Fenrir bajando las orejas antes de que Selene hable, eso me gustó más que la pelea. Me la imagino igual de callada cuando algo salga mal.
Capítulo 13: una nueva maestra
—¡¡No me sigan, por favor!!
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Fenrir bajando las orejas antes de que Selene hable, eso me gustó más que la pelea. Me la imagino igual de callada cuando algo salga mal.
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—¡¡No me sigan, por favor!!
Los pequeños dragones revolotearon más cerca, casi rozando su cabello con sus alas de escamas brillantes. Los lobos movían la cola con tanta alegría que parecían querer derribarlo a empujones de afecto. Y en medio de todo, Fenrir dio un salto inmenso, dispuesto a volver a rodearlo con su enorme cuerpo como si fuera el abrazo más grande del mundo.
—¡¡AAAAAAAAAH!!
Gael giró sobre sus talones y salió corriendo por segunda vez, con el corazón a punto de salírsele del pecho. Detrás de él, todo aquel “ejército” de familiares volvió a ponerse en marcha, siguiéndolo con la misma devoción, sin entender por qué su nuevo compañero quería alejarse.
Las alumnas solo podían mirar la escena con una mezcla de risa y asombro. Akane se llevó ambas manos a la cabeza, sintiendo cómo empezaba a palpitarle con fuerza.
—... Sabía que esto iba a pasar —murmuró con resignación.
Anastasia soltó una pequeña risa suave, observando cómo Gael intentaba esquivar a una salamandra que quería posarse en su hombro.
—Al menos esta vez no hizo explotar nada ni rompió ninguna pared. Eso es un avance, ¿no?
En ese preciso instante, algo cambió por completo en el ambiente del patio.
No hubo un grito, ni un estallido, ni una orden. Solo una presencia serena, profunda y antigua que pareció llenar cada rincón del lugar en un abrir y cerrar de ojos. El aire se volvió más denso, más pesado, pero sin resultar amenazador: era la clase de presión que impone el respeto absoluto.
Todos los familiares se detuvieron casi al mismo tiempo, como si una fuerza invisible los hubiera frenado en seco. Las orejas del enorme Fenrir bajaron lentamente, perdiendo toda esa alegría juguetona. Los pequeños dragones dejaron de revolotear y descendieron despacio hasta posarse en el césped. Hasta las aves mágicas que llenaban el cielo bajaron poco a poco, posándose en silencio sobre las ramas de los árboles.
Todos miraban hacia el mismo punto.
Tac…
Tac…
Tac…
El sonido de sus pasos era suave, pero cada uno resonaba con claridad absoluta.
La profesora Selene avanzaba tranquilamente por el sendero central. Su expresión seguía siendo la misma de siempre: amable, serena, con esa calidez que parecía abarcarlo todo. Pero a su alrededor se sentía algo más, algo que hacía estremecer incluso a las criaturas más antiguas y poderosas de la academia.
Akane sonrió con nerviosismo, soltando el aire que había contenido sin darse cuenta.
—Ya llegó… la que pone orden en todo esto.
Freya guardó su tableta con calma, asintiendo.
—Ahora sí terminó el espectáculo. Nadie se atreve a desobedecerla.
Gael seguía corriendo, dando vueltas alrededor de la fuente, sin percatarse de nada hasta que sintió que alguien sujetaba suavemente la parte trasera de su camisa.
—¿Eh?
Sus pies dejaron de tocar el suelo de golpe. Quedó suspendido en el aire, moviendo brazos y piernas sin lograr avanzar ni un centímetro, exactamente igual que un cachorro inquieto que acaba de ser atrapado con delicadeza.
—¿Qué… qué pasa?
Giró lentamente la cabeza y se encontró con el rostro de Selene, que lo miraba con una sonrisa tranquila y amable.
—Buenos días, Gael.
El muchacho se puso pálido un instante y luego sonrió con evidente nerviosismo.
—P-Profesora… buenos días.
Selene lo mantenía en el aire con un solo dedo sujeto a su ropa, sin hacerle el menor daño.
—¿Te importaría explicarme qué está ocurriendo aquí? Parece que todo el mundo ha decidido seguirte a todas partes.
Gael señaló de inmediato con ambas manos hacia el grupo de familiares, indignado.
