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Capítulo 10: Un nuevo día

DNavarrete
Pensamiento

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dudaHonesta

El marcador negro y las pruebas anónimas son el mismo gesto: Yuji elige qué verdad sale y cuándo. A Elena le dice que todavía averigua si lo de aliada va en serio, y es lo más sincero que suelta. Apuesto a que lo tachado del registro médico se lo guarda u

El marcador negro y las pruebas anónimas son el mismo gesto: Yuji elige qué verdad sale y cuándo. A Elena le dice que todavía averigua si lo de aliada va en serio, y es lo más sincero que suelta. Apuesto a que lo tachado del registro médico se lo guarda un buen rato.

Contenido de la publicación

A la mañana siguiente, aquella esquina tan conocida volvió a recibir visitantes.

 

Miyu estaba recostada contra un poste, mirando sin descanso hacia el camino. A su lado, Ren mantenía las manos en los bolsillos, observando el movimiento de la calle con calma. Airi, en cambio, sostenía su mochila contra el pecho y esperaba en silencio.

 

Era el mismo lugar donde siempre se reunían antes de ir juntos a la Academia Aozora. El mismo punto de encuentro que había permanecido vacío durante meses.

 

Volver a estar allí producía una sensación extraña. Una mezcla de nostalgia y alegría.

 

—Es raro volver a esperar aquí —comentó Miyu en voz baja.

 

Ren asintió.

 

—Sí. Hace unos meses estaríamos esperando a Yuji con su uniforme de siempre, quejándose de que llegaba tarde.

 

Miyu soltó una pequeña risa.

 

—Y ahora estamos esperando a nuestro amigo… que parece una heroína salida de una novela fantástica.

 

Airi sonrió suavemente.

 

—Sigue siendo Yuji.

 

—Lo sé —admitió Miyu—. Pero admitámoslo: todavía cuesta acostumbrarse.

 

Ren miró hacia el camino despejado.

 

—A todos nos cuesta.

 

Y no exageraba. Desde que Yuji había regresado, la Academia Aozora entera parecía sacudida por algo que nadie esperaba. Los rumores no dejaban de crecer. Su aparición, su cambio… todo era tema de conversación. Pero aquella mañana había otra noticia que también llamaba la atención.

 

Miyu levantó su teléfono.

 

—Por cierto… ¿vieron lo que pasó con los tres de ayer?

 

Airi bajó levemente la mirada.

 

—Sí…

 

—Lo expulsaron —dijo Ren con tono serio.

 

Miyu mostró la pantalla.

 

—El chico que te sujetó fue expulsado anoche. Las pruebas llegaron directamente a la directora. De forma anónima.

 

Airi abrió un poco los ojos.

 

—¿Anónima?

 

—Eso dicen.

 

Ren observó las noticias en el teléfono.

 

—A las dos chicas, en cambio, no las expulsaron.

 

—Más o menos —corrigió Miyu con una mueca de desagrado—. Según lo que cuentan, declararon que él las había obligado a participar. En otras palabras… lo usaron de excusa para salvarse.

 

—Qué conveniente —murmuró Ren.

 

—Al menos recibieron un castigo —dijo Airi, intentando ver el lado bueno.

 

—Clases adicionales —respondió Miyu—. No es precisamente un castigo.

 

—Pero al menos ahora lo pensarán dos veces antes de volver a molestar —añadió Airi.

 

Miyu soltó una carcajada.

 

—Oh, querrán seguir molestando, eso seguro.

 

—Probablemente —convino Ren.

 

—Pero ahora tendrán cuidado. —Miyu cruzó los brazos y sonrió—. Sobre todo porque todos saben que Yuji ha vuelto.

 

Airi la miró.

 

—¿Crees que le tienen miedo?

 

—No exactamente a él —corrigió Miyu—. Le tienen miedo a lo que puede hacer.

 

Ren asintió de inmediato. Yuji no necesitaba levantar un dedo. Solo necesitaba encontrar la verdad. Y entonces dejar que ésta hiciera el resto.

