La distancia entre la casa donde solo hay un cuadro familiar y la azotea con Jesse. Midelo en kilómetros si querés, pero son mundos distintos.
En busca de un sueño de amor
—Bienvenida a mi casa. Es pequeña, pero muy acogedora, que es lo que importa —dijo Livvie mientras recorría la sala con una sonrisa.
In groups
Pensamiento
La distancia entre la casa donde solo hay un cuadro familiar y la azotea con Jesse. Midelo en kilómetros si querés, pero son mundos distintos.
Contenido de la publicación
Capítulo 2 — Una nueva versión de mí
—Bienvenida a mi casa. Es pequeña, pero muy acogedora, que es lo que importa —dijo Livvie mientras recorría la sala con una sonrisa.
La observé en silencio. La casa era pequeña, sí, pero había algo en ella que no podía ignorar. Se sentía cálida. Había fotografías por todas partes, pequeños adornos y detalles que hacían evidente que allí vivía una familia que realmente disfrutaba estar junta.
—Puedo notarlo.
Sin prestar demasiada atención a mi respuesta, caminé hacia una de las paredes. Estaba cubierta de fotografías.
En una de ellas aparecía Livvie cuando era pequeña, abrazada a su madre mientras ambas sonreían a la cámara. En otra tenía los dientes delanteros caídos y una sonrisa enorme que hacía imposible no sonreír al verla. Había muchas más: cumpleaños, viajes, reuniones familiares...
Todas parecían guardar un recuerdo diferente.
—A mi madre le gusta guardar cada momento importante en una foto para después enmarcarlo y colgarlo en la pared. Es un poco intenso, pero así es ella.
—No lo creo —respondí con una pequeña sonrisa que desapareció casi de inmediato—. En mi casa solo hay un cuadro familiar. Mi madre insistió en que lo tomáramos para que, al entrar, todos pudieran ver la familia que se suponía que éramos.
Bajé la mirada.
—Pero incluso a kilómetros de distancia podían notarse esas sonrisas falsas.
Livvie me miró con una expresión más seria.
—A veces las familias no son perfectas. Pero estoy segura de que, en el fondo, se preocupan por nosotros.
—Ojalá mi madre siquiera sintiera algo parecido.
Livvie permaneció callada durante unos segundos. Después, me dedicó una sonrisa tímida.
—Bueno, no es momento de ponerse triste. Viniste aquí para divertirte, ¿no? ¿O prefieres pasar la noche recordando todo lo que te atormenta?
La miré y terminé soltando una pequeña risa.
Tenía razón.
No había venido hasta allí para pensar en mis problemas. Por una noche quería olvidarme de todo. De mi madre, de Logan, de las reglas, de lo que se suponía que debía ser.
Quería simplemente ser yo.
—Está bien. ¿Qué tenemos aquí?
Livvie abrió las puertas de su enorme armario, dejando ver decenas de prendas amontonadas.
—Bueno... creo que encontré lo que buscaba.
Sacó un vestido negro de mangas cortas. Era sencillo, pero bastante más corto de lo que yo estaba acostumbrada a usar.
—Oh... es bonito —dije, intentando ocultar mi sorpresa.
—¿A que sí? Yo también lo creo. Toma.
Me lo extendió.
—¿Quieres que me lo ponga yo?
—Claro. Lo estaba buscando para ti. Te quedará genial, lo sé.
Lo puso en mis manos.
—Vamos, pruébatelo.
Miré el vestido con cierta inseguridad.
—No lo sé... Yo nunca he usado algo así.
—Pues no está tan mal para ser la primera vez. Para todo hay una primera vez.
Sus palabras me hicieron recordar algo.
En realidad, sí había usado vestidos parecidos antes. Pero cada vez que intentaba hacerlo, mi madre se encargaba de recordarme que "ese tipo de ropa era para personas de clase baja". Logan pensaba exactamente igual.
Durante años me habían hecho creer que usar algo corto, maquillarse demasiado o simplemente vestirse de una manera diferente me convertía en una cualquiera.