—¡¡Le juro que esta vez no fue mi culpa!! ¡Ellos vinieron solos! ¡Yo no hice nada!
Selene miró entonces a todas las criaturas que lo rodeaban. No dijo ni una sola palabra, ni pronunció ningún hechizo. Solo las observó en silencio unos segundos, con esa mirada que parecía ver más allá de lo que los ojos comunes podían alcanzar.
Y ante esa sola mirada, todas las bestias bajaron la cabeza al unísono. Fenrir dio dos pequeños pasos hacia atrás, con las orejas pegadas al cráneo en señal de sumisión. Los pequeños dragones agacharon el cuello. Los lobos dejaron de mover la cola y se sentaron en el suelo. Todo el patio quedó inmóvil, en una calma absoluta.
Anastasia observaba la escena con los ojos muy abiertos.
—No es miedo… —susurró.
—Es respeto —corrigió Astrid con voz baja—. Un respeto que solo se siente ante algo mucho más antiguo y poderoso que uno mismo.
Gael seguía colgado en el aire, balanceándose levemente.
—Profesora… ¿podría bajarme ya? Me siento un poco ridículo así.
Selene lo miró unos instantes más y no pudo evitar soltar una pequeña risa suave. Era la primera vez que veía al muchacho tan indefenso y sin saber qué hacer.
—Claro que sí. Perdona la descortesía.
Lo depositó con cuidado sobre el césped. Gael se acomodó rápidamente el cuello de la camisa y suspiró aliviado.
—Gracias.
La directora Evelyn soltó un largo suspiro mientras recorría con la mirada el patio, donde todavía quedaban ramas caídas y huellas de tanta agitación.
—Cada vez que este chico sale a dar un paseo, ocurre algo que nadie esperaba. Empieza con un tren, sigue con un combate, y ahora termina siendo el centro de atención de todos los familiares de la academia.
Valerius cruzó los brazos, con una media sonrisa resignada.
—Ya me resigné a que el caos anda pegado a sus talones.
Selene dio un pequeño paso al frente y se giró hacia la directora.
—Directora Evelyn.
Evelyn levantó la mirada.
—Dime, Selene.
La profesora se quedó unos segundos observando a Gael con atención, como si evaluara cada rincón de su ser. Luego habló con total tranquilidad, pero con una firmeza que no dejaba lugar a dudas.
—Si me lo permite… quisiera hacerme cargo personalmente de su entrenamiento.
El silencio volvió a caer sobre el patio, pero esta vez cargado de sorpresa. Akane abrió ligeramente los ojos, mirando a su profesora. Anastasia se llevó una mano a la boca. Hasta Valerius giró lentamente la cabeza hacia ella, sorprendido de verdad.
Evelyn arqueó una ceja, mirándola fijamente.
—¿Tú? ¿Estás segura?
Selene asintió con calma.
—Completamente. Él posee un talento extraordinario, de esos que no se ven en siglos. Pero ahora mismo no tiene el menor control sobre lo que lleva dentro. —Señaló discretamente el grupo de familiares—. Si continúa así, la academia vivirá escenas como esta todos los días… y quizás otras mucho más peligrosas.
Gael levantó la mano rápidamente, como si estuviera en clase.
—Yo quisiera aclarar de nuevo que sigo pensando que esto no fue culpa mía…
Nadie le hizo caso. Selene continuó hablando como si no hubiera interrumpido.
—Usted tiene demasiadas responsabilidades para dedicarle el tiempo que él necesita. Y creo que todos sabemos… que él no aceptaría entrenar con el profesor Valerius.
Gael respondió al instante, sin dudar.
—¡Correcto!
Valerius respondió exactamente al mismo tiempo, con el mismo tono tajante.
—Y yo tampoco quiero entrenarlo.
Ambos se señalaron mutuamente con el dedo, indignados.
—¡¿Ven?! —exclamó Gael.
Akane se llevó una mano a la frente, negando con la cabeza.
—Son demasiado parecidos… es imposible que trabajen juntos sin pelear.
Selene volvió a mirar a la directora, recuperando su atención.
—Así que, si está de acuerdo… permítame ser quien le enseñe. No solo a usar la magia. También a comprender, respetar y controlar ese antiguo poder que duerme en su interior antes de que despierte por completo y lo arrastre a él, y a todos nosotros, a donde no queremos ir.
