoníaco.

 

Kaede sintió cómo se le encogía el corazón.

 

—Cuando Haru y su equipo me derrotaron... descubrí lo que había pasado. La aldea donde nací fue destruida. Yo... me llevaron cuando apenas tenía tres años.

 

—¿Tres años? —susurró Kaede horrorizada.

 

—Al parecer, desde muy pequeña tenía una afinidad especial con la magia —continuó Lilia, mirando sus propias manos como si fueran algo ajeno—. Por eso decidieron no matarme. Desde ese día, mi única vida fue el entrenamiento. Despertar antes del sol, practicar con la espada, aprender hechizos, fortalecer el cuerpo y la mente... y combatir. No hubo descanso, ni errores permitidos, ni debilidad aceptada. Cada derrota era un castigo; cada victoria... solo significaba entrenar algo más difícil.

 

La cabina seguía subiendo lentamente. Afuera el parque seguía lleno de risas y música, pero dentro solo resonaba la voz serena de Lilia.

 

—Con el tiempo... me convertí exactamente en lo que querían: un arma humana. No conocí otra cosa. La guerra fue mi única realidad. Nunca tuve amigos, ni fui a la escuela, ni celebré nada, ni jugué... porque un arma no necesita esas cosas.

 

Kaede sentía una opresión en el pecho al imaginar todo aquello. Ahora entendía perfectamente por qué todo le parecía tan nuevo: los libros, las risas, las bromas, aquel parque... absolutamente todo era un mundo desconocido para ella.

 

Lilia la miró entonces, y una sonrisa muy distinta a las anteriores —más suave, más verdadera— apareció en su rostro.

 

—Y entonces... fui derrotada por el Héroe Haru y su grupo. Fue la primera vez que perdí en mi vida.

 

Soltó una risita leve y cálida.

 

—Y también... la mejor derrota que me ha ocurrido jamás.

 

Kaede sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas, pero de ternura.

 

—Me alegro muchísimo de que así fuera —dijo con voz entrecortada.

 

Lilia parpadeó suavemente.

 

—¿Por qué?

 

—Porque si Haru no te hubiera vencido aquel día... —explicó Kaede mirándola con todo su cariño— ...hoy no estarías aquí, subiendo a la rueda de la fortuna y riendo con nosotros.

 

Lilia volvió a mirar hacia el cielo teñido de atardecer. Pensó en Haru, en la familia que ahora la acogía, en la biblioteca, en las peleas divertidas de Miyu y Ren, en la calidez de Kaede... y por primera vez comprendió que aquella derrota no le había quitado nada: le había devuelto la vida.

 

La enorme rueda de la fortuna seguía girando lentamente, con el cielo teñido de naranja y las luces encendiéndose una a una, bañando todo de una calma casi irreal. Hasta que...

 

¡CLANK!

 

Un estruendo metálico recorrió toda la estructura. La rueda dio un tirón brusco y se detuvo en seco.

 

—¡¿Eh?!

 

En la cabina delantera, Miyu perdió el equilibrio por completo.

 

—¡Aaaaa!

 

Cayó directamente sobre Ren, enredándose entre sus brazos. Él apenas levantó las manos intentando explicarse.

 

—¡Espera, yo no...!

 

¡PAF!

 

Su mano le golpeó la cara sin querer.

 

—¡¡¡PERVERTIDO!!! —gritó ella de inmediato.

 

—¡¡¡NO FUE MI CULPA!!!

 

—¡¡¡SIEMPRE DICES LO MISMO!!!

 

—¡¡¡PORQUE VERDADERAMENTE NO LO FUE!!!

 

Y la discusión estalló al instante.

 

Mientras tanto, en la cabina de atrás...

 

Kaede también perdió el apoyo.

 

—¡Ah!

 

Cayó hacia delante, y su cabeza quedó justo contra el pecho de Lilia. Tardó unos segundos en comprender qué había pasado; su rostro se encendió de golpe.

 

—¡¡P-perdón!! —se apartó apresuradamente.

 

Pero Lilia ni siquiera pareció notarlo. Estaba inmóvil, con la mirada fija hacia arriba, sus ojos ya no eran tranquilos: analizaban cada detalle con una concentración absoluta, la misma que usaba en combate.

 

—Lilia...

 

Kaede siguió su mirada y el corazón se le detuvo.

 

Varias posiciones más arriba, una cabina estaba torcida. Uno de los pernos gigantes se había soltado con el golpe, y ahora oscilaba peligrosamente. Dentro, una familia entera: un matrimonio y dos niños pequeños que ya lloraban del miedo.

