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Borrador. Capítulo 1. Apartado 2

Felipe1606
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“No entres dócilmente en esa buena noche. La vejez debería arder y delirar al final del día. Rabia, rabia contra la muerte de la luz, en su agonía. (…)” Dylan Thomas II

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Contenido de la publicación

“No entres dócilmente en esa buena noche.
La vejez debería arder y delirar al final del día.
Rabia, rabia contra la muerte de la luz, en su agonía. (…)”

                          Dylan Thomas 

II 

Los antiguos griegos habían visualizado el inframundo como el único lugar que podía albergar el alma después de culminar su vida corpórea; ya que el ser humano nunca podía llegar al Olimpo; donde sólo moraban los dioses. Por eso, el pueblo helénico visualizó el más allá bajo tierra: el Hades era pues un sitio álgido y lejos de la alegre carne viva, trazado por múltiples escenarios únicos que, separados entre sí por ríos espectrales y caminos traicioneros, el espíritu del mortal era recibido por Caronte para luego ser llevado a recibir, ya sea, un castigo por la arrogancia hacia los olímpicos o ganarse el éxtasis eterno dentro de los campos elíseos; por la sumisión y obediencia ante los dioses. Por otro lado, siglos después, durante el primer Renacimiento[1], el escritor Dante Aliġħįerį[2] fue más geométrico; pues hipotetizó un infierno en forma de cono; en cuyo vértice se hallaba Estrella de la mañana, que devoraba a aquellos que habían ofendido ferozmente al Celestial Verdadero; mientras recibía su condena sempiterna.

 

Sin importar la cultura, el infierno es siempre visualizado como un lugar de castigo; cuyos habitantes, seguidores del Lucifer, mortificaban a toda alma pecadora que arribaba a él. Por ello, el ser humano ha representado dicho lugar como un espacio tétrico de pérfida condena, de intranquilidad y locura, tal como aparece en el Jardín de las delicias[3], que muestra todo un escenario de tortura inimaginada. Sin embargo, el arte, enriquecido por la subjetividad del ensueño y la magia, estaba muy alejado de lo que en sí era aquel estado de la no vida, aún más, cuando se hallaba en pena. Adimensional, el averno se hallaba dentro de un hosco punto del cosmos meta-físico, en donde la luz no tenía lugar (a pesar de que el fotón permeaba todo probable plano tiempo-espacial posible). Allí, en un punto irreal del vasto laberinto cósmico, existían branas[4] que entrelazaban realidades enteras; manifestando, de tal manera, inhóspitos túneles etéreos y gaseosos con caminos bifurcados al infinito y perdidos en el interior de una densa oscuridad perpetua. Aquellos pasajes volátiles, llenos de una vibración baja, hacían de su recorrido un acto triste que cualquier ser con consciencia podía transitar sin perderse; puesto que al ser su odio la brújula de su seguir y su culpa el motivo para andar, entrar a dicha zona pérfida no era ningún dilema para un autocondenado. 

 

Cuando la desconsolada alma mortal llegaba al infierno; este desventurado lugar se revelaba ante él de dos formas… para aquellos que eran conscientes de su estadía en tal penumbroso sitio; manifestando así un dominio magistral de su psiquis, eran llamados carroñeros y, para ellos, el averno era un lugar desencantadoramente oscuro, ambientado con una dualidad perpetua; es decir, el futuro posible infernal de origen carnal se encontraba dentro de un sitio ruidosamente silencioso, en donde el frío encendía su yerro fatal y sus más escondidos temores. Al ingresar a dicho malestar emocional, espiritual y mental… los carroñeros eran impulsados por su insidiosa culpa a buscar a dolientes, almas perdidas sin mente alguna, para luego lastimarlas vilmente; mientras ellos se exaltaban con su sufrimiento; haciéndolos sus esclavos imperecederos para alimentarse de su congoja y miedo eternamente. Sin embargo, ellos, los carroñeros, debían tener cuidado y evitar ser comidos por demonios netos, es decir, ser devorados por esos seres sin nacimiento carnal, originados de la Benevolencia Divina y, cuya curiosidad caprichosa o por su codicia insaciable, fue expulsados y hallaron de tal siniestro lugar de locura infinita, una morada cómoda; deambulando libres por ahí, en tal aciago y vesánico punto cósmico… criaturas malditas que buscaban a infelices almas para saciar su dolor eterno; mientras se deleitaban atormentando a toda ánima mortal que caía con infortunio en sus lastimeras garras.

 

La existencia mutua de los opuestos hacía del delirio y desesperación un color enérgico en el infierno. Pero, para este tipo de habitante del báratro, el carroñero, no había ningún tormento en aquella chifladura. Sino que, ellos, le encontraban una gracia simpática a dicho lugar de demencia; pues se identificaban con tal conflicto. Tomando el odio como impulso, para estos peregrinos diabólicos, aquella tétrica inefabilidad del erebo los incentivaba a crecer y transformarse en algo mucho más magnánimamente repulsivo y grotesco de lo que ya habían sido en vida: en demonios. Por ello, para ellos, el infierno se acondicionaba, en ocasiones, como un desierto forestal, aunque después se tornaba como un abismo montañoso. Mas, tales atributos geográficos desaparecían al instante; pues el mustio paraje se tornaba un tanto líquido como gaseoso, andurriales desordenados y sin forma en donde los dolientes se hallaban a la deriva, desconsolados y concentrados, con paroxismo dañino, en su propio calvario autoimpuesto.