La directora permaneció varios segundos en silencio, sopesando cada palabra. Miró a Selene, luego a Gael, y finalmente a Valerius, que asintió apenas con la cabeza, dándole su aprobación silenciosa.
Entonces Evelyn sonrió. Una sonrisa tranquila y llena de confianza. Porque sabía perfectamente que, en todo el mundo, no existía nadie más adecuada para esa tarea tan delicada y vital.
—Está bien —dijo finalmente—. Si tú crees que puedes hacerlo, entonces te lo confío. Cuida de él, Selene.
Selene asintió con una sonrisa llena de determinación y ternura.
—Puede estar tranquila. No dejaré que nada le ocurra.
Gael los miraba a todos sin terminar de entender del todo qué acababa de pasar, pero sintió que, por primera vez desde que llegó allí, alguien veía en él algo más que un chico que siempre terminaba metido en problemas.
Y mientras a su alrededor todos asimilaban la noticia, los familiares seguían allí, inmóviles y en silencio, sabiendo quizás mejor que nadie que el verdadero entrenamiento apenas comenzaba.
La enorme sala de entrenamiento de Saint Aurora permanecía completamente vacía, salvo por el sonido de sus propios pasos resonando en las paredes de piedra reforzada. En el centro de la arena, solo había dos personas: Gael y la profesora Selene.
Mientras avanzaban hacia el punto central, Gael no pudo evitar mirar hacia las gradas. Y tal como se imaginaba, Akane, Anastasia, Freya y Astrid ya estaban instaladas cómodamente en primera fila, con expresiones que intentaban ser serias pero delataban curiosidad y ganas de ver qué ocurriría. Freya incluso sostenía uno de sus pequeños drones flotantes, que ya giraba su cámara hacia ellos, listo para registrar cada detalle.
Gael las señaló con el dedo, entre divertido y resignado.
—Ustedes solo vinieron para divertirse, ¿verdad?
Las cuatro negaron al mismo tiempo, con una sincronización casi perfecta.
—No.
—Claro que no.
—Solo queremos aprender.
—Es por motivos académicos.
Gael entrecerró los ojos, convencido de lo contrario.
—No les creo absolutamente nada.
Akane desvió la mirada y comenzó a silbar como si nada pasara. Anastasia sonrió con una inocencia tan exagerada que resultaba evidente. Astrid fingió revisar unos papeles que llevaba en la mano. Y Freya siguió ajustando la cámara del dron con total calma.
—La grabación servirá para futuras referencias… probablemente.
Gael soltó un largo suspiro.
—Sabía que iban a disfrutar esto más que yo…
Una pequeña risa suave escapó de Selene. Luego dio unos pasos hasta quedar justo frente a él. Su expresión seguía siendo amable y cálida, pero sus ojos se volvieron al instante completamente serios y profundos.
—Gael.
Él alzó la mirada, atento.
—¿Sí?
—Concéntrate únicamente en mí. Olvida todo lo demás.
El muchacho adoptó de inmediato una postura de combate firme y segura.
Selene sonrió levemente.
—Porque ahora mismo… yo no seré tan bondadosa como lo fue el profesor Valerius contigo.
Gael respondió con una sonrisa llena de confianza, cruzándose de brazos.
—Ya vencí al profesor. Así que creo que tengo razones para estar tranquilo.
Selene soltó una pequeña carcajada, sin perder la seriedad en la mirada.
—¿Ah, sí? Espero que esa confianza te sirva de algo contra mí.
Gael volvió a colocarse en guardia, con los puños cerrados y el cuerpo alerta. Esta vez no pensaría confiarse tan fácilmente: ya había aprendido que en aquella academia cada persona escondía habilidades mucho más grandes de lo que aparentaba.
En las gradas, las cuatro observaban con atención. Freya dio la orden en voz baja.
—Comenzando grabación.
Akane apoyó los codos sobre sus rodillas, inclinándose un poco hacia adelante.
—A ver qué pasa…
Selene seguía completamente inmóvil. Ni siquiera había levantado las manos ni adoptado ninguna postura defensiva. Simplemente estaba allí, de pie, con los brazos relajados a los costados, como si estuviera esperando a que comenzara una charla y no un entrenamiento de combate.