 

—Además —continuó Miyu—, si vuelven a meterse con los becados, tendrán que ser mucho más cuidadosos.

 

—O mucho menos obvios —dijo Ren.

 

—Exactamente.

 

En ese momento, Airi levantó la mirada hacia el camino.

 

—Ahí viene.

 

Miyu y Ren giraron la cabeza. A lo lejos, una figura de cabello blanco caminaba hacia ellos. Su paso era tranquilo, elegante, sin ninguna prisa. Y, tal como siempre… mantenía los ojos cerrados.

 

—Buenos días —saludó Yuji al llegar, con una sonrisa suave.

 

—Buenos días —respondió Airi, devolviéndole el saludo.

 

—Llegas tarde —dijo Miyu, mirándolo con fingida severidad.

 

Yuji inclinó levemente la cabeza.

 

—¿Tarde?

 

—Un poco.

 

—Entonces tendrán que perdonarme.

 

Miyu lo observó unos segundos. Había algo que llevaba preguntándose desde el día anterior y no pudo contenerse más.

 

—Yuji.

 

—¿Sí?

 

—¿Cómo demonios puedes caminar así?

 

Yuji la mira, confundido.

 

—¿Así cómo?

 

Miyu señaló directamente sus ojos.

 

—¡Con los ojos cerrados! Ayer dijiste que no eras ciego.

 

—No lo soy.

 

—¡Pues explícame cómo puedes ver!

 

Yuji levantó un dedo con calma.

 

—No veo.

 

Miyu se quedó congelada.

 

—¿Qué?

 

—No veo —repitió él con tranquilidad—. Pero puedo sentir todo lo que me rodea.

 

Ren levantó una ceja.

 

—¿Sentir?

 

—Podrían llamarlo… un sexto sentido.

 

Miyu lo miró fijamente.

 

—Eso no explica absolutamente nada.

 

—No pretendía hacerlo.

 

—¡Yuji!

 

Él soltó una pequeña risa.

 

—Digamos que todavía hay cosas sobre mí que ni yo mismo logro explicar del todo.

 

Miyu entrecerró los ojos.

 

—No me gusta esa respuesta.

 

—Ya me había dado cuenta.

 

Mientras Miyu continuaba reclamándole, Ren permanecía extrañamente pensativo. Algo en su mirada había cambiado. Miyu lo notó y lo miró.

 

—¿En qué piensas?

 

Ren tardó un instante en responder.

 

—Se está retrasando.

 

—¿Qué se está retrasando? —preguntó Miyu, frunciendo el ceño.

 

Airi también lo miró, confundida.

 

—¿De qué hablas, Ren?

 

Ren levantó la vista hacia Yuji.

 

—Pensé que aparecería antes.

 

—¿Quién?

 

Ren abrió la boca para responder…

 

¡PUM!

 

Algo estalló frente a ellos con fuerza repentina. Un impacto invisible los empujó a todos.

 

Miyu cayó directamente al suelo. Airi terminó sentada, tambaleándose. Ren tuvo que apoyarse con una mano para no caer de espaldas.

 

Solo Yuji permaneció de pie. Inmóvil. Sin moverse ni un milímetro.

 

Miyu se incorporó, furiosa.

 

—¡¿QUÉ DEMONIOS FUE ESO?!

 

Y entonces lo vio.

 

Frente a ellos, flotando en el aire, había aparecido algo imposible: una pantalla transparente, luminosa, que parecía hecha de luz. Y junto a Yuji, letras brillantes comenzaron a formarse.

 

PERFIL: YUJI KUZONOHA

 

Miyu se quedó mirando con la boca entreabierta. Luego sus ojos se iluminaron de emoción.

 

—¡Es su perfil! ¡La información de todo lo que le pasó!

 

Ren se acercó, asombrado.

 

—Parece que sí.

 

Airi miró la pantalla con curiosidad y esperanza.

 

—¿Entonces… finalmente vamos a saber qué ocurrió?

 

Miyu se puso de pie de un salto, completamente emocionada.