Así que terminé acostumbrándome a usar lo que ellos consideraban apropiado.
Con el tiempo, incluso olvidé qué cosas me gustaban a mí.
Miré nuevamente el vestido.
Por primera vez, nadie estaba allí para decidir por mí.
Entonces pensé:
¿Por qué no?
Entré al baño para cambiarme y, cuando salí, me quedé frente al espejo.
Era extraño.
Me veía diferente.
Mi cabello estaba rizado y suelto, exactamente como era de forma natural. No estaba planchado, como mi madre siempre insistía que debía llevarlo.
Y el vestido...
Era negro, corto y completamente contrario a todo lo que ella me había enseñado que debía usar.
Pero, por primera vez, no sentí que estuviera haciendo algo malo.
Sentí que estaba descubriendo una parte de mí que había permanecido escondida durante años.
—¡Wow! —exclamó Livvie al verme—. Te ves hermosa, Key. Todos se enamorarán de ti, te lo digo en serio.
—¿De verdad lo crees? Porque si no te gusta, tal vez debería cambiarme...
—Esa no es la pregunta que debes hacer.
La miré confundida.
—¿Qué?
—¿Te gusta a ti, Key?
Me quedé callada.
—Bueno... a mi madre no le hubiese gus...
—Te pregunté si te gusta. No si a tu madre le gustaría. Ella no está aquí. Es tu decisión si quieres usarlo o no.
La miré a través del espejo.
Por unos segundos pensé en todas las veces que había dejado que alguien más decidiera por mí.
Finalmente sonreí.
—Sí. Sí quiero usarlo.
Y esas simples palabras se sintieron como el comienzo de algo nuevo.
Tal vez todavía no sabía quién quería ser.
Pero al menos, por primera vez, podía decidirlo yo.
—Perfecto. Entonces ese será el vestido. Si quieres maquillarte, puedes tomar lo que quieras.
Señaló su tocador, donde había maquillaje por todas partes.
Mientras Livvie terminaba de arreglarse, yo solo me puse un poco de máscara de pestañas y gloss. Nada demasiado llamativo.
—Estoy lista. ¿Qué te parece?
Livvie llevaba un vestido rojo que combinaba perfectamente con su cabello. Su maquillaje era mucho más elaborado que el mío y llevaba unos pequeños tacones negros.
—Te ves increíble.
—Tú también.
Miró mis zapatos y frunció el ceño.
—¿Quieres que te preste unas zapatillas?
—No creo. Así estaré más cómoda.
—¿Estás segura?
Asentí.
—Completamente.
Salimos de la habitación y bajamos a la sala. Allí encontramos a una mujer sentada frente al televisor.
—Mamá, ¿en qué momento llegaste?
—Oh, bueno. Estás tan ocupada que ni siquiera me notaste —respondió con dramatismo—. Pero dime, ¿quién es tu nueva amiga?
Livvie sonrió.
—Ella es Keyla. Se acaba de mudar por aquí.
La mujer me dedicó una sonrisa amable.
—Pues bienvenida, Keyla. Es un gusto que seas amiga de mi pequeña Livvie.
—Muchas gracias. Para mí también es un gusto que Livvie sea mi amiga.
—Y no olvides que esta también es tu casa. Puedes venir cuando quieras.
—Gracias, señora.
La mujer levantó una ceja.
—Ah, no. Aurora está bien.
—A mi madre no le gusta que la llamen señora. Dice que la hace sentir más vieja de lo que es.
—¡Oye! ¡Vieja no estoy, niña!
Livvie estaba a punto de responder cuando el sonido de un claxon interrumpió la conversación.
—Bueno, mamá, ya nos vamos. Ya llegó Eliot.
—Está bien. Cuídense y no lleguen demasiado tarde, ¿de acuerdo?
Su expresión se volvió seria durante un instante, pero después sonrió.
—Y saluda al pequeño Eliot de mi parte.
—Lo haré.
—Hasta mañana, Aurora —me despedí.
—Hasta mañana, Keyla.
