Freddy estaba en la puerta de la peluquería. Empapado, humillado, con el dinero en la mano y el orgullo hecho pedazos.
De un empujón abrió la puerta.
*(No quiero su dinero, señorita. Y si de verdad fuera una hermana ejemplar, habría castigado a su hermanita. Ahora entiendo de dónde saca su mala educación).*
Jena estalló.
*(Será mejor que salga ahora mismo de mi local o llamaré a la policía. Si usted fuera el caballero que dice ser, no le reclamaría a una niña de 17 años).*
*(Yo soy un caballero. Pero si su hermana no se disculpa conmigo, tenía todo el derecho de decirlo).*
*(Me da igual sus razones, señor. Ahora mismo le ordeno que salga de aquí).*
Freddy no dijo más. Dio media vuelta y se fue. La puerta se cerró detrás de él con un golpe seco.
Afuera, las hermanas se quedaron cuchicheando.
Él se subió a su auto y manejó hasta casa con el pecho ardiendo de rabia. La ropa mojada terminó en la lavadora. La noche cayó.
Sharon y Nelly ya habían cerrado y se adelantaron a casa. Jena se quedó a bajar la reja.
Al girar la llave se le resbaló de las manos y cayó justo entre las flores de la entrada.
Jena se agachó a buscarla, metió la mano entre las hojas.
No vio la serpiente escondida.
Sintió el piquete. Un dolor seco. Gritó.
Al sacar la mano vio los dos colmillos marcados.
No perdió tiempo. Con el turbante se hizo un torniquete fuerte en el brazo. Tomó el móvil y marcó a sus hermanas. Sin batería.
El cuerpo ya le pesaba.
Salió tambaleándose a la carretera y paró un taxi.
*(Señor, necesito ir al hospital).*
El chofer vio su mano, vio el brazo hinchándose.
*(Dios mío. Súbase, señorita. La llevo ya).*
Aceleró a fondo.
En su casa, Freddy trabajaba frente al ordenador. Era médico. Y en las noches, cuando nadie lo veía, escribía poesía.
El teléfono sonó.
*(Doctor Freddy, lo necesitamos de urgencia).*
*(Ya no estoy de servicio).*
*(Doctor, la paciente está muy grave. Y usted sabe que hoy no hay más médicos. No tenemos a nadie más).*
Freddy cerró los ojos un segundo. Sintió lástima por esa chica que ni siquiera conocía.
*(Está bien. Voy para allá. Manténganla despierta hasta que llegue).*
Se vistió a toda prisa.
En casa, Sharon y Nelly notaron que Jena no había llegado.
*(¿Dónde quedó Jena? Se suponía que venía detrás).*
Sharon, la mayor, se levantó de inmediato.
*(Quédense aquí. Cierren la puerta con llave y espérenme).*
*(¿Puedo comer algo?)*
*(Por supuesto).*
Sharon volvió corriendo a la peluquería. La puerta estaba cerrada. No había rastro de Jena.
Empezó a caminar sin rumbo, gritando su nombre y preguntando a todos.
Cada minuto sin respuesta le apretaba más el pecho.
*(¿Dónde estás, hermanita?)* susurró, con la voz rota.
Mientras tanto, en el hospital, el chofer cargó a Jena en brazos y entró corriendo a urgencias.
El brazo ya estaba morado. El sudor le empapaba la frente.
Los enfermeros la recibieron y llamaron de inmediato a Freddy.
Ninguno de los tres sabía que sus caminos estaban a punto de cruzarse otra vez.
Y esta vez, no sería por dinero ni por gritos.
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*Fin del capitulo 2*