Parte 2
Wendy permaneció inmóvil. El sonido de los pasos se detuvo justo delante de la puerta de su habitación.
Contuvo la respiración.
Toc... toc... toc...
Tres golpes lentos resonaron en la madera.
Ella estaba temblorosa, preguntándose si era un sueño todo lo que estaba viviendo.
—¿Mamá...? —susurró.
Nadie respondió.
Volvió a preguntar:
—¿Mamá...? —con voz más firme.
Sin importarle el miedo, intentó no darle atención y se quedó acostada.
Wendy, poniéndose las frazadas encima, cerró los ojos y se durmió.
Luego de un rato, se despertó por un fuerte ruido que provenía del pasillo.
Se levantó de la cama, con los pies descalzos y fríos, y empezó a caminar.
Hasta que, a mitad de camino, escuchó un golpe en la puerta.
—¿Papá? —preguntó.
Nadie contestó.
Miró por la rendija de la puerta.
Y lo que vio fue escalofriante...
Vio la misma sombra que la había perseguido por el lago hacia su casa.
Intentó contener la respiración, sin hacer el mínimo ruido.
Sintió un frío recorrerle la espalda.
Intentando estar calmada,
teniendo miedo, retrocedió para poder acostarse de nuevo,
pero se tropezó con un juguete de esos viejos que hablan. Cayó al suelo.
En el espacio entre la puerta y el piso, vio la sombra desvanecerse entre la luz de la puerta.
Lo pensó por un tiempo,
pero, en fin, reunió valor. Ella, temblando y con sus manos torpes por miedo, abrió la puerta de golpe.
El pasillo estaba completamente vacío.
Solo había oscuridad.
Respiró aliviada, pero al mirar el piso notó algo extraño: pequeñas huellas de barro, como si fueran de un gato, recorrían el pasillo y desaparecían al llegar a las escaleras.
Corriendo hacia el cuarto de sus padres, los despertó para mostrarles las marcas.
—Seguramente entró un gato por comida antes de dormir —dijo su papá, intentando tranquilizarla.
Pero Wendy entendió que estaba sola,
ya que nadie le creía.
Pero ella sabía que esas huellas no estaban allí cuando subieron.
A la mañana siguiente, decidió volver al lago.
Quería demostrar que todo había sido producto de su imaginación y que su familia tenía razón.
El lugar seguía igual de silencioso.
Se acercó a la orilla y vio algo brillante entre las piedras.
Era un pequeño colgante de plata con la letra W grabada.
Lo levantó y sintió un viento moverle el pelo.
—Ese no es mío... —murmuró.
De repente, una voz se escuchó detrás de ella.
—Devuélvelo...
Wendy se dio vuelta de inmediato.
No había nadie.
Entonces volvió a escuchar la misma voz, esta vez mucho más cerca.
—Devuélvelo...
Ella, con sus manos temblando, se metió el collar en su bolsillo.
El agua del lago comenzó a moverse sola, formando pequeñas olas.
Del centro del lago apareció una figura alta, completamente oscura. No tenía rostro, solo dos ojos blancos que parecían brillar entre la niebla que se empezó a formar.
Wendy retrocedió lentamente.
La figura dio un paso hacia ella.
Después otro.
Y otro.
Sin pensarlo, salió corriendo hacia la casa.
Cuando llegó, cerró la puerta con fuerza.
Su familia estaba reunida en el comedor.
—¿Qué pasó ahora? —preguntó su mamá.
Antes de que Wendy pudiera responder, alguien o algo golpeó la puerta principal...