Livvie y yo salimos de la casa.
Apenas cruzamos la puerta, vi un automóvil negro estacionado frente a nosotros. En el interior estaba un chico de sonrisa enorme.
—Pero si son mis dos chicas más bonitas —dijo Eliot cuando subimos.
—Claro que lo somos —respondió Livvie con absoluto orgullo.
—Por cierto, mamá te manda saludos.
—Oh, Aurora. Qué amable. Siempre he pensado que desearía tener un hijo como yo.
Livvie arrugó la nariz.
—Créeme, no quiere.
—Hasta acá se siente la envidia.
—Eres un idiota. Ya te lo había dicho.
—Sí, me lo ha dicho una pelirroja prácticamente toda mi vida.
—Pues debe ser muy lista, por lo que veo.
—Na. De lista no tiene nada.
Livvie le dio un pequeño golpe en la cabeza.
—¡Auch! Eso dolió.
No pude evitar reír.
—Por cierto, ¿dónde está Mateo? Creí que vendría contigo —pregunté.
—Dijo que nos alcanzaría allá. Intentaría convencer a Jesse de venir, aunque dudo mucho que lo consiga.
—¿Por qué no lo lograría?
Eliot se encogió de hombros.
—Jesse no es precisamente de los que disfrutan las multitudes. Aunque esté en una banda, todavía no logro entenderlo.
—¿Está en una banda?
—Sí. Tiene un grupo con unos amigos. Tocan en un bar casi todas las noches, así que por eso dudo que venga.
Mis ojos se iluminaron.
—¿En serio? Qué increíble.
Nunca había ido a un bar. Mucho menos había visto tocar a una banda en vivo.
La idea me emocionó más de lo que esperaba.
Tan distraída estaba imaginando cómo sería que ni siquiera me di cuenta de que habíamos llegado.
Eliot estacionó frente a una enorme casa.
—Bien, lindas chicas. Hemos llegado a su destino.
—Entonces entremos —dijo Livvie, prácticamente saltando del asiento.
Bajamos del automóvil.
Había muchísimas personas.
—Vaya... hay demasiada gente —comenté, observando la entrada.
—Típico de las fiestas de Sofía. Siempre hay demasiada multitud.
Pensé en las fiestas a las que estaba acostumbrada.
Eran completamente diferentes.
En mi casa todo era silencioso. Las personas hablaban de negocios, inversiones y dinero. Sonreían mientras presumían sus riquezas.
Aquí, en cambio, había música, gritos y personas riendo.
Era extraño.
Pero también se sentía liberador.
—Pues venga, a divertirse —dijo Eliot antes de entrar.
Nosotras lo seguimos.
Unos minutos después encontramos a Mateo en la cocina, bebiendo mientras hablaba con una chica rubia.
Eliot sonrió con malicia.
—Oh, oh. Pero mira nada más cómo te vine a encontrar. ¿Qué diría Jesse si viera a su noviecito acaramelado con alguien más?
La rubia abrió los ojos y se marchó rápidamente.
Mateo lo fulminó con la mirada.
—Mira lo que provocaste, idiota.
—Hey, solo estaba bromeando. No esperaba que se lo creyera.
—¿Y bueno? ¿Dónde está?
—¿Dónde está quién?
—Jesse. Dijiste que lo traerías.
—Bueno... no resultó. No vino.
Mateo negó con la cabeza.
—¿Ves? Te lo dije. Seguro fue a tocar con su grupito.
—Pues no lo creo —respondió mateo —. Hace un rato me encontré a Josef y Liam en la fiesta.
—Entonces definitivamente mi hermano es un aburrido.
—Pues a divertirnos, ¿no?
Mateo me miró y sonrió.
—Por cierto, te ves hermosa, Keyla.
Sentí que mis mejillas se calentaban.
—En serio, gracias.
Después de eso, todos fuimos por algo de beber y regresamos a la sala.
Al principio intenté integrarme, pero había demasiadas personas. Livvie parecía disfrutarlo mucho más que yo.
