Eres como un camaleón.
El cambio de color,
fácil,
inherente,
parte de.
Aunque de a ratos se note demasiado el cómo te drena por completo.
Realmente es una gran habilidad.
Una que te permite escapar del peligro.
Cualquiera que tu mente logre observar.
Incluso si ni existe cuando empiezas a pensar más.
De forma serena y pausada.
Hipervigilante para adaptarte apropiadamente te encuentro siempre.
Lamentablemente sin lograr encajar del todo.
Falto del color adecuado, y tal vez también de el momento idealizado.
Porque estas tan distraído, que eres incapaz de ver bien a tu alrededor.
Cambiaformas.
Tan hermoso.
Tan único.
Efímero.
Porque la forma no te dura lo suficiente,
e inconcientemente sigues buscando la ideal.
A pesar de todo, aún veo la forma real de tu alma.
Escondida entre esa maraña de cambios incompletos y mal planteados.
Me gusta lo que veo, aunque tus malabares me distraigan de con gran facilidad.
Así como te distraen a ti mismo de lo que eres en realidad.
¿Puedes dejar de cubrirte?
Con sábanas pesadas que agobian.
Cargadas de pena, tristeza e incertidumbre.
Cariño, no te dejan ver más allá.
Y me duele tanto presenciarlo.
La piel áspera y gruesa como mecanismo de defensa.
Defensa contra palabras que no deseas escuchar,
cosas que no deseas sentir,
que no deseas mirar.
Veo cómo pierdes tus colores iniciales, aquellos que solían ser tus favoritos.
Sería menos triste si los perdieras por lo que te rodea,
y no por una mente que eres incapaz de acallar .
Te noto cansado.
Duerme un rato.
Pero por favor, despierta pronto.
Sé que una vez lo hagas,
Podrás ver todo lo bello que se esconde debajo.
Aquello que desea tanto salir a relucir, pero que se ve de forma tan intermitente como si fuera inexistente.
Cambia de forma una vez más.
Toma tu forma real.