 

A diferencia de los carroñeros, que llegaban conscientemente al infierno por su deseo y gusto, los dolientes no tenían discernimiento de su estado no vivo; no eran conscientes de nada; pues su percepción solo se centraba en su culpa, en aquello que no hizo o hizo; llenándolos de rabia o tristeza, a un punto que dichas emociones nublaban su juicio y los conducían, en ocasiones, sin control al averno; aferrándolos con infortunio a un solo recuerdo. Por ello, al momento de llegar al infierno, estos penitentes quedaban atrapados perpetuamente dentro de un momento fatídico que para ellos todo luctuosamente cambió. Para este tipo de ánima perdida, la loca dualidad ambiental que vivían los carroñeros no era visible; ya que la escenografía dentro del báratro era única para ellos; dada, ambientada y alimentada por su propio dolor, odio y culpa. Ciegos dentro de este penumbroso lugar, el miedo y la angustia en los pobres dolientes eran tan intensos; que hacía de ellos unos seres tan indefensos; cuyos chillidos eran una delicia y el maná para los infernales e incluso para carroñeros también.

 

Ante tanto e imperecedero festín de locura, Purson decidió construir su hogar: un alcázar esférico, en medio de un imponente precipicio quimérico, donde todo objeto presente era imparablemente inmóvil. Dentro de su bizarra ciudadela, en medio de una enredada ataraxia; se hallaba un salón ceremonial de una burguesía exquisita. Allí, frente a un gran comedor traslúcido, el demonio tenía una gran batea cristalina en la cual él regurgitaba las canicas espectrales que había anteriormente tragado. Entonces, atraído por la fría luz que irradiaban las esfererillas, el infernal las volvía a devorar; encontrando así nuevos e inesperados sabores; ignorados anteriormente por su desmesurada gula. Aquel acto introducía en un trance al demonio que envolvía toda su sensibilidad y ser. Todo un magno ritual era el acto de alimentarse para Purson. Además, el hecho de rumiar las canicas ectoplasmáticas no era sólo para saciar su crónica apetencia; sino el de encontrar una emoción única y repugnante para todo demonio: felicidad, su ambrosía secreta y serendipia gloriosa que él hallaba astutamente en el cíclico acto de su tragonería… sí, él adoraba también encontrar vestigios de júbilo en sus víctimas; específicamente dentro de los dolientes; pues ellos al exaltar su sufrimiento dentro del infierno; dejaban muy adentro de sí; en el olvido total, toda la euforia que alguna vez sintieron en vida; para así quedar sólo su dolor y autorepulsión como escenario fatídico de flagelación sempiterna. Dentro de los carroñeros también había ese goce de la vida. La diferencia radicaba que dicho júbilo era dado por el infligir sufrimiento a otros. Para ellos, parte de la diversión de la existencia era esparcir terror al prójimo y dicho deleite no era el que buscaba Purson. Por ello, este demonio era muy metódico al momento de rumiar alguna canica; dado que al descubrir huellas de bienestar en una de las esferillas que él saboreaba, el infernal quedaba petrificado por un sabor vigoroso y cálido. Acto seguido, hacía su sonar su trompeta; cuyas notas agitaban la gélida bruma presente en aquel cuarto frío y, moviendo su mano derecha con simpática armonía; mientras una serpiente bailaba en ella, formaba instantáneamente con dicho vaho los recuerdos de aquel ser en imágenes tangibles; cuya energía el demonio tragaba y tragaba con paciente furor. Tras mirar y hurgar, embriagado por la tristeza o regocijo que encontraba en aquellas vidas ajenas, Purson se volvía en un diestro glotón al momento de abrir las mentes de sus víctimas para contemplar y devorar todo sentimiento que descubría en ellas; pues aquellas las cálidas remembranzas grabadas en vida o los siniestros recuerdos experimentados por el penitente eran un dualimento para él; dejando al doliente, tras finalizar su bocado, como una escafandra que después se volvía a llenar; pues el alma es energía y su vibrar no tiene fin.

 

 

 

 



[1] Periodo de cambio de la Edad Media a la modernidad, durante los siglos XIV-XV.

[2] De origen italiano, este licántropo fue un notable poeta, famoso por escribir La Divina, publicado en 1310.

[3] Obra pintada por el alado Jherŏnimus vaŋ Akjën, el Bosco.

[4] Tejidos o paredes que engloban los universos; separando entre sí las diversas realidades existentes y posibles de existir.  

Thoughts

  • versoenservilleta

    El Purson funciona. La sección de las canicas, los recuerdos que se comen: ahí le atrapaste algo que sin palabra sería solo acción.

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  • cuentistadebar

    Leído en voz alta se siente: esa cadencia laberíntica te cuesta seguir, pero justamente, para un infierno adimensional. El ritmo hace el trabajo.

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  • LauraLetras

    ¿De dónde 'dualimento'? El término le da peso a algo que sin palabra sería solo un acto, y ahí te funcionó.

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    Eh visto que son muy unidos aqui , me podrian dar tips de escritura ?

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