Gael frunció ligeramente el ceño, confundido.
—¿No va a ponerse en guardia?
—No hace falta —fue su única respuesta, tranquila y firme.
...
Silencio.
...
Un segundo.
...
Dos.
...
Entonces…
Solo un destello. Una línea difusa que cruzó la arena en un instante, demasiado rápido para que el ojo pudiera seguirla.
Las cuatro apenas alcanzaron a parpadear. El dron de Freya perdió el enfoque por completo, sacudido por una ráfaga de energía que no esperaba. Y cuando todas recuperaron la vista…
Gael ya no estaba de pie.
Su rostro estaba pegado contra el suelo de piedra, con una expresión de absoluta sorpresa. Uno de sus brazos estaba inmovilizado detrás de su espalda, y arrodillada tranquilamente sobre él, Selene mantenía la llave con una precisión perfecta, sin hacer fuerza excesiva pero dejándolo totalmente sin posibilidad de moverse.
Todo había ocurrido tan rápido que nadie había visto absolutamente nada. Ni siquiera un movimiento, ni un sonido previo.
Gael abrió mucho los ojos, intentando comprender. Su mente repetía una y otra vez la misma pregunta: ¿Qué demonios acaba de pasar?
Trató de mover el brazo inmovilizado: no pudo. Intentó empujar el suelo con fuerza para levantarse: tampoco logró ni un milímetro. Selene apenas ejercía presión, pero su control era tan absoluto que parecía haberlo convertido en parte del mismo suelo.
—¿Ya terminaste de confiar en ti mismo? —preguntó ella con esa misma calma tranquila de siempre.
Gael giró levemente la cabeza, confundido.
—¿En… en qué momento…? Ni siquiera la vi moverse… ¿Cuándo se acercó?
En las gradas reinaba el silencio total. Akane parpadeó varias veces seguidas, como si sus ojos no hubieran querido registrar lo sucedido. Anastasia se giró hacia Freya.
—¿Lo grabaste? ¿Se ve algo en la cámara?
Freya revisó la reproducción cuadro por cuadro, avanzando lentamente cada imagen. Después de unos segundos negó despacio, sorprendida.
—No. Solo aparece ese destello… y luego él ya está en el suelo. Ni la cámara pudo seguirla.
Astrid soltó una pequeña risa, mirando a Gael con ternura.
—Parece que alguien acaba de descubrir que la profesora Selene también era un monstruo oculto entre nosotros.
Gael seguía intentando procesar lo ocurrido.
—¡Pero si no sentí ni un cambio en el aire! ¡Ni siquiera escuché sus pasos!
Selene aflojó ligeramente la presión para que pudiera respirar con mayor comodidad, pero sin soltarlo del todo.
—Ese es precisamente el problema, Gael. Confiaste demasiado en tu velocidad y en lo que crees saber. Y olvidaste lo más básico: observar a tu oponente antes de dar nada por sentado.
El muchacho guardó silencio unos instantes, sintiendo cómo esa confianza excesiva se desvanecía para dejar paso a la realidad. Finalmente suspiró, resignado pero atento.
—…Creo que ahora entiendo perfectamente por qué la directora quería que fuera usted quien me entrenara.
Selene sonrió satisfecha, soltándolo finalmente y poniéndose de pie.
—Perfecto. Si ya hemos dejado atrás la arrogancia inicial… entonces podemos empezar el verdadero entrenamiento.
Gael se levantó despacio, sacudiéndose el polvo de la ropa, y esta vez su mirada ya no mostraba solo confianza: mostraba respeto y ganas de aprender.
El sol comenzaba a ocultarse detrás del inmenso lago de Saint Aurora, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y violetas que se reflejaban en las paredes de piedra de la academia. La enorme sala de entrenamiento había quedado en un silencio tranquilo, roto solo por el leve zumbido de los equipos de Freya y la respiración pausada de quienes allí se encontraban.
En medio de la arena… Gael permanecía inmóvil, completamente boca arriba, con los brazos y las piernas extendidos como si hubiera decidido no volver a levantarse en mucho tiempo. Su uniforme estaba cubierto de polvo y algunas manchas de tierra; tenía nuevos moretones que comenzaban a oscurecerse en su piel, y una expresión en el rostro de quien siente que ha recorrido el mundo entero en pocas horas.