Eliot desapareció al poco tiempo con una chica morena que apareció de quién sabe dónde.
Mateo tampoco tardó en encontrar compañía y terminó bailando con la misma rubia de antes.
Livvie permaneció a mi lado, aunque podía notar que también quería bailar.
No quería ser la razón por la que se quedara conmigo.
—Livvie...
—¿Sí?
—Si quieres divertirte, ve. No tengo problema en quedarme sola un rato.
Me miró preocupada.
—¿Lo dices en serio?
—Sí. Ve. No te preocupes por mí.
—Mmm... de acuerdo. Pero si te sientes incómoda o te pasa algo, me avisas, ¿sí?
—Lo prometo.
Livvie me dio una última mirada antes de alejarse.
Me quedé sola.
Al principio intenté disfrutar de la música, pero después de unos minutos sentí que necesitaba un poco de aire.
Fue entonces cuando vi una silueta conocida.
Un chico caminaba hacia unas escaleras alejadas del resto de la fiesta.
Entrecerré los ojos.
No estaba segura de quién era.
Pero mi curiosidad pudo más que mi sentido común.
Lo seguí.
Subí las escaleras con cuidado hasta llegar a lo que parecía ser la azotea.
Cuando llegué, lo vi.
Estaba sentado de espaldas, mirando el cielo mientras fumaba.
Pensé que no me había notado.
Así que decidí marcharme.
—¿No te han dicho que seguir a un desconocido está mal?
Me detuve.
La voz me resultaba familiar.
El chico giró lentamente la cabeza.
Era él.
Jesse.
—No eres un desconocido —respondí, sorprendida.
—¿Pero qué pasaría si lo fuera?
—Ese no es el caso.
Sonreí.
—Jesse... Creí haber escuchado que no habías venido.
—Y así era. Cambié de opinión.
Volvió la mirada hacia el cielo y dejó escapar el humo lentamente.
—Pues qué bien. Aunque... ¿no se supone que la fiesta está allá abajo?
—Sí.
—Entonces, ¿por qué estás aquí?
Se quedó callado durante un momento.
—Porque es demasiado ruidosa.
—Se supone que una fiesta debe ser ruidosa.
—Supongo.
Tiró la colilla al suelo y la apagó con el zapato.
Después se sentó nuevamente.
Por alguna razón, terminé sentándome a su lado.
Durante unos minutos ninguno de los dos dijo nada.
Solo observamos el cielo.
Hasta que una melodía comenzó a escucharse desde abajo.
La reconocí inmediatamente.
—And I'd give up forever to touch you...
Jesse continuó la letra.
—'Cause I know that you feel me somehow.
Lo miré sorprendida.
—You're the closest to Heaven that I'll ever be.
—And I don't wanna go home right now.
Sonreí.
—And all I can taste is this moment...
La música seguía sonando a lo lejos mientras nosotros continuábamos cantando en voz baja.
Por unos segundos olvidé dónde estaba.
Olvidé quién era.
Solo estaba allí.
Con él.
—¿Te gusta? —preguntó Jesse.
—¿Qué?
—La canción.
—Sí. Me encanta. Goo Goo Dolls es una de las mejores bandas que he escuchado.
Lo miré.
—¿A ti te gusta?
—No lo sé. Creo que sí.
Fruncí el ceño.
—¿Cómo que no lo sabes? Entonces, ¿cómo es que te sabes la canción?
Jesse sonrió ligeramente.
—Creo que la tocamos una vez en el bar. No lo recuerdo bien.
—Ah... eso tiene sentido.
Me quedé pensativa unos segundos.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Ya la estás haciendo.
Lo miré con una sonrisa.
—Bueno... ¿qué tocas o cantas en tu grupo?
—La guitarra. A veces la batería, pero principalmente la guitarra.
—¿Y algún día me dejarías ir a verte tocar?
Jesse giró la cabeza hacia mí.
Parecía realmente desconcertado.
—¿Quieres ir a verme tocar?
—Sí. Siempre he querido ver una banda tocar en vivo.