—¡Por fin! ¡Las respuestas que llevamos esperando desde que regresaste!

 

Pero entonces se detuvo. Algo no estaba bien. Observó con más atención.

 

Nombre: Yuji Kuzonoha

Institución: Academia Aozora

Curso: En curso

Edad: █████

Género: █████

Apariencia / Rasgos físicos: ████████ ████████ ████████

Origen / Raza: ████████

Estado: Estudiante activo

Fecha de desaparición: ████████

Fecha de regreso: ████████

Historial académico: Sin anotaciones destacables

Registro médico: ████████ ████████ ████████

Observaciones especiales: ████████ ████████ ████████

 

Casi todos los datos estaban cubiertos. Bloqueados. No por un sistema. No por contraseñas. Alguien los había tachado con una especie de grueso trazo negro.

 

Miyu giró despacio hacia Yuji. Luego miró su mano.

 

Allí sostenía un marcador negro.

 

Silencio absoluto.

 

Miyu señaló el marcador con un dedo tembloroso, sin poder creerlo.

 

Yuji sonrió con total naturalidad.

 

Miyu miró la pantalla. Miró el marcador. Volvió a mirarlo a él.

 

—¡¿TÚ MISMO TACHASTE TODO LO IMPORTANTE?!

 

Yuji guardó el marcador en su bolsillo con calma.

 

—Sí.

 

—¡¿ENTONCES PARA QUÉ APARECE TU PERFIL SI NO DICE NADA?!

 

—Para que sepan que existe.

 

—¡¿Y DE QUÉ NOS SIRVE SI TAPASTE TODO LO INTERESANTE?!

 

Yuji siguió sonriendo.

 

—Paciencia, Miyu.

 

—¡NO ME HABLES DE PACIENCIA!

 

Airi no pudo contenerse y soltó una risa. Ren se llevó una mano al rostro, sacudiendo la cabeza.

 

—Ahora entiendo por qué tenía la sensación de que algo así iba a ocurrir —dijo Ren.

 

Miyu volvió a mirar la pantalla, furiosa pero sin poder hacer nada. Había esperado respuestas. Había creído que por fin sabrían la verdad. Y en su lugar… tenía una pantalla llena de secretos que él mismo había decidido mantener ocultos.

 

—Eres increíblemente… exasperante —murmuró ella.

 

Yuji inclinó la cabeza.

 

—Gracias.

 

—¡NO ERA UN CUMPLIDO!

 

Y mientras Miyu continuaba protestando, Yuji simplemente dio media vuelta y siguió caminando hacia la academia. Con los ojos cerrados. Con una sonrisa tranquila. Como si aquello fuera lo más normal del mundo.

 

La entrada de la Academia Aozora estaba tan concurrida como cualquier otra mañana. Decenas de estudiantes cruzaban los enormes portones conversando entre sí: algunos apresurados por llegar a clase, otros disfrutando despacio de los últimos minutos antes de que comenzara la jornada.

 

Sin embargo, tal como se había vuelto costumbre desde el regreso de Yuji, las miradas empezaron a desviarse hacia un mismo punto.

 

Yuji Kuzonoha caminaba con calma junto a Airi, Miyu y Ren. Su largo cabello blanco caía suavemente al andar; las pequeñas plumas entre sus mechones brillaban bajo la luz de la mañana. Y, como siempre, mantenía los ojos cerrados.

 

Los murmullos no tardaron en elevarse.

 

—Es él…

 

—¿De verdad es Yuji? Cuesta creerlo…

 

—¿Qué le habrá ocurrido en esos seis meses?

 

—Y sigue caminando sin abrir los ojos… como si nada.

 

Yuji parecía no escucharlos. Seguía adelante, sereno, imperturbable. Airi iba a su lado intentando ignorar las miradas. Ren observaba de reojo a quienes se acercaban. Y Miyu…

 

Bueno. Miyu estaba en plena discusión. Con una ardilla.

 

—¡BAJA DE AHÍ MISMO!

 

El animalito estaba sentado cómodamente sobre el hombro derecho de Yuji. Y no mostraba la menor intención de moverse.

