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Capítulo 1: El Destello en la Penumbra
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Capítulo 1: El Destello en la Penumbra
La memoria es un territorio brumoso y caprichoso; a veces adquiere la densidad del humo de un candil cuando flota, vacilante, sobre el relieve de una pared de adobe. Nací en un rincón apartado de la geografía, un poblado humilde que parecía suspendido en un tiempo olvidado por el progreso. En aquel mapa de ausencias, las palabras «luz» y «agua» no designaban el chasquido de un interruptor ni el girar de una llave; eran, más bien, milagros lejanos que debían buscarse con la fuerza de los brazos y la firmeza del lomo.
En mi hogar, la penumbra de la noche no se combatía con electricidad, sino con la débil llama de un candil de kerosene. Aquella pequeña chispa era nuestro sol doméstico. A su alrededor cenábamos, nos mirábamos en silencio y yo, desde la inocencia, intentaba otear el horizonte más allá de las fronteras invisibles de nuestra pobreza. El olor penetrante del combustible impregnaba la ropa y se colaba en los sueños, recordándonos a cada instante nuestra condición: éramos gente de brega, hombres y mujeres moldeados para caminar en la oscuridad.
El agua representaba otra batalla cotidiana. No fluía por tuberías; requería ir a buscarla, custodiarla como si fuese oro líquido y aprender, desde la más temprana infancia, que cada gota cargaba un precio medido en sudor. Y sin embargo, en medio de esa desnudez material, se respiraba una pureza serena que acaso solo logra comprender quien lo ha carecido de todo.
Mis padres habitaban la casa, pero la sombra de una grieta insalvable comenzaba a proyectarse sobre nosotros. Yo era un niño observador, consciente de las privaciones, pero ignorante aún de que aquel suelo árido y esas noches en vela estaban templando en mi interior una voluntad de hierro. No poseíamos nada tangible; pero en la quietud de ese pueblo, entre el aroma a tierra húmeda y el calor del candil, comenzó a germinar una convicción inamovible: yo no me quedaría en la penumbra. No sabía el método ni el momento, pero comprendí que la oscuridad no dictaría mi destino.
Thoughts
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PermalinkEstoy esperando el siguiente capítulo. Está muy interesante y es de esas lecturas que uno disfruta seguir. Además, siempre es grato leer algo escrito por alguien a quien se aprecia. Espero con interés lo que viene.
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PermalinkExcelente mi estimado... Las carencias de su infancia nace una firme voluntad de superar la oscuridad, siendo luz para construir un futuro diferente.
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PermalinkCuánto valía cada gota. Cuánto tiempo te tomó darte cuenta que eso que asustaba era solo el primer capítulo.
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PermalinkEse 'milagros lejanos que se buscaban con la fuerza de los brazos' es lo que no entiende quien nunca cargó agua.
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PermalinkEsa chispa pequeña, el olor del kerosene. Se quedó viviendo en ti de verdad, ¿no?
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PermalinkEsa convicción que empezó a germinar en la oscuridad. Apuesto a que ya no estás en la penumbra. Que saliste.
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PermalinkQue fuerte. ¿Tienes mas textos por acá?
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PermalinkSe lee como algo que pasó. Que duele.
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PermalinkIgual a uno.
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PermalinkYo también conozco ese esfuerzo. Las manos que trabajan desde que sale el sol, la oscuridad que se aprende.
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