—…Me duele hasta pensar —murmuró con voz apagada, tras una pequeña pausa.
Akane soltó una risa suave mientras limpiaba con mucho cuidado un pequeño raspón en su mejilla, usando un algodón empapado en desinfectante.
—Eso te pasa por confiarte demasiado al principio.
—¡Ay! —se quejó Gael, intentando apartar la cara.
—No te muevas, que empeora.
—¡Pero arde muchísimo!
—Precisamente porque arde es que está curando.
—Eso no me consuela en absoluto…
Akane sonrió con aire divertido.
—Qué raro… hace apenas unas horas te enfrentaste y derrotaste al profesor más fuerte de la academia. ¿Y ahora te rindes ante un poco de líquido desinfectante?
—Eso golpea más fuerte que cualquier hechizo… —respondió él con tono lastimero.
Anastasia no pudo evitar reír por lo bajo, observando la escena con ternura.
Mientras tanto, Freya permanecía totalmente concentrada frente a una pantalla holográfica que flotaba frente a ella. Su pequeño dron reproducía una y otra vez la grabación completa del entrenamiento: retrocedía, avanzaba, reducía la velocidad hasta hacerla casi imperceptible, y volvía a detenerse en el mismo punto. Tras varios minutos de análisis en silencio, suspiró con resignación.
—Otra vez lo mismo…
Astrid levantó la vista hacia ella.
—¿Nada? ¿No logras ver cómo se mueve?
Freya negó lentamente, sin apartar la mirada de las imágenes.
—Solo aparecen destellos borrosos. No consigo registrar el movimiento completo de la profesora Selene. Ni siquiera cámara lenta extrema logra capturarla. —Guardó silencio unos segundos antes de añadir—: Su velocidad supera por completo la capacidad de captura de mis equipos más avanzados.
Astrid cruzó los brazos, sintiendo un leve escalofrío.
—Da un poco de respeto… y hasta miedo, cuando lo dices así.
Un momento después, se acercó hasta donde seguía recostado Gael. Tomó un pequeño palo de entrenamiento que había quedado tirado en el suelo y comenzó a picarle suavemente el brazo.
—¿Sigues vivo por ahí?
—… —silencio total.
Volvió a darle otro toque suave.
—¿Gael?
Otro golpecito, esta vez en el hombro.
—¿Hola? ¿Hay alguien?
Gael levantó apenas una mano, con los ojos todavía cerrados.
—Estoy reflexionando sobre mis decisiones y mi vida entera…
Astrid volvió a pincharlo.
—Perfecto. Eso significa que sigues consciente.
—¿Podrías dejar de usarme como blanco de práctica?
—No.
—¿Por qué no?
—Porque es divertido.
Gael dejó caer el brazo pesadamente sobre el suelo.
—Son unas personas muy malas… las peores compañeras del mundo…
Anastasia observó todo con una sonrisa tranquila y resignada.
—La verdad… yo esperaba exactamente este resultado.
Akane levantó la vista hacia ella.
—¿Ah sí? ¿Por qué?
Anastasia asintió despacio.
—Después de todo… hasta el profesor Valerius suele evitar enfrentarse a ella cuando tiene la opción de hacerlo.
Gael giró apenas la cabeza, abriendo un ojo con sorpresa.
—¿En serio? ¿El profesor Valerius le tiene miedo?
Valerius, que estaba cerca de la salida de la sala escuchando la conversación, se mantuvo en silencio un momento. Todos lo miraron de golpe.
El profesor mantuvo su expresión totalmente seria y altiva.
—No la evito.
—¿Ah no? —dijo Akane con una media sonrisa.
—Simplemente… —continuó él con voz firme— no vale la pena discutir ni pelear con ella. Nunca se gana nada.
Akane sonrió más ampliamente.
—Eso es lo mismo que decir que la evitas.
Valerius guardó silencio unos segundos, pareció sopesar la respuesta y luego simplemente siguió se fue caminando como si no hubiera escuchado nada más. Las cuatro chicas soltaron una pequeña risa contenida.