 

—¡Te estoy hablando a ti, pequeña insolente! —exigió Miyu, señalándola con el dedo.

 

La ardilla levantó las patitas delanteras.

 

—¡Chik!

 

—¡¿QUÉ SIGNIFICA ESO?! ¡NO ME CONTESTES ASÍ!

 

La ardilla dio un salto ligero, se colocó justo frente a Yuji y miró a Miyu con altivez.

 

Miyu entrecerró los ojos.

 

—¿Me estás desafiando a mí?

 

—Chik.

 

—¡¿DE VERDAD ME ESTÁS DESAFIANDO?!

 

Yuji seguía caminando. Ni siquiera intentó intervenir. Aquella pequeña criatura parecía haber asumido una misión de importancia histórica: proteger a su persona importante. Aunque esa persona todavía se llamara oficialmente Yuji.

 

Miyu intentó apartarla con la mano. La ardilla se abalanzó sobre sus dedos con un rápido manotazo.

 

—¡AY! —Miyu retiró el brazo, sorprendida—. ¡¿ME ATACASTE?!

 

—¡Chik, chik! —La ardilla volvió a su puesto, hinchando el pecho con orgullo.

 

—¡¿Y ENCIMA ESTÁS ORGULLOSA?!

 

Ren se cubrió la boca para ahogar una risa. Airi hacía un esfuerzo sobrehumano por mantener la compostura, pero perdía la batalla por momentos.

 

—No te rías… —murmuró Ren.

 

—No puedo… —respondió Airi entre susurros—. Es que… Miyu está peleando a muerte con una ardilla.

 

—Lo sé. Es la realidad.

 

—¡DEJEN DE REÍRSE! —gritó Miyu, girándose hacia ellos.

 

Ese pequeño descuido fue suficiente. La ardilla aprovechó para saltar desde el hombro de Yuji directamente hacia la cabeza de Miyu y acomodarse allí, entre su cabello.

 

—¡¿QUÉ HACES?! ¡BAJA DE AHORA!

 

Miyu intentó atraparla, pero la criatura se movía con una agilidad absurda, esquivando cada mano.

 

—¡QUÉDATE QUIETA!

 

—¡Chik!

 

—¡NO ME RESPONDAS TÚ TAMPOCO!

 

Yuji continuaba avanzando. Sereno. Tranquilo. Como si llevar una ardilla y una amiga en guerra fuera lo más habitual del mundo.

 

Finalmente Miyu se detuvo y lo miró, furiosa.

 

—¡YUJI! ¡HAZ ALGO!

 

Él ladeó suavemente la cabeza.

 

—¿Sobre qué?

 

Miyu se señaló desesperadamente su propia cabeza.

 

—¡SOBRE ESTO! ¡ESTA CRIATURA ME HA DECLARADO LA GUERRA!

 

La ardilla asomó la cabecita desde lo alto del cabello de Miyu.

 

—¡Chik!

 

Yuji guardó silencio un instante.

 

—Parece que le caes muy bien.

 

—¡¿CÓMO PUEDES DECIR ESO?! ¡ME QUIERE ARRANCAR LOS OJOS!

 

Airi estalló en risas. Ren hizo lo mismo.

 

—¡NO TIENE GRACIA! —protestó Miyu, intentando en vano atrapar a la pequeña guardiana—. ¡Esta cosa me ha declarado la guerra sin motivo!

 

Yuji sonrió levemente.

 

—Quizá simplemente está protegiendo algo importante.

 

Miyu se detuvo.

 

—¿A ti?

 

—Probablemente.

 

—¡¿Y POR QUÉ A TI?! ¡YO SOY SU AMIGA!

 

Yuji siguió caminando.

 

—No lo sé. A veces los lazos se forman sin que nadie los elija.

 

Miyu se quedó mirándolo unos segundos, sin saber si enfadarse más o rendirse.

 

—…Te odio.

 

—Lo sé. Gracias.