—¿En qué mundo vives para no haber hecho algo que la mayoría hace antes de los dieciocho?
Solté una pequeña risa.
—Digamos que vengo de otro planeta.
Él sonrió.
—Eso explica muchas cosas.
—Pero hablando en serio... ¿me dejarías ir?
Jesse permaneció callado durante unos segundos.
Finalmente asintió.
—Bien. Te llevaré.
Mis ojos se iluminaron.
—¿¡En serio!? ¿De verdad lo harías?
Me levanté de golpe, demasiado emocionada.
El movimiento hizo que perdiera el equilibrio.
—¡Hey, cuidado!
Jesse se levantó rápidamente y me sostuvo de la cintura antes de que pudiera caer.
Por un instante, quedamos demasiado cerca.
Sus manos seguían alrededor de mi cintura.
Yo podía sentir mi corazón golpeando con fuerza contra mi pecho.
Él también parecía haberse quedado sin palabras.
Nos miramos durante unos segundos que parecieron mucho más largos de lo que realmente fueron.
—Lo siento —murmuré—. Me emocioné.
Jesse no respondió.
Solo me observó.
Entonces su mirada bajó ligeramente hacia mi rostro.
—Tienes pecas.
Parpadeé, confundida.
—¿Eh? Sí... creo que sí.
—Se te ven lindas.
Me quedé completamente quieta.
No sabía qué responder.
Antes de que pudiera hacerlo, Jesse pareció darse cuenta de la cercanía entre nosotros y me soltó rápidamente.
—Me voy.
—¿Qué?
—Y no le digas a mi hermano que estuve aquí.
Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y comenzó a bajar las escaleras.
Me quedé allí, inmóvil.
Observé el lugar por donde había desaparecido.
Después llevé una mano a mi cintura, justo donde habían estado sus manos.
No entendía qué acababa de pasar.
Solo sabía que aquellas dos palabras seguían repitiéndose en mi cabeza.
"Se te ven lindas."
Y, por primera vez en mucho tiempo, sonreí sin preocuparme por si alguien más pensaba que debía hacerlo.
Thoughts
-
PermalinkY entonces aparece Jesse en la azotea. Siempre hay alguien esperando en las azoteas.
-
PermalinkEse sentimiento de poder decidir por vos mismo por primera vez. Conozco bien ese alivio.
-
PermalinkLivvie te dice qué te gusta a vos, no qué le gustaría a tu madre. Eso es lo que cuesta después: aprender a quererse.
-
PermalinkLa distancia entre la casa donde solo hay un cuadro familiar y la azotea con Jesse. Midelo en kilómetros si querés, pero son mundos distintos.
-
PermalinkKeyla decidiendo por ella misma si usar un vestido negro. Eso parece una cosa pequeña pero es todo.
Related posts
-
Welix💜
Habia una vez habia un welix y encontro a otro welix y un millon de welix que cada uno jugaba a un juego diferente ,algunos a la play otros a minecraft ,otros a roblox y cuando fue voto de la ps5 le…
-
El Olor de Saya
Ocurrió durante un descanso al mediodía, bajo la sombra de un desfiladero de piedra roja.
-
Capítulo 14: Compañeros (1)
Salí del edificio presidencial por la misma ventana por la que había entrado.
-
Estaba aburrido y escribi esto, algun titulo
Imagina vivir en un sueño tan lucido que pareciese real, y recordar que sí, es real, pero no todo encaja...
-
Un Amanecer fresco..
Soy Luis Nuño un estudiante de preparatoria, y mi nuevo emprendimiento se llama VisuaLum, será un blog fotográfico donde por semana les estaré subiendo alguna fotito, quiero ver sus comentarios, sus…
-
El enemigo silencioso
22 de junio del 2023
-
Frenética carrera
Sus pies parecían no tocar el piso; jamás pensó que podía correr así.
-
Aquello que nunca fue
Hay historias de amor que terminan con un beso, con una promesa o con dos personas caminando juntas hacia el mismo lugar.