 

CRIIIK...

 

El metal volvió a gemir.

 

 

—¡¡Se va a caer!! —gritaron desde abajo.

 

—¡¡Llamen a emergencias!!

 

Kaede intentó hablar.

 

—¡Lilia, tenemos que...!

 

No llegó a terminar.

 

¡CLACK!

 

La puerta de la cabina se abrió sola. Lilia ya estaba de pie, sin rastro de duda ni miedo. Salió al exterior y se apoyó en el borde.

 

—¡¡¡LILIA!!! —gritó Kaede desesperada.

 

—Los servicios de rescate no llegarán a tiempo —respondió ella sin apartar la vista de la familia—. Si espero... morirán.

 

Flexionó las piernas y saltó.

 

¡BOOM!

 

El techo de la cabina se hundió levemente con el impulso, pero ella ya estaba en el aire. Cayó sobre la siguiente cabina, se impulsó de nuevo... y otra, y otra más. Saltaba entre estructuras suspendidas a decenas de metros de altura como si caminara por un sendero plano, calculando cada distancia, cada agarre, cada movimiento con una precisión que solo alguien entrenado desde la cuna podía tener.

 

Abajo, la multitud contaba la respiración.

 

—¿Es una acróbata?

 

—¡Eso es imposible!

 

—¡Se va a caer!

 

Kaede la observaba y comprendió de golpe: para el resto del mundo era un milagro o una locura. Para Lilia... era simplemente lo que le habían enseñado a hacer.

 

Entonces el metal crujió con fuerza.

 

¡CRAAACK!

 

El último soporte cedió. La cabina comenzó a desprenderse. Los niños abrazaron a sus padres llorando a gritos.

 

Y no cayeron.

 

Una mano apareció bajo la base de la cabina y la sostuvo. Como si apenas pesara un puñado de plumas. Con la otra mano, Lilia se aferró al brazo metálico de la rueda, manteniéndose firme en el vacío.

 

El silencio fue total.

 

Una chica sostenía el peso de toda una cabina llena de personas, sin que su brazo temblara ni un milímetro. Levantó la vista hacia ellos con calma.

 

—No tengan miedo. No los dejaré caer.

 

Su voz sonó clara y serena, como si estuviera hablando desde el suelo. Poco a poco, los niños dejaron de llorar. Con lentitud, apoyó la cabina contra la estructura y alzó la mano libre. Un círculo mágico de luz azul apareció, lleno de runas antiguas que recorrieron las juntas rotas, fundiendo el metal y reconstruyendo lo dañado hasta que pareció que nunca se había soltado.

 

Golpeó suavemente la unión recién hecha para comprobar su firmeza, asintió satisfecha y regresó saltando igual de tranquila.

 

Y entonces estalló el parque: aplausos, gritos de alivio, vítores que resonaban por todos lados.

 

Kaede seguía asomada, con el corazón latiendo a mil por hora, y en ese momento lo entendió todo de nuevo.

 

La chica que se mareaba en la montaña rusa, que se disculpaba por llegar tarde, que inflaba las mejillas cuando la molestaban... seguía siendo la misma persona que durante años no había sido nada más que un arma humana: forjada, entrenada y preparada para hacer lo imposible, para cargar con pesos que nadie más podría, y para salvar vidas incluso cuando todo parecía perdido.

Thoughts

  • AlmaCorrea

    Lilia contando lo de los tres años con la misma calma con que pide otro jugo, sin que nadie le saque las palabras. Así cuentan lo grande los que ya lo cargaron un rato. A mí lo de la mejor derrota de su vida me lo llevo.

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  • tintaDeMartes

    Órale, en mi casa nos dividimos con el muchacho del puesto de jugos. Mi hija dice que se lo merecía por lo de la mano en el hombro, mi hijo que Lilia se pasó. Yo me quedo con Kaede: para lo que era ella, se controló.

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  • Ovid

    Lilia planeando entrenar para vencer a la montaña rusa la proxima vez me hizo reir en voz alta, y me hizo pensar en la gente que no sabe perder ni contra una maquina. Apuesto a que en el proximo capitulo vuelve a subirse sin gritar y lo cuenta como una victoria. Gracias por seguir con la serie, me encanto este!

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  • CapituloTrasCapitulo

    Che, Lilia lo dijo desde la rueda y yo lo pienso desde que Miyu gritó lo del traje a medida: esos dos terminan juntos. Y el perno que se soltó justo hoy no me huele a casualidad, alguien quería ver a Lilia en acción.

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