 

La escena era tan absurda que los estudiantes cercanos ya no intentaban ocultar sus risas. El misterioso Yuji Kuzonoha, el que había regresado cambiado tras seis meses de desaparición, caminaba tranquilo mientras una ardilla luchaba por defenderlo de su propia amiga. Y, curiosamente, aquello era quizás lo menos extraño que había ocurrido desde su vuelta.

 

Al llegar a la entrada principal, Elena Valtierra los esperaba. La presidenta del Consejo Estudiantil sostenía una carpeta y tomaba notas mientras observaba el movimiento. Levantó la mirada. Vio a Yuji. Vio a Airi. Vio a Ren. Luego miró a Miyu. Y finalmente vio a la ardilla, reinando sobre su cabello.

 

Elena permaneció inmóvil unos segundos.

 

La ardilla la miró.

 

—¡Chik!

 

Miyu, luchando aún:

 

—¡TE DIJE QUE BAJARAS!

 

Elena cerró lentamente los ojos. Suspiró. Decidió no preguntar. Había aprendido que algunas cosas simplemente no necesitan explicación.

 

—Yuji —dijo con tono serio, ignorando por completo la escena.

 

Él se detuvo.

 

—Buenos días, Elena.

 

—Buenos días. —Lo miró fijamente—. Quería hablar contigo sobre lo ocurrido ayer. Las pruebas que llegaron a la directora.

 

Yuji guardó silencio un instante.

 

—No sé de qué me hablas.

 

—Llegaron de forma anónima —precisó ella—. Pero yo sé reconocer cuándo alguien sabe mucho más de lo que dice.

 

Yuji sonrió con esa calma suya que desarmaba cualquier acusación.

 

—Entonces me alegra saber que todavía existen personas justas. Alguien tuvo la bondad de mostrar la verdad.

 

Elena suspiró. Era evidente. No sacaría nada más de él. No necesitaba verle los ojos para saber que estaba sonriendo deliberadamente cuando evadía la respuesta.

 

—Entiendo. —Cerró su carpeta—. La academia tomará las medidas necesarias. Y en el futuro… si vuelve a ocurrir algo, quiero que me lo comuniques directamente. Soy tu aliada, Yuji.

 

El ruido de los estudiantes pareció desvanecerse por un instante. Yuji la miró —aunque sus ojos seguían cerrados— y respondió con suavidad:

 

—Todavía estoy averiguando si esas palabras son reales.

 

Elena sostuvo la mirada, aunque él no la veía.

 

—Entonces tendré que demostrártelo.

 

Yuji asintió lentamente.

 

—Eso sería suficiente para empezar.

 

Y siguió su camino. Airi y Ren lo acompañaron. Detrás de todos, Miyu continuaba su batalla personal.

 

—¡YUJI! ¡DILE QUE SE BAJE!

 

La ardilla se acomodó con orgullo sobre su cabeza.

 

—¡Chik!

 

Yuji respondió sin girarse:

 

—Parece que todavía tienen asuntos pendientes por resolver entre las dos.

 

—¡¿QUÉ ASUNTOS?! ¡ELLA ME GOBIERNA!

 

Elena los vio entrar al edificio. Miró sus notas. Suspiró profundamente una vez más.

 

—Definitivamente… esta academia va a ser muy diferente a partir de ahora.

 

Y a lo lejos, la ardilla levantó orgullosa una patita. Como una pequeña guardiana que acababa de cumplir su misión. Y nadie en aquel patio se atrevió a discutirle el triunfo.

Thoughts

  • calleyplaza

    Clases adicionales por sujetar a alguien y cargarle el muerto al otro. Esas dos vuelven, ya sin dejar pruebas.

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  • dudaHonesta

    El marcador negro y las pruebas anónimas son el mismo gesto: Yuji elige qué verdad sale y cuándo. A Elena le dice que todavía averigua si lo de aliada va en serio, y es lo más sincero que suelta. Apuesto a que lo tachado del registro médico se lo guarda un buen rato.

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A la mañana siguiente, aquella esquina tan conocida volvió a recibir visitantes.

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