En ese momento, Selene terminó de termino de arreglar la arena después del entrenamiento y caminó con paso tranquilo hasta llegar junto a Gael. Lo observó unos instantes con esa mezcla de seriedad y dulzura que la caracterizaba.
—Por hoy… el entrenamiento termina aquí.
Gael apenas levantó el pulgar con dificultad.
—Gracias… creo…
Selene sonrió suavemente.
—Mañana comienzan oficialmente tus clases conmigo y las tuyas como alumno de esta academia. Así que será mejor que descanses mucho. Necesitarás toda tu energía y un buen sueño reparador.
Gael soltó un largo suspiro, cerrando los ojos de nuevo.
—Profesora…
—Dime, Gael.
—Usted… no tiene absolutamente ninguna piedad.
Durante unos segundos nadie dijo nada. Akane bajó la cabeza ocultando una sonrisa; Anastasia negó con una mueca divertida; Freya siguió revisando sus datos; y Astrid… bueno, Astrid siguió pinchándole levemente con el palo.
Las cuatro respondieron casi al mismo tiempo:
—No.
—Definitivamente ninguna.
—Jamás la tuvo.
—Eso es completamente cierto.
Selene se llevó una mano a la boca para ocultar una pequeña risa.
—Tal vez… fui un poco estricta.
Gael soltó una débil carcajada que le dolió hasta en los costados.
—¿Un poco?
Intentó incorporarse por su cuenta, pero sus piernas y brazos no respondieron como quería y volvió a caer de espaldas con un leve golpe seco.
—Creo… creo que mañana no voy a poder moverme ni un centímetro.
Selene extendió entonces una mano hacia él. Lo tomó con suavidad y lo ayudó a levantarse lentamente, sosteniéndolo hasta que logró mantener el equilibrio por sí mismo.
—Con el tiempo… tu cuerpo se acostumbrará a este ritmo y te sentirás mucho más fuerte.
Gael se sostuvo como pudo, sintiendo cómo prácticamente todo su cuerpo le dolía al moverse. La miró unos segundos a los ojos y, con una sonrisa completamente sincera y sin rastro de fingimiento, dijo:
—Pero… aun así, me agrada mucho su forma de enseñar, profesora.
La sala quedó en silencio absoluto. Selene abrió ligeramente los ojos, sorprendida por esas palabras tan espontáneas. No había halago, no había interés oculto ni adulación: solo la honestidad de alguien que, aunque doliera, sentía que por fin alguien le estaba enseñando de verdad.
Tras unos segundos de silencio, Selene sonrió con una calidez muy especial, una que muy pocas personas tenían la suerte de ver. Y sin pensarlo demasiado, levantó la mano y le revolvió suavemente el cabello desordenado.
—Me alegra muchísimo escuchar eso, Gael.
Él sonrió como un niño al que acaban de dar una caricia que necesitaba hacía mucho tiempo.
Ninguno de los dos podía saberlo todavía. Pero aquel gesto tan simple y cotidiano sería el primero de muchos que, con el paso de las semanas y los meses, harían que Gael comenzara a ver en Selene algo que no había tenido desde que despertó sin recuerdos, sin familia y sin un lugar al cual pertenecer: una figura que, poco a poco, empezaba a parecerse demasiado a lo que él imaginaba, que seria alguien cercano.
Thoughts
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PermalinkFenrir bajando las orejas antes de que Selene hable, eso me gustó más que la pelea. Me la imagino igual de callada cuando algo salga mal.
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PermalinkGael pidiendo que lo bajen porque se siente ridículo, colgado de un solo dedo, y un rato después diciéndole a Selene que le agrada su forma de enseñar. El capítulo entero cabe en esa distancia. Me quedé pensando en que ella no le explica nada, lo pone contra el suelo y ahí él entiende. Gracias por seguir subiéndolos!
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PermalinkLo leí anoche y me quedé con el final, con Selene revolviéndole el pelo y él sonriendo como un chiquilín al que hacía mucho que nadie le hacía un gesto así. Yo venía leyendo la pelea pendiente de quién ganaba y resulta que lo que pesaba era que alguien se ofreciera a hacerse cargo de él. En mi familia un sobrino se crió con una tía y recién se acomodó cuando ella pidió quedárselo.
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